Muñeca diabólica

En el ajetreo desfigurado que me avasalla
tu boca marca el ritmo de un galope perfecto
no por ello
te ajenas a la jauría, muñeca diabólica,
no habrá fulgor negro que me alumbre
el camino sombrío a tu espeso regazo esta vez.

Me tienta el cobijo tibio del sexo
(a este consuelo endeble y autista)
con su delirio dulce, salvaje, regulable
hacia el vergel que alimenta en el después
que es el ahora el siempre el otra vez.

Pero los rumores del aparente y la melancolía
no me tentarán con sus perfumes nuevamente:
he descifrado el significado del acto,
ya domino su desenlace;
aunque solitaria y errática, mi huida es mía
y es firme esta vez.

Este poema pertenece al libro inédito ‘Arrebatos del Epígrafo’.

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