Leal

Juancar paró de repente. Estaba completamente sudado, su voz, fatigada, apenas podía articular palabra.

No puedo, me va a dar algo.

—No te preocupes, yo tampoco me voy a correr dijo Sandra, cuando voy de coca me cuesta mucho.

Juanra se tumbó en la cama, bocarriba, con la mirada perdida. Se le hinchaba y se le deshinchaba el pecho de manera convulsa.

Pues sí que te va a dar algo comentó Sandra, mientras le miraba con cierto asombro. Tienes por ahí una toalla?

Abrió Juanra el cajón de la mesilla y sacó una toalla de bidé con la que empezó a secarse el sudor de la cara.

Déjame a mí.

Sandra empezó a secarle el sudor. Primero por la cara, luego pasó la toallita por el pecho, la tripa, el sexo…

Buff… No estoy ya para estos trotes.

—Tapémonos, que vas a coger algo. Además hace frío.

No dirás que no me dejo la piel… Yo sí que sudo la camiseta… Qué sudada!

—Ya veo…

—Con la coca sudo como un cerdo. Creo que he sudado todas las toxinas que tenía. Para mí que se me ha quitado el pedo.

Sandra se levantó, fue hasta la cómoda que hay a los pies de la cama y cogió un cigarro. Al verla Juanra, le preguntó:

Queda porro?

—Poco. Hay una chusta. Quieres que me haga uno de maría? Tengo en el bolso.

—Guay. Un porrito de maría no estaría mal.

Sandra se perdió por el pasillo seguida por la mirada de Juanra, que no desperdició la oportunidad de examinar detenidamente el desnudo de la chica.

—Qué rico tu gato! Cómo se llama? gritó Sandra desde el comedor.

Ron contestó Juanra, también gritando.

Está tumbadito y me mira sin mover la cabeza. Hola Ron, hola bonito… oh… qué rico…

Se oyeron los pasos de vuelta hacia la alcoba. Al llegar, Sandra, se paró en el umbral de la puerta poniendo un brazo en jarra y el otro apoyado en el marco.

Puso un gesto deliberadamente sexy y con pose de mujer fatal miró hacia la cama exclamando:

No te quejarás, vaya una mujerona que te has traído. Has triunfado! y rió con su propio comentario.

—Pues sí la verdad… lo último sería quejarme. Sí que estás muy buena, sí…

—Anda, anda… Qué vas a decir tu. Estoy gorda…

Gorda? Gorda tú? Si lo que buscas es que te piropee yo lo hago encantado, pero no me creo que tú te veas gorda a ti misma…

Era broma, ya sé que estoy buenísima.

Sandra levantó las dos cejas varias veces y acabó el gesto guiñando un ojo. Los dos rieron…

—Toma. Háztelo tú.

Mientras Juanra liaba el porro apareció Ron maullando. Dde un elegante salto subió a la cama, donde se puso a restregar su cabeza con el brazo de Juanra mientras maullaba solicitando toda la atención.

Ron, que me vas a tirar el porro… Este cabrón ya tiene hambre. Tranquilo, Ron, que ya voy a echarte de comer.

Qué majo es tu gato.

Juanra terminó de hacerse el porro, lo encendió, le dio una calada y se lo pasó a Sandra.

Vamos, Ron.

El gato bajó de la cama y con la cola en alto siguió a Juanra entre maullidos.

Por el pasillo se oía cómo le iba hablando al gato.

“Espera, que me vas a tirar, ansioso. Qué parece que no has comido nunca”.

Volvió Juanra a la habitación y se metió rápidamente en la cama.

—Joder, qué frío!

Ven, acércate.

Se empezaron a abrazar, a besar, embriagándose con los besos. Se dieron algunos besos lentos, casi quietos. Besos en silencio, moviendo la lengua suavemente, sintiéndose. Con los ojos abiertos, mirándose tan de cerca que no consiguieron enfocarse. Se besaron abrazándose.

Así que aquí vives tú solo. De verdad no tienes novia?

No vivo solo, vivo con Ron.

—Bueno, ya. Pero ya sabes que no me refiero a eso. Te pega tener novia. Nunca has estado con una chica en plan serio?

—Sí, claro. Con varias. Pero llevo ya unos añitos así y no me apetece comprometerme con nada. No es que no me apetezca, simplemente no ha surgido, y, la verdad, con el paso del tiempo cada vez me cuesta más. Pero tú sí, no? Me dijiste que tenías novio.

—Sí, sí qué tengo. Y la verdad, estamos muy bien. Yo creo que nos queremos. Vamos yo le quiero un montón. Llevamos mucho tiempo, más de 12 años.

—Joder! 12 años… Madre mía. Yo lo máximo que he durado con una chica han sido 3 años… No creo que me aguantara nadie mucho más de un par de años. Y ahora menos… 12 años… joder…

Pero antes tuve otro novio y también de mucho tiempo. Con el otro estuve 8 años.

