«El libro siempre es mejor que la película…» ¡Mentira!

«La película está bien, pero el libro es mejor», «un libro es SIEMPRE mejor que una película»… ¿Cuántas veces hemos oído estas frases a modo lapidario?

Un libro siempre es mejor, y eso es algo que se acepta como inamovible; porque sí, porque la literatura es un arte superior, y porque queda poco culto decir que te ha gustado más la película.

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Yo no voy a entrar en un debate literatura vs. cine porque sería absurdo.

La experiencia de leer un libro es una de las experiencias más íntimas y enriquecedoras que existen, para mí, incomparable a nada.

No obstante, literatura y cine son dos artes que normalmente se complementan, a veces se pisan y se molestan y a veces incluso se superan y crean algo totalmente nuevo partiendo el uno del otro.

En mi humilde opinión, el panorama quedaría así:

  • Tenemos una inmensa mayoría de películas que destrozan libros o que simplemente no les llegan a la altura.
  • Tenemos bastantes películas que llegan a producir un contenido a la altura del libro en el que se basan, en otro código, claro está.
  • Y tenemos una minoría que supera al libro, unas hermosas aves fénix que merecen ser comentadas y analizadas.

Repasemos algunos casos, en los que a partir de un libro, se crearon películas o series totalmente diferentes que brillaron con voz propia:

El Resplandor

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¡Menudo mosqueo que ha tenido siempre Sthephen King con la adaptación de su libro! Para él, se distorsionó completamente su historia, no empatizaba con nada y ni si quiera le gustaba Jack Nicholson para el papel. Tanto es así, que siempre ha andado detrás de realizar un remake, hasta que finalmente decidió adaptar su obra a una serie con el director Mick Garris, que resultó ser un fracaso.

A mí que me perdone el gran Stephen King… ¡Pero me quedo con la versión de Stanley Kubrick con los ojos cerrados!

Me quedo con todos y cada uno de los cambios que hizo en la historia; me quedo con el triciclo, me quedo con los baños de sangre en el ascensor, me quedo con la máquina de escribir, con las hermanas siamesas, me quedo con REDRUM, ¡me quedo con el hacha! (En el libro usaban un mazo de croquet).

Blade Runner

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Esta película es el ejemplo perfecto de cómo usar un libro como fuente de inspiración para crear una obra totalmente nueva.

Aunque está basada en el libro ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ escrito por Philip K.Dick , no sigue su guión, y limita, o directamente elimina, la mayoría de los temas de la trama.

Ridley Scott parte de su entorno y de su universo para crear una historia muy diferente, donde las aportaciones de la estética cyberpunk y la novela negra crean un universo mucho más rico.

Blade Runner marcó un punto de inflexión en la historia del cine de ciencia ficción y dicen que hasta el propio Philil K.Dick consideró la película superior a su obra. Personalmente, creo que en el libro se tratan temas muy interesantes que se obvian en la película, como son la obsesión por lo genuino y la búsqueda de la autenticidad, pero que al fin y al cabo, quedan perfectamente representados en una obra que resulta mucho más potente y completa que el libro en el que se inspira.

Requiem por un sueño

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Gracias a esta película descubrí el libro ‘Requiem for a dream’ y al maravilloso Hubert Shelby Jr, que se convertiría en uno de mis escritores favoritos.

El libro es bestial, pero lo que consigue la película no lo consigue un texto.

La primera vez que la vi estaba con una amiga y la clasificamos dentro de un nuevo género inventado, que pasó a llamarse gore emocional.

La película terminó y nosotras nos quedamos 15 minutos calladas, totalmente traumatizadas con lo que habíamos visto.

La banda sonora es completamente aterradora, pocas piezas inspiran tal brutalidad. La actuación de Ellen Burstyn (increíble que no le hayan dado un Óscar a esta mujer), la iluminación, los golpes de cámara… y sobre todo la potencia de la música, nos arrastró junto a los protagonistas a un auténtico descenso a los infiernos.

