El pueblo más casposo

‘El pueblo más divertido’, presentado por Mariló Montero y Millán Salcedo, recupera la tradición de TVE de estrenar programas de humor sin pizca de gracia.

Confieso que han sido pocas las veces que he sentido vergüenza ajena hasta el punto de querer marcharme de un sitio, pero siempre que ha ocurrido fue con humor mal hecho. La primera vez pasó cuando fui a mi primer Expocomic y me quedé al concurso de cosplay, con jóvenes talluditos (entre ellos un conocido del barrio) disfrazados de personajes de dibujos. Y la última ha sido durante el estreno de ‘El pueblo más divertido’, el nuevo programa de TVE para deprimirnos el verano. Porque lo que es reír, no hace ni puta gracia. Y el solitario 8% de share que se lo tragó entero parece estar de acuerdo.

La idea, simple como el mecanismo de un chupete, consiste en que 22 pueblos españoles compiten a ver quién es más chistoso para llevarse 100.000 euros. Parecido a Twitter, pero pensado para tu abuela y con dinero de por medio. En vez de montar unas pruebas físicas absurdas, como ocurría en ‘El Grand Prix’, aquí pasa por el subjetivo filtro de un jurado de famosos y una especie de “liga de los humoristas extraordinarios” (¿?) que hacen de padrinos y asesoran a los inexpertos concursantes. Todo ello presentado por Mariló Montero, una mujer graciosa de verdad aunque a veces de forma involuntaria.

Si este concepto ya es complicado de defender ante cualquier productora, el resultado final que se vio en La 1 fue un despropósito. De una televisión pública se espera que, en esa clave cómica, aproveche el formato para aproximar pueblos y culturas de nuestro país que apenas conocemos. Es decir, un necesario acercamiento cuando el recelo entre autonomías no para de crecer. Pero eso es pedirles inteligencia, y en su directiva no hay nada de eso: el objetivo es que el espectador se “descojone de”, en vez de “reírse con”. Todos los intentos, tanto de los pueblos como de los supuestos profesionales del humor, son más bien parecidos a las que haría un cuñado borracho en una boda.

pueblo

El límite lo pone tu nivel de bochorno. A lo mejor yo lo tengo muy bajo, pero todos los momentos resultaban violentos. Ver a Eduardo Gómez disfrazado de rana y cantando la Macarena ya era un presagio. Mas el reencuentro del copresentador Millán Salcedo con Josema Yuste, cuando su ‘Martes y Trece’ no acabó demasiado bien,* fue memorable. La tensión podía cortarse con un cuchillo, y eso que estamos hablando de un programa ya grabado y editado.

El segundo intento se lo concedí a los verdaderos protagonistas, los pueblos. La cosa no resultó mejor: un señor bailando con vacas y cuatro jubiladas murcianas haciendo una parodia de ‘Instinto Básico’ (con la consiguiente apertura de piernas) fueron más que suficiente para decir “basta”. Todavía me quedaba una hora por delante, pero no pude soportarlo más.

Así pues, tenemos bromas que no hacen gracia, situaciones difíciles de explicar y un formato desordenado, que incluso imposibilita seguir el hilo de lo que sucederá en próximos episodios. Todo se supedita a los famosos y el pueblo es lo de menos. Un sindiós. Lo bueno es que con ‘El pueblo más divertido’ basta con cambiar de canal. Desde luego, para sacar un 8% de share podían haber ofrecido una de esas películas españolas que relegan a La 2. Tendría más sentido en nuestra televisión pública.

* Para profundizar en ese tema, el podcast ‘Campamento Krypton’ hizo un especial de Martes y 13 que vale la pena oír.

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He trabajado casi siempre en publicaciones económicas, pero de lo que más me gusta hablar es de deporte, entretenimiento y medios de comunicación. El conocimiento es poder.

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