—Pero bueno! Lo tuyo son las relaciones, está claro.

Con el primero empecé muy pronto. A los 15. Era muy niña. Apenas sé de él. Bueno sí sé, pero no tengo ninguna relación, ni buena ni mala. Hace años que no me lo encuentro.

Y con este? Estáis guay?

Sí, sí, estamos guay. A ver… todo el mundo tiene problemas en las relaciones, y nosotros hemos tenido, pero estamos bien.

Tenéis una relación abierta? O estas cosas se supone que no las hacéis?

—El qué? Follar con otros? Bueno… son muchos años. Digamos que aunque no nos lo contemos, más o menos sabemos que alguna vez lo hemos hecho. A mí él me pilló una vez y yo a él alguna que otra… aunque ya hace unos cuantos años que tratamos de no «pillarnos».

Te pilló follando con otro?

No, no. Me pilló que tuve un lío, pero sólo se enteró. Ni siquiera supo quién era el chico. Me vio unos mensajes en el móvil… me estuvo preguntando y, bueno, imagínate, hubo lío, todo el rollo y nada… Pues eso, que se enteró. De todas maneras yo también sabía que él había tenido algún lío. Pero aquello fue hace mucho, y luego hemos estado guay, lo que pasa es que… Pues yo que sé, de vez en cuando, pues sales, conoces a alguien y ya está. Pero no creas que han sido muchas veces. Siéntete afortunado…

Al terminar la frase, a Sandra le salió una sonrisa. Volvió a acercarse a la cara de Juanra y se volvieron a dar un beso.

Gracias por lo de afortunado. Así me siento. Lo que me choca es que eres bastante cariñosa. He tenido líos con chicas emparejadas. Las había en las que en realidad no llevaban una buena relación, estaban mal con sus chicos y casi casi les importaba una mierda follar por ahí. Había otras que, bueno… follaban casi por la inercia de una noche de juerga, por las drogas… Pero las que decían estar bien con sus chicos solían tener ciertos remordimientos, llegaba un punto donde podía percibir que no estaban tan a gusto.

No sé muy bien cómo tomarme eso.

No, no he querido decir nada malo, todo lo contrario. No es que te vea frívola ni nada parecido, al revés, me da la sensación que la relación que tienes con tu chico hace que no tengas dudas, que tienes muy claras las cosas y que quizá sea por eso por lo que te noto tan relajada. De verdad que es por eso. No pienses mal, y de hecho me encanta.

Juanra se quedó mirándola, intentando acompañar al argumento de lo dicho con la mirada.

A mí me pareces una tía cojonuda, ese chico tiene mucha suerte. Pero tú crees que si se enterara se sentiría engañado? Le jodería?

Claro, supongo. Vamos, si se enterara mañana estoy convencida de que sí, pero si se entera de que un día hace no sé cuanto… una noche de coca… pues supongo que no le molaría pero no creo que fuera una cosa como para que lo dejáramos. Él también hace sus cosas, seguro. Le conozco muy bien, cuando se droga se pone muy guarrete, me propone tríos, fantaseamos… Le mola mucho el porno.

Veis porno juntos?

Claro, pero el porno prefiero verlo yo solita, y él cuando se mete a ver porno sin mí, se mete en páginas de contactos y esas cosas… Yo creo que folla por ahí.

Y a ti eso no te importa?

No lo pienso mucho. Si lo pienso me jode un poco. Pero me jode porque para calmar la sensación de engaño es muy posible que cayéramos en el “pues yo también lo he hecho y más que tu”. Y eso es un rollo feo, como si fuera una competición, a ver quién de los dos ha sido más infiel. Los dos sabemos que ese es un juego muy destructivo, un círculo vicioso que acabaría con la relación. Tenemos muchas cosas en común y muy chulas como para entrar en un juego viciado que no tendría más final que el fin. Además, parece que esto pase con frecuencia y no es así, estamos viviendo juntos y tenemos juntos todos los planes. Pasamos todo el tiempo el uno con el otro, y ocasiones así, que nos separemos un par de días, pasan muy poco. Él ahora está en Barna unos días por un motivo familiar. Apenas nos separamos, pero, vamos, que no es que tenga la sensación de estar atada, pasamos el tiempo juntos porque nos queremos. Supongo. Creo.

—Tú crees que él puede estar con alguien ahora?

No creo. Está en Barcelona por un entierro familiar. No creo que ande por ahí saliendo, de copas… La verdad es que ni lo pienso, y si lo hace pues que se lo pase bien, no como nosotros que nos estamos poniendo de un profundo…

Ambos se rieron y volvieron a besarse.

Me voy hacer otro porro, te parece?

—Venga, va. Háztelo.

Cuando Juanra se incorporó para sentarse, Ron apareció sigilosamente y se subió a la cama. Bostezó relamiéndose, estiró las patas delanteras y como si fuera su sitio en el mundo, y desde toda la vida, se tumbó entre las piernas de Sandra.

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