Juanita Trifashion

Juanita Trifashion

La niña es mona pero tonta. Tiene 22 años.

Lleva un vestido de color fucsia con dibujitos de golondrinas negras, sin mangas, con cuello de cisne y la espalda completamente descubierta.  Debajo unos pantis negros con lunares verdes. En los pies, unas botas militares.

Habla de que su última colección (como si tuviera más), la que presentará en la Semana de la Moda, está inspirada en la “primera Madonna”, “la que molaba”.

Los dos chicos que la entrevistan se lo toman muy en serio. Sentados con las piernas cruzadas, iPhone en mano a modo de grabadora y haciendo preguntas de lo más estúpidas. Los chicos, muy jóvenes, poco más o menos como ella, son dos chicos gays con mucho ramalazo. Visten de manera un poco estrafalaria. Ella contesta a las preguntas sentando cátedra sobre el mundo de la moda.

“Hay que hacer algo nuevo”, “romper con lo establecido en este momento no es que sea necesario, es que es muy necesario”, “la moda se debe de llenar de talento y no de gente que no tiene nada que decir”.

Entra su madre, que es una señora “moderna”,  junto a su abuelo y otro chico. La madre y el abuelo van discutiendo.

La madre lleva el pelo muy corto por los lados y por detrás. Por arriba lo lleva como de punta, de color naranja chillón. En la cara lleva más pintura que el cantante de los Kiss. Apesta a cosméticos y colonia barata, como las viejas que se arreglan para ir a merendar al Rodilla y luego al bingo. Porta unas gafas de pasta color verde. Va vestida como si tuviese 20 años, pero pasa por mucho los 40. Los vaqueros, de tiro alto, le hacen una tripa horrorosa y le aplanan el poco culo que tiene. Para redondear su look de mierda se ha puesto una camiseta sin mangas de David Bowie, con un collar de bolas verdes grandísimas que le cuelgan por el poco pecho. Dando con las bolas en los ojos de David. Es fácil imaginar que Bowie está vomitando en el cielo al ver el despropósito de fans que tiene (seguro que a Jesucristo le pasa lo mismo con los suyos. Al igual que Jesucristo vomita al ver los suyos). Anda muy deprisa, como muy segura de sí misma. Haciendo sonar sus botines de tacón alto en cada paso.

—Mamá! Qué bien!

La niña aplaude nerviosa como una lerda, da palmaditas y sonríe achinando los ojos. La señora moderna se acerca y saluda dando un pico a la hija y dos besos a cada chico.

—Hija, estás divina! Te he traído a Antonio, bueno Tony, uno de los mejores fotógrafos que hay. Tiene no sé cuántos seguidores en Instagram. Ya verás qué bien. Qué tal la entrevista? Chicos, ya sabéis que me tenéis que enseñar lo que vais a poner antes de publicarla.

—Está quedando de maravilla —dice Ricky, uno de los entrevistadores—. Se nota que tu hija es muy madura para la edad que tiene. Es una diva!

—Qué bien, hija! Mira lo que dicen. Vas a tener un éxito wonderful.

Juanita Trifashion

La niña mira al abuelo. Un hombre mayor. Ronda los 65 años. Es un hombre con mucho estilo, elegante, bien cuidado. Pelo cano peinado hacia atrás. Americana oscura, camisa blanca, buenos zapatos, buen reloj. Pero se le ve amargado. Uno de esos hombres que seguro que han triunfado en la vida pero que se creen que la vida les ha tratado mal. Que se merecían más. Habla continuamente por el móvil, despotricando. “Dile que me haga caso o lo jodo vivo. Cómo se atreve? Su programa no vale para nada. Quiero que haga el piloto de lo que yo le mandé. Quiero audiencia. Un programa para putos analfabetos. Que lo vean las amas de casa, las viejas, las menopáusicas de mierda y los maricones. Quiero un programa para maricones. Que se hable de cotilleos, de folletear, de chorradas. Quiero gente poniéndose a parir por gilipolleces. Quiero tíos vacíos y tetas de silicona. Quiero que los maricas no paren de hablar del programa. Que se llenen las redes sociales de maricas poniendo comentarios sobre putas y tarugos, eso es lo que da audiencia. Que se deje de moralidades o me busco a otro. Dile que me haga caso o no vuelve a trabajar en televisión en su puta vida”…

Los jóvenes ajenos a lo que dice el abuelo continúan.

