Te acabas de marchar

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Te acabas de marchar y, la verdad, qué sensación más mala.

Sólo pienso en lo asquerosa que eres.

He conocido a gente vulgar y sucia, pero tú te llevas la palma.

Eres toda una hija de la gran puta.

Me siento diezmado a tu lado. Una burda caricatura de mí mismo.

Hace tiempo que ya no me rompes el corazón, lo que tú me rompes es el alma.

Desde que me quedé sin trabajo sólo he encontrado en ti unos aires de superioridad que no sé quién coño te los ha otorgado.

Pensé que lo que teníamos molaba, que estábamos a gusto.

Lejos están esos primeros meses en los que estaba enamorado y creí que tú también. Ahora dudo de todo, al menos de mí. Es más, no me reconozco en ese tío. Siento vergüenza de no haber visto la clase de persona que eres.

Irme a vivir contigo fue muy mala idea.

Mientras yo tenía pasta y pagaba con muchas creces mi alquiler y mis gastos, todo fue bien. De puta madre.

Cuánto amor!

Pero mírate ahora, te has convertido en una cerda amargada que solo sabe joder.

Ahora que las cosas se me han torcido, te portas así…

Qué poco te acuerdas cuando me regañas por haberme comprado un puto, triste y mísero libro de 15 pavos de quien pagó las vacaciones, o el arreglo de tu coche, o el portátil de los cojones, que pagué yo y era para ti y que nunca me devolviste el dinero…

Y todavía me dices que soy un miserable por recordártelo alguna vez…

Mira, zorra de mierda, nunca nadie me ha llegado a decir cosas tan rastreras como las que me has dicho tú. Algunas de una bajeza tal que se me han quedado clavadas en el esternón.

Guardo algunas de tus frases más brillantes en mi carpeta de “zorra”.

«Joder, tío, si ahora estás sin dinero deberías comer menos ternera y más pollo, que no pasa nada».

«Es que comes mucho»

«Fuma tabaco de liar, que no te voy a estar pagando vicios»

«Los gatos son tuyos, paga tú sus vacunas y si hasta la semana que viene no cobras el paro y no tienes dinero, que se esperen, que no se van a morir. Que a mí no me importa tener que pagar ahora casi todo, pero lo de los gatos»

«Menos latas y más pienso! Joder con los gatitos! Encima que me llenan todo de pelos… No les des tantos caprichos. Además, están gordos»

«Si pago yo el cine, elijo yo la peli»

«Tío, de verdad, siempre estás igual. Siempre me estás chuleando»

Podría seguir así, con mil frases más. Y en las mil se vería tu bajeza, tu mierda.

Si hay algo en todo esto que no soporto es mi papel de chupaculos.

Pero bien sabes que por ahora no puedo irme a ningún otro sitio. No tengo a mi familia en Madrid e irme a cualquier lado con dos gatos no es nada fácil.

Y tú eso lo sabes, y lo aprovechas, y lo utilizas, y lo usas.

Día tras día llegabas, despotricabas y yo me hacía el tonto, y te preparaba la cenita e intentaba mostrarme cariñoso.

Pero tu frialdad y esa ley no escrita de “aquí se folla cuando yo quiera”, me fueron empujando a no saber acercarme a ti, a ir con precaución, a ir temeroso.

Tú no lo sabes pero… No te imaginas la de veces que me “zampaba” viagras para intentar follar contigo de puta madre y ya ves… Iluso de mí…

Eso sí, al final he amortizado las viagras y muy bien, en gloriosas pajas con pollón, en las que nunca, nunca, pensaba en ti.

Si tomé viagra es porque hace tiempo que ya no me la pones dura. Al principio pensé que era el mal momento que estaba pasando a todos los niveles, pero luego me he dado cuenta de que mi cuerpo detesta tu cuerpo.

Mi polla fue más lista que mi corazón y que mi cabeza.

Me siento ridículo recordándome cualquiera de esas veces que te quería sorprender con una cena especial. Que me curraba algo elaborado, me ponía mis mejores galas, me tomaba media viagra y me motivaba pensando que cuando llegaras esa noche íbamos a follar de lo lindo y recuperaríamos nuestros mejores momentos.

Pero entrabas y en seguida me recriminabas haber hecho una cena especial.

«Para qué haces nada? Si quedaba cena de ayer!! Ya te has gastado los 20 euros que te di? Pues nada, mañana me pides de nuevo»

Al mirarte a los ojos en esos momentos, sentía asco por ti. Te veía como una puerca de mierda.

