Día Internacional de la Libertad de Prensa, nada que celebrar

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Hoy es 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Prensa, y me temo que no hay mucho que celebrar. Y no, no vivo en Venezuela, vivo en España y aquí, lamentablemente, la libertad de prensa, como los ciudadanos, también ha sufrido estos casi cuatro (largos) años de mayoría absoluta popular.

No lo digo yo, lo dice Freedom House, una institución que lleva muchos años analizando la evolución de las libertades en el mundo. A través de 23 indicadores —algunos de los cuales son el condicionamiento de los partidos políticos a los medios de comunicación, la presión sobre las empresas periodísticas desde el poder o el acceso de los ciudadanos a diversas fuentes informativas— elabora un índice, que puede ir de 0 a 100, siendo esta última puntuación la correspondiente a una represión feroz.

«Los gobiernos usan leyes antiterroristas como pretexto para silenciar a voces disidentes, mientras que grupos milicianos usan tácticas más intimidatorias y los dueños de los grupos mediáticos intentan manipular el contenido informativo para beneficiar intereses políticos y económicos», ha asegurado Jennifer Dunham, directora de este proyecto, tal y como recoge Europa Press.

Así las cosas, ningún país ha conseguido 0 puntos. Sí 10, Noruega y Suecia, que serían los estados con mayor libertad de prensa. España, con 28 puntos, ocupa el puesto 52 en el mundo, junto a países como Ghana, Letonia o Santo Tomé. Cinco puntos ha ganado nuestro país desde que un flamante Mariano Rajoy llegase a la Moncloa aquel día triste de noviembre de 2011. Entonces ocupaba el puesto 40, el mismo que, por ejemplo, Francia.

Y no hay de qué extrañarse. Esta misma semana el ministro de Justicia, Rafael Catalá, insinuó que podría sancionarse a los medios de comunicación que publicasen informaciones sobre investigaciones judiciales en curso. ¡Con dos cojones! Pero, insisto, no hay de qué extrañarse. Pertenece al mismo grupo que esos que nos colaron la infame Ley Mordaza en pleno siglo XXI. Je suis España.

Pero el problema viene de mucho más lejos. No hay más que echar un vistazo al uso que hacen algunos partidos políticos (Partido Popular y Partido ¿Socialista? ¿Obrero? Español, principalmente) de las radios y televisiones autonómicas. Olvidan que la prensa debe estar al servicio de los ciudadanos y no de sus intereses. Más ahora que se acerca la campaña electoral.

Precisamente, la FAPE ha lanzado el manifiesto ‘Por la libertad de prensa’, ante los comicios locales y autonómicos del 24 de mayo. Así, lamenta una vez más y muestra su total rechazo a las cortapisas que impone la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) al ejercicio profesional de los periodistas, al imponer los bloques electorales minutados. Estos constituyen un más que evidente atropello a la libertad de prensa y al derecho a comunicar y recibir información libre y veraz durante el desarrollo de las campañas electorales. Esta normativa atenta contra el sentido común y los intereses generales de los votantes.

Por otra parte, lamenta la postura de los partidos políticos mayoritarios responsables de las reformas de la citada Ley Orgánica que impone la cobertura informativa proporcional en los medios públicos, despreciando así al resto de formaciones y especialmente a los partidos extraparlamentarios. Del mismo modo, la FAPE demanda que los ciudadanos puedan acceder a contenidos informativos libres e independientes, que los partidos políticos respeten el criterio de los periodistas a la hora de realizar su trabajo y que permitan el acceso libre, y sin restricción alguna, a los actos de campaña permitiéndoles realizar una cobertura completa y libre.

Por último, hay que recordar los miles de puestos de trabajo que la crisis se ha llevado por delante en las redacciones españolas, las bajadas de sueldo, los EREs… En definitiva, la precariedad a la que se ven sometidos muchos periodistas que un día creyeron, como decía Gabo, que el periodismo era el oficio más bonito del mundo.

Quizá vuelva a serlo, pero hoy es 3 de mayo y no hay absolutamente nada que celebrar.

Fotografía: Esther Vargas ©

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