Postales: El pinar

Los pinos hacían llover sus hojas sobre nosotros. “¡Las acículas!”, corregías tú cada vez que te lo decía. Siempre me hizo gracia que nos fuéramos a drogar al pinar rodeados de agujas verdes. Pensaba que haría menos daño que en otra parte, si hay que drogarse mejor en la naturaleza.

Allí en el pinar, con aquel olor que nunca lograrán imitar los ambientadores de coche, nos comimos nuestros primeros tripis y nos metimos nuestras primeras rayas, los primeros porros quedaban bastante atrás. Siempre con el sonido de aquel casete de doble pletina que subías cargado con dos cintas: Extremoduro, para el mientras, y The Doors, para el después.

Algunas veces subíamos todos, pero tengo que confesar que mis favoritas eran las que estábamos los dos solos. “¡Iros a tomar por culo! ¡Que no aguantáis una mierda! ¡Ya nos quedamos los que valemos!”, gritabas cuando se iban hacia el pueblo a las seis de la mañana, y nos sentábamos los dos a fumar el último porro, buscando una luna bajo las indicaciones de Morrison.

El otro día subí de nuevo al pinar, está lleno de mierda y medio quemado pero eso me toca la polla. Lo que me duele, lo que de verdad me quema por dentro es que no estés a mi lado, y que no vayas a estar. Que ya nunca vayan a estar juntos de nuevo los que valen. Me fumé un cigarro sentado donde siempre nos sentábamos y busqué la luna, pero eran las tres de la tarde y lo único que encontré fue el puto sol.

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.