La gaviota

La gaviota, con su vuelo absurdo y confiado, se volvió a meter en la boca del león, que resultó ser una avispa disfrazada. Y allí permaneció hasta ser vomitada por la tempestad. El tiempo había cambiado y ahora las nubes negras hacían de techo en el bosque, y parecía que la lluvia y los truenos no cesarían jamás.

Había estado tanto tiempo allí dentro que, al hallarse fuera, las alas se le habían dormido. Encontraba numerosas dificultades para extenderlas, y aún muchas más para volar, fin que se había convertido en una quimera para ella. Así, la fatiga crecía más y más mientras la gaviota se rebelaba contra su organismo y su situación, intentando emprender el vuelo con la poca energía que le quedaba. Pero el temporal no amainaba.

El suelo, antes firme y seguro, se tornó en fango inestable y escurridizo. El color de la gaviota era cada vez menos blanco a medida que resbalaba y caía una y otra vez. El barro avanzaba en su pugna por bañarla desde las patas hasta el pico, cambiando por completo la apariencia del animal. Pero la mezcla de tierra y agua no sólo modificó el aspecto físico de la gaviota, sino que también incrementó el peso de su cuerpo y, por consiguiente, las dificultades para moverse. Así, poco a poco, entre rabia, dolor y lamentaciones, la gaviota se fue hundiendo en el fango hasta quedar atrapada.

Pasó el tiempo, pero la actividad cerebral de la gaviota continuaba manteniéndola consciente de que seguía viviendo. La angustia y la pena corrían por sus venas y, con la ayuda de la ira, pusieron la semilla del recuerdo, lo que alimentó viejos fantasmas. La nueva traición del león, que finalmente se mostró como una vil avispa, golpeaba su alma. ¿Cómo pudo llegar a esta situación? ¿Cómo y cuándo saldría? Y, lo más importante: ¿saldría?

Al cazador le extrañó que tras el disparo cesara el mal tiempo, pero no reparó mucho en ello y corrió hacia el animal. Nunca hasta entonces aquel cazador se había alimentado la carne de gaviota, pero después de cocinar y comer a su presa, juró no volver a probarla, pues su sabor era excesivamente salado, tanto que nada pudo aprovecharse y el cuerpo muerto fue a parar a la basura, ya que ni los perros querían comerlo.

Cuando comentó con sus amigos lo ocurrido éstos se rieron y le dieron una explicación: “Es natural que estuviera tan salada, puesto que son animales que viven cerca del mar. ¡Cómo no lo pensaste antes! Lo que debería sorprenderte es haberla encontrado allí.” Al cazador le convenció la explicación y rió con todos, ignorante de que en realidad la sal provenía de las lágrimas que habían salido del corazón de la gaviota durante el largo y tedioso tiempo de su estancia en el lodo… 

…al menos pudo salir.

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