«El periodismo es meterse en líos»

«Puta objetividad», dice Manuel Sánchez en ‘Las noticias están en los bares’, un libro en el que recorre su trayectoria profesional de 22 años en el periódico El Mundo, y en cuyo prólogo Lucía Méndez confiesa que «resulta sensacional que un periodista sólo quiera ser periodista. Es decir, contar las cosas que ve tal y como las ve». No puedo estár más de acuerdo, con uno y con otra. Por eso, como no se trata de ser objetiva —en esta revista nunca lo somos—, diré que, además de un gran periodista (actualmente desarrolla su carrera en Público), Manuel Sánchez es un tío de puta madre.

Cuando nos acercábamos a la caseta donde estabas firmando ‘Las noticias están en los bares’, mi hermano me preguntó por ti y yo le dije «es un periodista de los de antes», en el mejor sentido posible. ¿Hay periodismo «de antes» y periodismo «de ahora» o periodistas «de antes» y periodistas «de ahora»?

No lo sé. El periodismo ha cambiado mucho en los últimos 25 años con la revolución de las nuevas tecnologías. La esencia sigue siendo la misma, pero es verdad que se hacen las cosas de otra manera. De hecho, el título del libro no deja de ser una metáfora para reivindicar que los periodistas salgan a la calle, vayan a los sitios, hablen con la gente, vean lo que ocurre y lo cuenten. Ese es nuestro trabajo. No valen los plasmas, ni los mítines desde la cocina de casa o refritos de Google.

Y lo primero que me encuentro al abrir el libro es una anécdota en la que tienes una resaca espantosa y estás en calzoncillos cuando recibes la primera llamada de El Mundo. ¿Ves? eso es muy «periodista de antes»… No, en serio, ¿has pensado alguna vez qué habría sido de tu trayectoria profesional si no hubieses acabado en El Mundo?

(Risas). Creo que los periodistas de ahora también tendrán algunos días resaca y seguirán usando calzoncillos, no lo sé. Como cuento en el libro, no tenía ninguna aspiración de dar el salto a la prensa nacional. Imagino que seguiría en mi tierra, Cáceres, haciendo información local y a mucha honra. Siempre he elogiado el llamado periodismo de provincia, es donde más trabaja y más se aprende. Llegar a El Mundo fue una casualidad… Donde me llevaron las olas.

En el libro no hay pudores (bueno, mejor dicho, no parece que los haya) y cuentas hasta cuánto ganabas en una redacción con 24 años, en el año 91, 900 euros. ¿Cómo es posible que hace más de 20 años los redactores jóvenes cobrasen incluso más, o lo mismo, con suerte, que los de ahora?

La crisis se ha cebado con esta profesión. Estamos, como dice mi amigo Pedro Simón, en el precaperiodismo. Le cuento a compañeras jóvenes de Público, donde ahora trabajo, las condiciones de antes y abren los ojos de par en par. Confío en que la situacion se tenga que reconducir y que dicha precariedad sea pasajera, aunque sé que los años que yo he conocido no creo que vuelvan, pero dignificar la profesión es más que necesario.

Mójate, ¿cómo está el periodismo en España? Yo desde aquel día que todos los periódicos compartieron portada (publicidad del banco Santander) no sé qué pensar…

El periodismo en España está encontrándose. La revolución tecnológica, junto a la crisis, le ha dejado más que tocado. Luego, hay pesebres, servidumbres y miserias, pero siempre las ha habido. Aún así, con los nuevos periódicos digitales creo que hay una pluralidad más que aceptable en España en cuanto a medios de comunicación. Creo que cada día hay que pelear por hacer bien nuestro trabajo, a pesar de los muchos y poderosos enemigos que tenemos alrededor. A veces, hasta ganamos.

Hay un momento en ‘Las noticias están en los bares’ en el que dices «puta objetividad». Amén.

No quise hacer un libro riguroso, quise hacer un libro de mis recuerdos, de lo que ha quedado dentro de mí. Muchos compañeros me dicen que he olvidado muchas cosas, pero no tenía espacio para contarlas y, además, si las he olvidado es que no me dejaron huella. Siempre he intentado ser un periodista con credibilidad en su trabajo, pero no me he obsesionado nunca con la objetividad que creo que, al igual que los polvos en la playa, está muy sobrevalorada. Me ratifico, ¡puta objetividad!

Es imposible hablar de El Mundo sin hablar de Pedro J., claro. No sé… Tú no lo dices en ningún momento, pero yo deduzco de la lectura que vuestra relación era, al menos a veces, tensa. ¿Me equivoco?

Con Pedro J. tuve una relación cordial. Tuvimos momentos de tensión muy puntuales por algunos enfoques de las noticias, pero siempre me dio libertad. Hubo veces que el título nada tenía que ver con lo que yo escribía en el texto (y lo consentía) y también alguna amenaza de retirar la firma si no me gustaba el título de primera. Pero yo lo enmarco en las relaciones habituales entre un director y un redactor. De hecho, ahora que he conocido otros medios pasa exactamente igual. El redactor lo que tiene que hacer es plantarse con los pies bien pegados al suelo y decir que por ahí no pasa. Es duro, pero eso hay que hacerlo cuando te quieren manipular, sin hacerte el héroe ni nada, sólo dando tus argumentos. Yo soy responsable de mi firma para abajo, lo demás que lo asuman otros si quieren darle un enfoque retorcido.

Lo que es cierto es que parecía que El Mundo era Pedro J., y viceversa, y de momento sobreviven el uno sin el otro. ¿Has coincidido alguna vez con David Jiménez?

Con David Jiménez coincidí hace muchos años en la redacción, cuando ambos empezábamos. Tengo un recuerdo lejano de él. Creo que El Mundo ha hecho una apuesta valiente y arriesgada al traer a un periodista de pura raza y que está muy preparado para el combate con las nuevas tecnologías. Deseo que salga bien la apuesta, porque El Mundo siempre será mi periódico y quiero que vaya lo mejor posible.

Dejaste El Mundo tras 22 años y… 22 años después, ¿las noticias siguen estando en los bares o nos hemos olvidado de hacer periodismo más allá de las notas de prensa y el correo electrónico?

Lo he comentado antes, hace falta más periodismo de calle. Es mi modesta reivindicación en el libro. Es verdad que la precariedad de los medios impide que los redactores viajen o hasta que les den para un taxi si hay una rueda de prensa convocada de forma urgente. No concibo casos, como conozco, de periodistas que sólo conocen al jefe de prensa y por teléfono, cuando tienen que conocer, y en persona, para quién trabaja el jefe de prensa. No vale conformarse con notas de prensa, ni con reacciones. El periodismo, lo digo en el libro, es meterse en líos, y par eso hay que hablar con la gente, conocerla, sacarla información y, en definitiva, hacer nuestro trabajo.

¿Podrías vivir sin hacer periodismo?

Claro que sí. Tengo una inmensa capacidad para no hacer nada.

Y, para terminar, pregunta obligada: ¿Cuál sería la primera pregunta que le harías a Bill Murray si pudieras entrevistarle?

¿El actor? Pues si le quedaron secuelas de ‘El día de la marmota’, genial película.

bluebird Comunicación
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