Roja, cubierta en llamas

Salió, sigilosa, a estirar las piernas. Se derramó su melena de fuego abrasando mi almohada. Yo me hacía el dormido y ella me miraba desde el alféizar de la ventana como si fuera a salir volando, con sus alas rojas, a la madrugada.

Me envolvió como una bruma cuando entró en la cama. Teníamos dos pieles y era la suya la que más nos gustaba.

—Me siento como en casa, dijo, suave, entre dos gemidos.

—Ya era hora de que llegases, hacía tiempo que esperaba.

Llevábamos dos siglos en aquella cama. Y merecía la pena cada gota… De sangre… Derramada.

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
Artículo anteriorNi harta de güiski
Artículo siguienteLos pueblos que quieren vivir
Soy Pascual Peláez Infante, de Jimena aunque trabajo y vivo en Granada. Me considero una persona muy tolerante en lo trivial y bastante fundamentalista en lo sentimental. Aprendí a leer para entender las cosas que escribía. Aún estoy en ello.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.