Message in a bottle

Message in a bottle

El rumor de las olas le hacía evocar su vida pasada, aquella que tanto le había costado conseguir, por la que tantas desdichas había sufrido. La incesante sacudida de la marea contra las rocas la atormentaba, la hacía sumirse en un letargo de inconsciencia, como si estuviera otro día cotidiano más ante la pantalla del televisor mientras preparaba esas deliciosas empanadas tan reclamadas en casa, por las que le rogaba entre súplicas cada vez que de la cocina se despedía ese aroma tan intenso, pero tan agradablemente hogareño y cálido. En ese momento, mientras se detenía impasible frente al mar embravecido en esa tarde infame de primavera estrenada, al igual que el temporal que se había desatado, nuevos sentimientos se habían despertado repentinamente en ella, destrozándole su estabilidad, amenazándola con desviar forzosamente el camino de su vida, empujándola a encontrar un nuevo sentido a toda aquella historia. Lo que se negaba a admitir era el discurrir de los acontecimientos, el golpe demoledor que le había atestado la infortuna en el peor momento imaginable. Sabía que era ley de vida, una puerta que se mantenía cerrada a expensas de que la tierra volviese a reclamar lo que era suyo, para volver a restablecer el orden del curso natural.

Pero mientras el agua reblandecía sus pies, mientras oía los cantos agónicos de las gaviotas, se preguntaba por qué todo tenía que haber sucedido tan rápido. Era irónico, ahora notaba como el mundo se encontraba en total quietud, como percibía cada una de las partículas salinas y como el viento gélido le arrancaba despiadadamente las últimas lagrimas que le quedaban. Mantenía la vista intacta perdida en el horizonte, sumida aún en ese sueño tan reconfortante como destructor, pues sabía que cuanto más tiempo se aferrase a los restos de ese capítulo acabado más improbable le iba a resultar seguir avanzando. Perdida en el inquebrantable letargo, percibió pasivamente como sus pies continuaban hundiéndose entre la arena a medida que la marea seguía ascendiendo un poco más, decidida también a solicitar su presencia entre el reino de los eternos, de las almas fugaces, pero ella seguía absorta en su burbuja temporal, ajena al progresivo baile que ejecutaban las aguas espumosas contra la orilla, invitándole a unirse al movimiento, a hacerla partícipe de esa bacanal salvaje. Incluso notaba (o creía notar) cómo las gaviotas clamaban su nombre al viento, la intentaban guiar hacia el fondo, para reencontrarse con aquello que había perdido. Después de una azarosa tarea de construcción de una vida digna, en la que podía sentirse real y significante, volvía a encontrarse frente al vacío más desasosegante, donde atemorizada volvía a comprobar cómo el sentido de su existencia pendía de un hilo una vez más. En realidad nunca le había consolado la idea de sentirse tan vulnerable, de ahogar todo su dolor en un silencio tan nocivo que la iba corroyendo progresivamente con cada rechazo avergonzado que se veía obligada a producir en cada una de las ocasiones en las que las pocas personas que habían llegado a conocer realmente su lastre se habían dejado la piel por intentar traspasar su caparazón, para poder tenderle una mano, para intentar sanar sus heridas. Toda su vida se sintió como un pequeño felino atrapado en el fondo de un pozo, un pozo muy lóbrego y oscuro, abandonado por el paso del tiempo y relegado a su consecuente deterioración. Por más que gemía e imploraba desde lo más profundo de su ser ayuda, un rescate que la liberase de las tinieblas, nadie acudía, pues las paredes impedían que ningún grito de socorro pudiese llegarle a ningún alma. Aunque claro, podía sentirse plenamente orgullosa ( quizá ya no era tiempo de seguir torturándose con lo mismo) y consciente de haberse erigido como experta y autora en solitario de la construcción de dichas paredes. Con el hábito de la costumbre y el permanente e ineludible sentimiento de vergüenza esas paredes se habían ido ensanchando desmesuradamente, aislándola por completo de la realidad exterior.

Pero una pequeña vocecilla dentro de su ser sentía que un tiempo de cambio ( ya augurado por ese vendaval de tormenta) debía avecinarse,  lo sentía en los pelos erizados de sus brazos, en el escalofrío que le recorría por todo el cuerpo cada vez que una nueva batida del mar introducía y removía decenas y decenas de historia geológica  de millones e ínfimas partículas de evolución entre sus pequeños dedos, cada vez que el viento, más feroz y desatado por momentos, golpeaba su pecho estéricamente, como un aguijonazo que intentara hacerla despertar de su ensoñación y apremiarla por devolverla al mundo al que debía aferrarse, al que pertenecía y en el que tenía ahora que seguir luchando, reencontrarse y apostar por seguir creyendo. Aún era posible, no debía descartarlo. Ese sexto sentido que clamaba ahora desde ese rincón olvidado, la jaula oxidada en la que había relegado a ese pequeño animal que un día vio muerta su inocencia a base de constantes caídas se agitaba ahora espasmódicamente en busca de la liberación. Su pequeño rugido se había transformado en cánticos de guerra, en una demostración de autoridad. Aún no había llegado su hora.

Valiéndose de la sensación de esperanza más poderosa y certera que había sentido desde hace mucho tiempo, se adentró sorteando las rocas más abruptas unos metros más hacia el interior, y a la vez que rodeaba una vieja botella de vino añejo con su fular corroído por la sal y los años de aguante, depositó la reliquia en el corazón del mar junto con sus antiguos demonios, esperando que el universo escuchara su llamada, que sintiera su metamorfosis. Mientras la botella se alejaba apresuradamente mar adentro, hacia el origen de todas las historias, contempló, flotando en una nube de alivio y sosiego, como surgía un nuevo despertar, una renovada luz que asomaba deslumbrante disipando la tormenta, iluminando el camino que recorría ahora la parte que ella había abandonado en el océano, consciente de que esa parte permanecería por siempre con él, amparándola desde la inmensidad.

Only hope can keep me together
Love can mend your life
but love can break your heart

I’ll send an S.O.S. to the world
I hope that someone gets my
Message in a bottle

– The Police –

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