Tus insultos, tu frialdad, tu superioridad, fueron haciendo mella.

Sé que al principio tragué, pero fue porque me dejaste descolocado. No sabía muy bien el porqué de tu comportamiento. No esperaba que fueras así. Una total desconocida.

Entre mi situación y tú me sentí muy desorientado y no supe reaccionar.

Con la distancia veo que realmente estaba en shock.

Y lo peor, haberte dejado ser tan mala conmigo, no haberte parado los pies.

Y ahora que me he dado cuenta, siento asco y estoy amargado, y en algún momento te cagaré en la puta cara lo mala que has sido conmigo.

Todo el rato haciendo leña del árbol caído…

Pero ahora, que me has llenado de odio, ahora te vas a comer tú toda esa mierda que me has echado.

Has usado el dinero como presión hacia mí, a cada paso, chantajeándome, sabiendo que en cierta manera dependía de ti.

Has convertido una relación de amor en una de poder. Has querido echar un pulso, sabiendo que yo no era rival, que ahora no.

Me he llegado a sentir como una puta. Teniendo que ponerme cariñoso para conseguir una mierda de cajetilla de tabaco, unas cervezas, un filete…

Me has tratado como mercancía. Soltando pasta si te interesaba.

«Si me vienes a buscar te doy 15 euros para porros».

«Si vas tú a la compra te dejo que pilles una botella de ginebra».

«Para pedir yo siempre estoy, pero te pido que vayas al tinte y tú no puedes… Vale… Vale… Ya pedirás…»

Rastrera!

En cuanto necesité algo de ti, te pusiste bien arriba. Dejaste bien claro quién era quién, y, aunque tardé, ya me he dado cuenta de que eres un ser repulsivo, tóxico.

Pues ahora te vas a joder.

Ahora te vas a tragar a un tío que pasa de tu puta cara. Ahora sí que voy a ser un mantenido.

Mientras no me quede otra que estar en esta puta casa no vas a encontrar en mí ni un puto reproche. Voy a ser un falso de cojones.

Me llega a hacer gracia ver lo mala que eres. Se aprende, y mucho. Te observo como quien ve un documental de zorras (permíteme el chiste).

Voy a seguir aquí, tragando, sumiso. Quiero que tengas a tu lado a un tío hijoputa, un falso, un hipócrita, es lo que te mereces. Un tío que es capaz de decirte que te quiere, de hablarte con un cariño pomposo, casi empalagoso, buscando que te repugne.

Ser capaz de seguir follandote el culo (aunque necesite viagra) y de darte besos a la vez, mientras busco ese punto en el que con un poco de suerte te hago daño y te rompo el culo.

«Ay! Qué bestia!! Sácala, sácala! Qué me has hecho daño. Joder, tío! Ten más cuidado… Quita, quita! Que se me han quitado las ganas… Joder!»

«Perdón, cariño… No te pongas así… Ha sido sin querer… No me he dado cuenta… Perdona»

Me encanta imaginarme situaciones así. Son mis pequeños “desahogos mentales”, mis pequeñas venganzas. Mis pequeñas victorias.

En esto me has convertido y esto es lo que vas a tener.

No m

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Álex subía la escalera deprisa, no puede aguantar la emoción.

Una alegría desmedida le hacía subir de 4 en 4 los escalones.

Tardó segundos en llegar al tercero.

No sabía si Silvia estaba en casa .Le daba un poco igual. Lo que quería era ver a Chuky y a Kanu, sus dos gatos.

Cuando entró, apoyó su espalda contra la puerta, cerró los puños con mucha fuerza y lleno de rabia movió los brazos como si hubiese metido un gol, mientras decía gritando:

Sí, sí! Joder, sí! Me lo merecía, hostias!! Me lo merecía!

De pronto Silvia apareció por el pasillo. Tenía cara de estar llorando.

Eres un hijo de puta! Eres un cabrón!

Alex cambió el gesto e intentó hablar, pero Silvia no le dejó.

Cerdo! Quiero que te vayas ahora mismo de esta casa. Pero ahora mismo! Coge a tus putos gatos y vete de aquí!!

—Pero qué te pasa?

—Que qué me pasa? Que eres un hijo de puta, eso es lo que me pasa.

Acabo de leer una cartita tuya en el ordenador muy bonita…

Qué cartita? No sé de qué me hablas…

Que no sabes… Cerdo, vete ahora de aquí o llamo a la policía.