Requiem por un sueño debería ser de visionado obligatorio en cada instituto.

Matilda

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Roald Dahl es considerado por muchos uno de los mejores escritores infantiles del siglo XX y Matilda es prueba de ello.

Es un libro genial, que no parece estar escrito desde la perspectiva de un adulto y que transmite mensajes muy valientes para un niño e incluso políticamente incorrectos.

La película resulta más maravillosa aún porque el director, Danni DeVito, se permite la licencia de reinterpretar la historia con una estética y un humor tan peculiares, que para siempre quedará en la memoria de miles de niños y no tan niños.

Yo, que he leído el libro y he visto la película, no consigo imaginar a Matilda si no es al ritmo de ‘Send me on my way’ de Rusted Root haciendo sus tortitas perfectamente redondas.

La Naranja Mecánica

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Una vez más, Kubrick se pasa por el forro la novela en la que se inspira para crear algo totalmente diferente y con un significado propio.

El libro de la naranja mecánica se hace bastante pesado, con esa jerga inventada y ese estilo tan hermético.

De entre las variaciones que hace la película, la más significativa es la de obviar el polémico capítulo veintiuno, al que si bien en un primer momento Kubrick no tuvo acceso, después, aún teniendo la posibilidad de incluirlo, pasó de él olímpicamente.

En dicho capítulo se cierra el libro con un happy ending nada creíble en el que el protagonista cambia y se reinserta en la sociedad.

El mensaje de la película es mucho más brutal y honesto.

Las vírgenes suicidas

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El libro de Jeffrey Eugenides es hermoso, difuso y poético.

Te deja con el sabor agridulce de la incertidumbre.

Los hechos son contados por un grupo de jóvenes que ama en secreto a estas chicas, lo que supone una primera persona del plural que resulta muy difícil de retratar en una película.

Aquí no son posibles los relatos lineales, aquí no importa el qué sino el cómo.

Tan solo se podía hacer una poesía basada en otra poesía, una obsesión basada en otra obsesión…Y nadie mejor que Sofia Coppola podría haberlo llevado a cabo.Toda la historia está impregnada su espíritu y de su inconfundible estética.

Cabe destacar también, los tintes de crítica social que Sofia decidió añadir a modo de pequeños guiños, que en la novela original no se encuentran.

True Blood

 

libroY por último tenemos a True Blood o cómo coger la mitología y los personajes de una serie de libros cursis y corrientuchos y convertirlos en una serie totalmente brillante.

Para hablar objetivamente de True Blood es necesario olvidar ese cutre-final que tiró por tierra a una de las mejores series de la HBO.

¿Desde cuándo han sido tan moralistas?

Pero dejando el desastre del final a un lado, True Blood destilaba estilo en cada capítulo. Lo que nos vendían como una serie de terror, era en realidad una parodia de la sociedad americana que «repartía” para todos: el típico paleto sureño y sus armas, los fanatismos religiosos, los políticos corruptos…

Los libros eran del género romántico-fantástico y nada tenían que ver con este sentido del humor tan negro y con la orgía de sangre y sexo que suponía cada capítulo. Carnaza de la buena.
Y por si esto fuera poco, los mejores personajes de la serie ni siquiera aparecen en los libros o murieron en el primer tomo.

Como muestra un botón, una de tantas escenas geniales que nos regaló esta serie:

En resumidas cuentas, para que una película pueda superar a un libro es necesario que estemos hablando de creaciones únicas, libres y diferentes.

Cuando un cineasta se limita a copiar un libro para crear el guión de una película se crea un contenido soporífero.

Sin embargo, cuando éste se inspira en una novela para crear su propia visión de la misma y reinventarla… ¡He aquí cuando surge la magia!.

Fotografía principal: Steve Rhodes  ©

bluebird Comunicación
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