¿Cómo serán los coches en el futuro?

Estamos en 2015 y los coches todavía no son como imaginó Robert Zemeckis en ‘Regreso al Futuro II’… Pero, tiempo al tiempo. «Estoy seguro de que en treinta años los coches no van a volar… pero van a hacer casi todo lo demás», aseguró José Luis López-Schümmer, presidente de la ANFAC y de Mercedes-Benz España, en el Encuentro del Sector de Automoción del IESE, que acaba de celebrar su trigésima edición.

Allí los expertos han pronosticado un futuro que se dibuja en forma de coches sin accidentes, gracias a los sistemas de conducción autónoma; sin emisiones, gracias al desarrollo de sistemas de propulsión alternativos (coches eléctricos o con pila de hidrógeno); y conectados, gracias a la proliferación de dispositivos y redes y a la revolución del Internet de las cosas.

Un futuro en el que surgen nuevos competidores como Tesla, Google y Apple, que ya están posicionándose en el mercado, y también nuevos usos, como el del coche compartido y el de otras soluciones imaginativas que no necesariamente pasan por la compra de un coche. Cambios que llegan para resolver las necesidades de movilidad privada de una población mundial que tiende a concentrarse en megaurbes y para responder a las demandas de una regulación cada vez más exigente con la reducción de las emisiones contaminantes y que obliga a las marcas a seguir investigando en el desarrollo de tecnologías alternativas.

Cero accidentes, cero emisiones

Desde el punto de vista de la tecnología, las grandes marcas trabajan con dos objetivos prioritarios: acabar con los accidentes mortales en la carretera y con las emisiones contaminantes.

La reducción de la siniestralidad, explicó López-Schümmer, llegará con los coches autónomos: «la tecnología está prácticamente lista, aunque hay que avanzar en los aspectos legales y éticos». Por ejemplo: ¿de quién sería la responsabilidad en caso de siniestro? ¿del fabricante del coche autónomo o del conductor?

«Las cantidades de dinero que se están poniendo en estas tecnologías son de miles, y miles, y miles, de millones de dólares», apuntó el profesor Pedro Nueno. Y citó como ejemplo el caso de Volvo, que no solo confía plenamente en estos avances, sino que ya ha anunciado que aceptará toda la responsabilidad de aquellos accidentes en los que puedan estar involucrados sus coches autoconducidos. Y mantiene su compromiso de conseguir que nadie muera en un Volvo a partir del año 2020.

Sin perder la “magia”

Pero no todo va a ser tecnología en el coche del futuro. James D. Farley, presidente y CEO de Ford en Europa, por ejemplo, dedicó gran parte de su intervención a reivindicar la “magia”, las sensaciones y las emociones que despertaron –y siguen despertando— algunos modelos míticos como el escarabajo de Volkswagen.

Sin importarle citar un modelo de la competencia, Farley reivindicó la importancia del factor emocional, de recuperar y trasladar a la generación de los millennials esa sensación de libertad y de placer que impulsó a sus progenitores a comprarse un coche con su primer sueldo. Una “magia” que se expresa con la excelencia tecnológica pero también con la diferenciación de marca, como ha hecho Apple con sus iPhone. «Es aquí donde se ganará o perderá la batalla por el futuro del vehículo comercial».

bluebird Comunicación
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