Rendija

Ah, estoy tan viva y a la vez tan muerta
flotando en un curioso intermedio
donde me vuelvo inútil para el mundo a mis lados.

Laterales, yo voy por una estrecha rendija abierta,
donde apenas me toca el mundo, la cual me permite
ver ángulos de este mundo, que no habrás distinguido
entre sus fauces.

No soy quien dicta o quien da instrucciones. Miro, observo, intento aprender e imitar.
La mayoría de las veces necesito un largo trasvase entre sus acciones y mis miembros.
La mayoría de las veces no soy capaz de repetir, no aguantan el ritmo apacible.
Me siento torpe bajo las miradas de quienes dictan o dan instrucciones,
o siguen al pie de la letra sus comprobadas experiencias para arribar a un fin.
Yo me escurro, quiero ser invisible, ni distinguible ni localizable, no estar en tu
punto de mira, intransigente. Tan sólo enséñame, y luego permite que yo también
ejecute a mi manera, que yo también tengo mis métodos verdes y azules, que cantan
inextinguibles si les dejas espacio suficiente.
Ahora resulta que mis brotes tienen vetado crecer porque no queréis admitir este
compás supuestamente ralentizado.
¿Ves como no puedo echar raíces?

Laterales, saltaré en esa sala enorme y vacía, la de las barras para ballet en la vieja escuela
ocupada, bailando por y para mí.
A nadie debo mi reflejo, pero me debo a tantos reflejos,
a todas esas gotas supervivientes entre el musgo en la rendija.
Por eso, entre otras cosas, no me asfixiaré.
No hubo antes una resistencia tan diminuta y concentrada.
¡Mi cuerpo es tan pequeño…!
Pero tan flexible como la paciencia que malcrié a vuestras espaldas.
Yo no, yo no me asfixiaré.

bluebird Comunicación
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