Apple: 40 años mordiendo la manzana

Este pasado 1 de abril se cumplían 40 años del nacimiento de Apple. Tres chavales montaban una empresa para vender un ordenador que llamaron Apple I. Eran Steve Wozniak, diseñador del aparato, Steve Jobs y Ronald Wayne. Un año después, Wayne vendía su participación en la empresa por unos, vistos a día de hoy, ridículos 800 euros. Después harían historia.

Ese Apple I marcó el camino de una compañía marcada por sus enormes altibajos y varias grandes revoluciones, todo ello con el sello inconfundible que imprimía la curiosa y arrolladora personalidad de Steve Jobs. Después vendría el Apple II que llevó a la cima a los de Cupertino, seguido de Lisa y el Macintosh o aquel fracaso que supuso el Apple III.

También saldría Jobs de la compañía para aprovechar sus años fuera de Apple y revolucionar el mundo de la animación con Pixar. Mientras tanto, la empresa de su vida seguía su vagar por el desierto empujados por el dominio apabullante de Microsoft y Bill Gates hasta que en compraron en 1997 una empresa llamada NeXT fundada por Steve Jobs. El hijo, o mejor, el padre pródigo volvió a casa y de nuevo todo empezó a cambiar.

Y Apple dominó el mundo

Aunque Apple jugó un papel fundamental en la revolución informática que vivió el planeta a principio de los años 80, fue tras la vuelta de Steve Jobs a finales del siglo XX cuando la compañía dio un paso al frente y comenzaron los cambios en la manera de entender todo este negocio. Apple cambió el concepto de cómo consumir contenidos e información. Y lo hizo a lo grande.

Primero con un producto revolucionario en todo como fue el iMac original. Sí, aquel ordenador tan bonito con color verde a los lados que era tan difícil de encontrar en España y que llamaba la atención cuando lo veíamos en alguna película. No tenía disquetera, lo que supuso un choque en aquellos momentos, y sí llevaba unidad óptica de CD-ROM. Por cierto que la gama iMac sigue hasta nuestros días pero mucho más sobria, Apple nunca volvió a apostar por aquellos colores tan originales.

Después vendría el producto que supuso el gran despertar de Apple con Steve Jobs al mando: el iPod. Algo novedoso porque, aunque ya había reproductores de música, no había nada como esto. Poder llevar 1000 canciones en el bolsillo era espectacular para los que íbamos cargados con varios CD y el discman. Sin olvidar que con el iPod arrancó todo el negocio de iTunes que a día de hoy sigue dando grandes beneficios. Steve Jobs entró a un sector tan duro como el musical como un elefante en una cacharrería y salió victorioso.

Pero aún quedaba llegar al producto que lo cambio todo. Los móviles ya ocupaban nuestras vidas en el año 2007 pero todo cambió con el iPhone. Sí, Steve Jobs introdujo el estándar de los llamados smartphones cuando lo presentó. Aquel primer modelo fue sucedido por el iPhone 3G que llegó a todo el planeta, siendo una auténtica revolución y sirviendo de cicerón a todo lo que vino después con la competencia de Android.

Y casi tan importante como el iPhone, su interfaz y su manera de interactuar deslizando el dedo por la pantalla fue el tema de las aplicaciones. La App Store revolucionó todo el mercado de las nuevas tecnologías y, a día de hoy, es una de las principales fuentes de negocio, tanto de Apple como de Google como de muchísimas compañías que han crecido gracias a las apps (Facebook, Twitter, Instagram, etc. no serían lo que son a día de hoy sin sus versiones para teléfonos móviles).

Y, a mucha menor escala que su hermano pequeño, Apple también revolucionó el mundo con su iPad. Su tableta, presentada en 2010, supuso un choque para muchos usuarios que comprobaron que podían hacer lo mismo con un ese aparato plano que con sus pesados portátiles. Y la idea cuajó: toda la competencia tardó pocos meses en copiar el formato aunque, seis años después, ningún rival ha alcanzado el nivel de Apple en cuanto a tabletas electrónicas se refiere.