—Mira, Ricky, este es mi abuelo. A que está muy bien? A que sí? Para ser un hombre mayor…

Ricky contesta mordiéndose el labio inferior.

—Cari, tu abuelo es lo más. Se ve que ha sido un chulazo, tiene mucho flow.

La madre se acerca a la barra y mirando a uno de los chicos le pide una copa.

—Me puedes poner un Cointreau con naranja? Papá, tú quieres algo? Quieres un whisky?

—Perdona, reina, pero no puedo. Es que a estas horas no tenemos hielos todavía. Las máquinas se ponen por la tarde. Cuando se vaya abrir el local. Mi jefe me ha dejado abrir solo para las fotos. Pero te puedo poner un vinito.

–Ah, qué pena. No lo sabía. Pero gracias, vino no quiero.

La madre y el abuelo se ponen hablar mientras Tony empieza hacer las fotos.

El abuelo pregunta para qué “medio” es la entrevista.

Nacho, el otro chico, le dice que para una web que se llama Juanita Trifashion.

El abuelo resopla, aparta a la hija cogiéndole del brazo y le dice:  

—Espero que todo esto valga para algo. Tu capricho de que la niña sea diseñadora me está costando un huevo.

—Pero qué pesao eres, por dios! Para qué quieres el dinero?? Si te sale por las orejas! Lo que tienes que hacer es hablar con tu amigo de Telecinco y que hablen de ella en su programa o que la entrevisten. La pueden coger de estilista…

—Ya le hice un comentario y cuando le enseñé las cosas que hace la niña me dijo que tenía que pulir todo un poco más. Que estaba muy verde. Pero la sensación que me dio fue de que le horrorizaba… Eres la única que ves a la niña preparada para esto. Y, te aviso, no pienso poner más dinero en esto. Ni un puto duro más. Oído?

Juanita Trifashion

La madre continuó.

—Mira, tu amigo no tiene ni idea, sois unos carcas. Por mucho que te empeñes no vas acabar con la ilusión de mi hija.

—Ni tú con mi dinero —replica el abuelo— Que a la niña le acepten en el desfile me ha costado un patrocinio de más de 30 mil euros. Y preparar el suyo otros tantos. Y ahora resulta que todas esas fotos y entrevistas que me decías son para páginas de mierda que no lee ni dios y que no tienen ninguna repercusión. Yo te aviso. Una y no más.  No me pillas en otra.

Aggggg… Qué hombre!! Le quita a una las ganas de todo. De verdad como eres.

A todo esto la niña posa para Tony, que no para de corregirle las posturas, los gestos.

“No pongas los labios así”, “no hace falta que te pongas tan teatral”, “no saques tanto el pecho”, “ponte más natural”.

—Hija, haz caso a lo que te dice Antonio, que es un buen profesional.

—Me voy —dijo el abuelo—.

—Yayo, ya te vas?

—Sí, hija, tengo cosas que hacer. Tú concéntrate en las fotos.

El abuelo se acercó a la madre y mirándola casi con desprecio le dice:

—No es que no crea en la niña, es que creo que estás obsesionada. Quieres que la niña tenga éxito por cojones y me aterra que la conviertas en un juguete roto. Me aterra que le hagas tener ilusión. El éxito se consigue, no se compra. Deberías enseñarle que las cosas se consiguen con esfuerzo, con trabajo. Dios quiera que no la conviertas en un títere.

—Cada día estás más viejo gruñón. A ver si te echas una novia que te quite la mala leche.

—Deberías haber aprendido a no cometer el error que yo cometí contigo. Darle todos los caprichos sólo la pueden llevar a que sea como tú. O sea, nada.

Las ilustraciones que acompañan a este relato son de Falansh de la Sierra.

bluebird Comunicación
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