—Silvia, no te precipites… Déjame hablar que lo vas a flipar.

Tú sí que lo vas a flipar. Quiero que te vayas ya mismo, me da asco verte.

Silvia, déjame que te cuente.

Qué? Qué me vas a decir? Que has encontrado un trabajo? Me da igual lo que me quieras decir. Me da igual! Coge a tus putos gatos. Y sí, entérate, tus gatos están muy gordos, y nunca me gustaron, que lo sepas!

Esas cosas son las que tú piensas de mí? De verdad me ves así? De verdad piensas eso? Así que follabas tratando de hacerme daño?!

Eres un hijo de puta. Tan mal me he portado contigo? Muchas cosas te las decía para que espabilaras, que estás todo el día fumao. Por tu bien… Gilipollas!

Llevas 8 meses aquí casi por la cara, te tengo que estar dejando dinero para todo y no digo nada porque con tu paro no te da y así me lo agradeces? Eres asqueroso. Vete ahora mismo de aquí.

Álex la miró y decidió no contarle nada. No decir nada…

—Si ya sabía yo que me querías chulear. Listo, que eres un listo!

Y que sepas que a mí tampoco me apetece follar contigo. Que si no follo es porque ya no me gustas. Poco hombre! Muerto de hambre! Qué no tienes cojones! Que no vas a encontrar nada porque no vales para nada! Qué eso es lo que tú eres, un miserable muerto de hambre. Pero se te ha acabado el chollo, te vas a ir de aquí y vas a chulear a tu puta madre.

Tú como tío no vales nada… Vas de que tienes mucha polla y luego no sabes qué hacer con ella. Imbécil! Creído! Si supieras… Gilipollas!

Que yo me aprovechaba de ti? Hay que tener cara… Madre mía! Tú sí que te has aprovechado.

Qué querías, que trabajara para ti? Eh, listo, que eres un listo!

Aquí el señorito fumando Lucky pudiendo fumar tabaco de liar. Pero eso sí, el tabaco se lo tengo que pagar yo.

No siempre me has tenido que pagar el tabaco…

—No, qué va! Claro, había veces que te lo pagabas tú, pero luego el resto de las cosas las tenía que pagar yo, así que…

Listo! Caradura! Encima no se le pueden decir las cosas. Parece ser que eso es lo que le jode al señorito, que le digan las cosas.

Tú lo que quieres es vivir como te dé la gana y encima que se te aplauda? Vamos, hombre!

Y si tú pagaste las vacaciones fue porque quisiste, y no te preocupes que ya te daré lo del arreglo del coche. Y ya te puedes meter el ordenador por el culo. Lo voy a vaciar y te lo llevas, no quiero nada tuyo.

Miserable! Que eres un miserable.

Deberías dejarme hablar, esa carta es de hace tiempo… Una chorrada, de un día que estaba…

—Que me da igual, chaval, que no quiero saber nada de ti…

—La escribí todo rabioso un día que…

Que me da igual! Que no quiero saberlo. Que no quiero estar con alguien con tan poca sangre. Que hace meses que no te quiero…  Que si sigo contigo es porque das pena. Entérate, que eres un comemierda que no vale para nada. Que te va a costar mucho encontrar algo. Que no vales pa-ra na-da!

Y a mí ya no me vas a chulear más. Me das repelús…

Ah! Si algún día acabas esa cartita, mándamela, así recordaré lo sinvergüenza que eres.

Me voy. Tienes dos horas para llevarte tus cosas, luego vengo y no quiero ver nada tuyo. Si no te lo puedes llevar hoy todo, otro día vienes, pero llévate lo que puedas que no quiero volver a verte.

Cerdo!

Te tenía que haber echado antes, yo sí que tengo remordimientos de haber sido tan buena contigo…

Adiós!

Silvia se fue dando un portazo.

«Qué tía más mala. Pero ahora se va a joder, pero bien. Por asquerosa!»

Álex cogió a los dos gatos.

Chicos, nos vamos de aquí!  Lo vais a flipar! Ya nunca nos va a faltar de nada!

Cogió su móvil. Lo miró, sonrió con ternura, lo volvió a mirar como quien mira a un abuelo, y le habló:

Y a ti te jubilo, amigo.

Marcó. Llamó a su hermano.

Hugo! Hugo, tío! Que me han tocado 600 mil pavos a la lotería!

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