La vida sin Steve Jobs

Pero algo cambiaría en Apple tras la muerte de Steve Jobs el 5 de octubre de 2011.  Comenzó cierta zozobra tanto en la compañía como en los fieles a la manzana temerosos por conocer el destino de sus productos. De momento, cuatro años y medio después del fallecimiento de Jobs, pueden estar tranquilos aunque nada volvió a ser lo mismo.

Tim Cook dirige Apple con sobriedad y sin salirse demasiado del tiesto. Han potenciado y mejorado el iPhone versión a versión, adaptándose también a los tiempos y a lo que demanda al mercado. Lo demostraron aumentando el tamaño de su pantalla y lanzando tamaño phablet en 2014 y lo han vuelto a hacer volviendo a las 4 pulgadas recientemente con el lanzamiento del iPhone SE.

El iPad sigue siendo puntero en cuanto a tabletas, pese a que esté en un mercado en decadencia. La gente no tiene la necesidad de cambiar de tarjeta al igual que lo sienten con sus smartphone. Eso sí, han nacido nuevos tamaños como el iPad Mini y ahora están explorando las vías profesionales con el llamado iPad Pro. La próxima gran batalla será con rivales como la Surface Pro de Microsoft o la Pixel C de Google en eso que llaman los híbridos de tableta y portátil.

Pero Tim Cook también ha tenido nuevo para lanzar cosas nuevas y para apostar por nuevos mercados. Es el caso del Apple Watch, sin duda alguna el wearable más popular de todos y la auténtica revolución en esto de los smartwatch. Como ha pasado otras veces, ya existían relojes inteligentes antes del que fabricaron los de Cupertino y presentaron en 2015 pero le dieron un toque distinto y el aparato arrasó. Otro debate es discutir las posibilidades reales y el uso que se hace de un producto así, pero eso es otra historia.

Recientemente Apple renovó también su apuesta por estar presente en las televisiones de medio mundo con el Apple TV, incorporando su propio sistema operativo y, atención, una tienda de aplicaciones propias para la tele que crece día a día. En Cupertino saben que los hábitos de los televidentes cambian día a día y han lanzado un producto capaz de estar al día y adaptarse a estas nuevas necesidades.

Pese a esto, la impresión es que Apple no ha vuelto a impresionar desde la muerte de Jobs. Pese a que sus productos siguen siendo punteros y tratan de dar siempre ese paso más que ha caracterizado siempre a Apple (por ejemplo, lanzando el MacBook, lanzando un ordenador sin apenas conexiones en 2015) son muchas las voces que discrepan de la poca capacidad de sorpresa de los de Cupertino de un tiempo para acá.

Pongamos como ejemplo unas keynotes a las que los rumores se han ido comiendo su capacidad de sorprender a crítica y público. En la última celebrada en marzo de 2016 todos los productos presentados se conocían antes de que Tim Cook se subiera al escenario. Y no hubo ninguna sorpresa. ¿Han perdido su toque?

One more thing

Lo que está claro es que siempre habrá que agradecerle a Apple su apuesta por cambiar las cosas. Ahora, aunque no sea tan mediático, siguen marcando tendencia en el campo de la salud con aplicaciones como ResearchKit o CareKit, destacando por ejemplo en la detección prematura de enfermedades, buscando tener un rol más activo en el seguimiento de los pacientes o, por ejemplo, realizando el mayor estudio sobre Parkinson que se ha hecho en la historia.

También destaca por su apuesta medioambiental o por la investigación. Gran ejemplo de ello es su nuevo campus que pronto verá la luz y que, según cuentan, supondrá una gran revolución. Y, por supuesto, sus productos, que siguen teniendo millones de fieles y millones de detractores. Seguro que volverán a sorprender y a intentar revolucionar el mundo, aunque sea sin Steve Jobs.

Lo que está claro es que con Apple siempre habrá una cosa más.

 Fotografía: Matthew Pearce ©


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