«El poema está en muchas partes y no solo en las palabras»

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Ana Castro, según Javier Madueño ©

«Ante el dolor solo cuenta lo importante y la belleza», me cuenta Ana Castro en esta entrevista. Pienso que quizá sea esa la razón de que ‘El cuadro del dolor‘, su primer libro —con el que ha ganado el Premio Juana Castro y, más recientemente, el Premio Solienses—, sea tan hermoso. Tan dolorosamente hermoso. Tanto como ese verso que dice «y el dolor hace ruido» o como ese poema titulado ‘Maternidad’, que no puedo ni quiero quitarme de encima. Gracias, Ana.

¿Qué es ‘El cuadro del dolor’?

‘El cuadro del dolor’ es un montoncito de poemas que han ido engrosando la libreta que siempre llevo conmigo, en mi bolso, y que cobija los poemas que, normalmente de manera apresurada, escribo en el metro, en la oficina, en el ascensor o sentada en el suelo de mi casa. Así se conformó. En sí, es una obra poética de carácter autobiográfico que busca ahondar en las raíces, en las encinas, los hilos, las mimosas y las mujeres-entraña, cuando el dolor golpea y abrasa, un dolor físico y silencioso, cotidiano. Para dar cuenta de ese dolor aparecen murciélagos, golpes, bombardeos nazis o espectáculos pirotécnicos, porque el lenguaje no está preparado para nombrar el dolor y es necesario nombrarlo para que exista, para que los demás también sean capaz de verlo. Ahí reside el carácter reivindicativo de la obra: mostrar el dolor con el que muchos pacientes con dolor crónico como yo, mujeres en gran parte de los casos, conviven un día y otro día, sin que a menudo el personal médico sea capaz de darle un nombre.

Leyéndote me ha vuelto a venir a la cabeza algo que he pensado siempre: que el arte es aquello que permite transformar algo doloroso en algo hermoso. ¿Concuerdas con esto?

Desde luego. Creo que el arte nos permite transformar el dolor en belleza, que por muy tembloroso y oscuro que sea nuestro cuadro del dolor propio siempre queda espacio para la belleza, que ésta siempre reluce al fondo y nos grita, y que precisamente por ello seguimos adelante.

¿Por qué elegiste la poesía para expresarte?

No sé si elegí la poesía conscientemente o si tal vez ella me eligió a mí o puede que haya estado siempre conmigo. Al fin y al cabo, la poesía es una forma de mirar. El poema está en muchas partes y no solo en las palabras. En cualquier caso, es cierto que la poesía es “mi” género literario, lo que necesito para respirar y mi forma de comunicarme con el mundo.

Hay un verso que, creo, define muy bien este libro: «Y el dolor hace ruido». ¿Qué más hace el dolor?

Puff… El dolor hace ruido dentro de uno. Provoca un ruido ensordecedor que solo percibe aquel que lo experimenta. También golpea, agota, agrieta la piel, hace temblar el labio… Y nos sacude hasta casi hacernos olvidar quienes somos. Por el contrario, el dolor hace fácil priorizar y elegir. Ante el dolor solo cuenta lo importante y la belleza.

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Ana Castro, según Violeta Nicolás ©

Estamos ante una obra tremendamente feminista, una obra que me ha llevado, una vez más, hasta las palabras de Alejandra Pizarnik: «Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que no conocí, pero que forjaron un suelo común, de aquellas que amé aunque no me amaron, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero». ¿Quiénes son tus referentes?

‘El cuadro del dolor’ está repleto de referentes femeninos artísticos y privados, comenzando por mi madre y mi abuela Anastasia, a las que está dedicado el libro. Chantal Maillard, Juana Castro, Piedad Bonnett, Adrienne Rich, Blanca Andreu, Louise Bourgeois, Cristina Peri Rossi… son algunas de las mujeres que siempre me acompañan en la escritura.

Tu madre, tu abuela y una futura hija están también en él. ¿El vínculo con las nuestras es algo a lo que llegamos a través del feminismo o es mucho más que eso?

El vínculo está dentro. Las raíces están dentro, al igual que los hilos que nos unen las unas a las otras, configurando una especie de cadena trófica. Pero más allá de esos lazos que hacen que las raíces y entrañas de una sean la continuación de las de la siguiente en esa descendencia femenina de madres a hijas, vivimos un momento en el que es necesario reivindicar nuestra condición de “hermanas” e interiorizar y poner en práctica el concepto de “sororidad” que reivindica el feminismo. Solo juntas podremos luchar por la igualdad, pedir respeto y justicia… salvarnos, en un contexto en el que el patriarcado pelea con todas sus armas para mantenernos aisladas y continuar legitimando así los privilegios de los hombres. El feminismo es hermandad, ante todo, unión entre las nuestras: querernos, cuidarnos y protegernos como hermanas.

Ana Castro poema

La maternidad es importante en ‘El cuadro del dolor’. Por ejemplo en esos versos, bellísimos, «sobrellevar el dolor / es criar un hijo: / una ciencia exacta que sólo conocen las madres». ¿Crees que hay libros que son mujeres, o mujer?

Puede que sí. Jamás me lo había planteado en esos términos. Sin duda, ‘El cuadro del dolor’ es el libro de una voz femenina que palpa, acaricia, grita, aúlla y susurra. He procurado que esa voz sea auténtica y honesta. Es lo único que le pido a la poesía. Es la única poesía en la que creo. Al mismo tiempo, el dolor, la búsqueda de la belleza y la condición de “hijo” o “madre o padre” es inherente a la condición humana pero sí que estos ejes son abordados a través de una mirada femenina, la mía.

Hay palabras que se repiten una y otra vez en tus poemas. Además de dolor, raíz, fobia, entraña, dedal… No es casualidad, ¿no?

¡Claro que no! Son las palabras que componen el universo de ‘El cuadro del dolor’ y el mío propio, las que delimitan mi ecosistema natural y el territorio poético en el que me muevo. De ahí que los versos estén salpicados de dedales, hilos, raíces, entrañas, dolor y murciélagos, entre otros.

Con ‘El cuadro del dolor’ has ganado el Premio Juana Castro y más recientemente el Premio Solienses. ¿Hasta qué punto son importantes este tipo de reconocimientos?

El Premio Juana Castro posibilitó que ‘El cuadro del dolor’ viera la luz y tomara forma de libro, de manera que fue TODO. Además, para mí es un gran honor que mi obra esté vinculada por este reconocimiento a Juana Castro, una poeta a la que admiro tanto en lo personal como a nivel artístico. Después, creo que el Premio Solienses contribuirá a que más personas puedan aproximarse a la obra. Ambos galardones comparten origen: las raíces, Los Pedroches. No puede haber mayor ilusión que esa, precisamente cuando las raíces están tan presentes en el libro.

En un contexto altamente competitivo como el del libro y totalmente minoritario como es la poesía, los premios son una vía indispensable para alcanzar la publicación y contribuir a la difusión de la obra y —quiero pensar— un sello de calidad para la misma.

¿Estás escribiendo ahora?

Sí, estoy escribiendo. Mis libretas continúan llenándose de poemas, aunque aún no tengo ningún proyecto definido. Pero escribo y leo mucho, voy al cine y bailo en los conciertos y leo y escribo. Y escribo. Eso es lo importante.

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