Tras la breña de estío I

Tras la breña de estío

1.

Un manojo
de versos fatigados
arrastrándose en el
polvo del camino de tus ojos,
llorando de hambre,
colgados de la boca del estar
aparte,
del no saber qué toca,
hocicando el
desespero
de la desesperanza
del nudo de nervios
que hay en mi garganta.
Pobres versos huérfanos
sin techo y sin manta.

2.

Tapo con pastillas
los agujeros de tu muro,
afianzo tus defensas
y me quedo fuera de los meandros
de tus manos.
Rodeando, indeciso.
Arañando tus ladrillos
con mi mirada
aferrada a la lluvia que anega nuestros caminos.

3.

Gotas de hogar
desparramándose en cada surco
de tu piel.
Contemplo tus soledades
empañadas en la pecera de invierno,
tan cerca
como al otro lado del hielo.
Leche cruda
de dolor antiguo.

4.

Esta lluvia
que arroja tristeza
sobre los viejos de mi tierra
convertidos, más bien, en raíces
aferradas al otoño.

5.

Soy un viejo mapa de venas marcadas
y tatuajes.
De tinta y sangre.
De huesos rotos e insomnios.
De cicatrices y nauseas.
De dolores en las rodillas las mañanas de invierno
y toses de tabaco al calor de los primeros rayos de sol.

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