Hija, el juego

Hija, el juego, principal

Me preguntas, ninfa aún niña,
si me apetece o me importa
sentarme a jugar contigo
durante la tarde prendida
de oquedades sin misterio:
tú bien sabes que me duelen
hasta el dolor y la vida,
mas tal punto ahora no importa,
porque callas, sin preguntas
que a contestar no me atrevo.

Hazme un sitio aquí, a tu lado.
Extiende el tapete y saca
esos naipes arrugados,
o los dados viejos que
aguardan la mano inquieta
que los hechice y esmere,
o algún nuevo cachivache
con los que pasáis los días
los púberes del decenio.
Torpe y viejo ya me encuentro
para aprender sus tortuosas
reglas, y los rudimentos,
o pulsar la tecla exacta
del mando de iris pleno:
enseña a tu padre imperfecto.

Artículo anteriorLos másteres, la ‘titulitis’ y el humo
Artículo siguiente¡Qué emoción! Vuelven los cazafantasmas
Granadino nacido circunstancialmente en Melilla y actualmente residente en la provincia de Cádiz, soy filólogo por la Universidad de Granada y profesor de Enseñanza Secundaria y Bachillerato. Me dedico a la escritura, en todas sus expresiones y formas (particularmente poesía y relato, que son los lugares donde me encuentro más cómodo) desde la infancia, hace unas cuatro décadas. Aun así, nunca he deseado publicar nada hasta hace menos de un par de años (voy sin prisas a lo largo del camino y me prodigo muy poco de cara al público lector, pero esto, esta extraña "timidez-introversión", está siendo corregido...).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here