8 de marzo: El día que hicimos historia

8 de marzo principalSon tantas las imágenes y los momentos que nos ha dejado la jornada de huelga general feminista del pasado 8 de marzo que es difícil decantarse sólo por uno. Pero esa señora, ya anciana, portando un cartel que reza «Lo que no tuve para mí, que sea para vosotras» nos desbordó las emociones en un día en el que ya estaban de por sí a flor de piel.

Nos hace pensar en nuestras abuelas, esas mujeres del campo que criaron seis u ocho hijos, que enterraron a otros dos nada más nacer, que lavaban en ríos helados en invierno y volvían a labrar después de parir con un bebé enganchado en el pecho. Esas mujeres que no se planteaban lo que era un techo de cristal ni oirían jamás hablar de la brecha salarial. Esas mujeres que apenas sabían leer ni escribir. Esas mujeres a las que la dictadura les arrebató la libertad, pero no la dignidad. Esas mujeres que fueron para que nosotras hoy seamos y a las que, por lo menos, les debemos memoria.

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La imagen es de flu, ©

«Cuando alguna vez había oído: esta persona es de corcho, no sabía qué querían decir. Para mí, el corcho era un tapón. Si no entraba en la botella, después de haberla destapado, lo estrechaba con un cuchillo como si hiciera punta a un lápiz. Y el corcho crujía. Y costaba cortarlo porque no era ni duro ni blando. Y al final entendí qué querían decir cuando decían que esta persona es de corcho… porque, de corcho, lo era yo. No porque fuera de corcho, sino porque me tuve que hacer de corcho. Y el corazón de nieve. Me tuve que hacer de corcho para seguir adelante, porque si en lugar de ser de corcho con el corazón de nieve, hubiera sido, como antes, de carne que cuando te pellizcas te hace daño, no habría podido pasar por un puente tan alto y tan estrecho y tan largo». [‘La plaza del diamante’, de Mercè Rodoreda].

Este fragmento pertenece a ‘La plaza del diamante‘, de Mercè Rodoreda, una de las novelas más hermosas del siglo XX, a través de la mirada de Natalia, una mujer que se supone vivió la República, la Guerra Civil y la penosa posguerra. Una mujer de corcho y con el corazón de nieve.

Como tantas y tantas otras que se habrían emocionado al ver a mujeres muy, muy jóvenes, implicadas en una causa justa, que busca un mundo más igualitario, un universo en equilibrio, en el que nadie, por el hecho de ser mujer, tenga que sufrir ningún tipo de discriminación o violencia. Son a esas mujeres muy, muy jóvenes a las que también debemos escuchar con atención, acompañarlas y dejar que nos acompañen.

Es maravilloso que ellas se hayan dado cuenta, más pronto que tarde, que las otras, que nosotras, no somos sus enemigas. Hay pocas cosas más terribles que esa frase que consiguió calarnos hondo: «El peor enemigo de una mujer es otra mujer». No. Ya no cuela. Una vez que sientes por dentro el poder, también la calma, de la sororidad, no hay marcha atrás. Jamás.

Y por eso Madrid sonreía es una concentración histórica que ha dado la vuelta al mundo; una manifestación a la que muchos quisieron apuntarse a última hora después de haber menospreciado la lucha de todas las mujeres —y no vamos a hablar de Albert Rivera, porque el editorial nos está quedando precioso y no queremos ensuciarlo—; un encuentro sororo en decenas de ciudades que ha llenado España de esperanza.

Porque nunca es tarde para darse cuenta de que el feminismo no es una moda ni una guerra. El feminismo es justicia social.

El pasado 8 de marzo empezó el siglo XXI. Esto no para.

La imagen principal es de Gaudencio Garcinuño ©

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