La cara A y la cara B (o Relato de la perspectiva)

Walter Mathaus y Jack Lemmon. Goku y la nube voladora. El Ron y el Coca-Cola. Maradona y el 10. Messi y el Gol. Batman y el Batmóvil. El pan y el aceite. Jimmy y su guitarra. Daniel y el tirachinas. Humphrey Bogart y un cigarro. Carlo Pedersoli y Mario Girotti. Ray Charles y un piano. Paris Hilton y su chihuahua. La cerveza y las aceitunas. Cádiz y el Sol. Serrat y el Mediterráneo. Antonio y Agustina. Igual que todos ellos, así de estrecha, fuerte y extraordinaria era la relación entre un bolígrafo Bic y una cinta de Cassette. Aquellos ochenteros que nos hemos criado musicalmente con el walk-man (me encanta esa forma tan sencilla de que tiene el inglés de crear palabras) enganchado a la hebilla del pantalón, sabemos de lo que hablamos. ¡Cuántas veces pude marear al Subiela en mi cinta de La Ventolera! El niño de la portada de “Use your ilussion” una vez perdió hasta la página del libro que estaba leyendo, y a Santana se le cayó la púa de la guitarra de la de vueltas que le di a la cinta. Pero no he venido aquí para hablar ni de música, ni de los ochenta, ni de cintas de cassette. No voy a hablar si quiera de ¡Mi libro! Quiero hablar de Aeropuertos.

Los aeropuertos son el microcosmos de todos (o casi) los sentimientos que podemos experimentar en nuestra vida. Es como un Zoológico de sentimientos. Están todos ahí encerraditos. Somos tantos y tantos millones de personas los que nos movemos al cabo de un año por los aeropuertos (menos el de Castelló – ¡Grande Fabra!) que es imposible que un aeropuerto no recoja todo lo que un ser humano está capacitado para sentir. Pero al igual que las cintas de cassette, todos estos sentimientos, que son los mismos y universales para todos, tienen dos caras, la Cara A y la Cara B. El mismo sentimiento, diferente perspectiva. Diferente punto de vista. Doble cara. Lo mismo, pero otra cosa.

En la Cara A del aeropuerto hay abrazos. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto hay lágrimas. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto nos damos la mano. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto hay sonrisas. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto hay besos. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto hay caricias. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto nos decimos “Te quiero tanto”. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto nos decimos “Encantado de conocerte”. En la Cara B también.

En la Cara A del aeropuerto sueno aquello de “Ya estamos aquí”. En la Cara B también.

Son todos ellos los mismos sentimientos. Pero no son iguales en una cara que en la otra. Hay una famosa frase por ahí, que dice que el problema no es el problema, el problema es la actitud ante el problema. Todo es actitud. Todo es perspectiva. Todo depende de cómo nos lo tomemos, lo enfoquemos y lo tratemos. Todo depende de cómo lo miremos. En un aeropuerto todo depende de si llegamos por la parte de “Llegadas” o la de “Salidas”. Sentiremos lo mismo, pero una distinta versión, desde otra perspectiva, con otra cara. En un aeropuerto todo tiene dos caras, la A y la B. Como una cinta de cassette.

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Soy 32 años joven y estudié Filología Inglesa. Soy de Puerto Real y a parte de escribir relatos, también soy traductor, principalmente de inglés a español, y profesor de español autónomo (vivo en Manchester). Para pagar las facturas y las cervezas que me tomo trabajo también como camarero en un restaurante. Me considero una persona que sabe muy, muy poquitas cosas, pero las que me se, me las se muy bien, y me gusta aplicar mucho un gran consejo de mi padre: Más vale un porsiacaso que un yomecreía. Me gusta la política pero no me gustan los políticos, me gusta el fútbol pero no me gustan los futbolistas, me gusta mucho más viajar que quedarme en casa, me gusta más hablar con los ancianos y los niños que con los adultos, y me gusta quedarme dormido en la playa.

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