Estar contigo sin ti

contigo

A Paula Muñoz

La primera vez que te vi lo supe. Supe que me iba a enganchar a eso de estar contigo. Pero de eso hace ya tanto que casi ni recuerdo cuándo decidí estar contigo sin ti.

Al principio fueron tus facciones, después tú. Quizá me esté adelantando al contarte todo esto, Natalia, pero mi vida hasta la fecha ha sido en exceso barroca, casi churrigueresca: mucho adorno, muchas vueltas a todo y demasiadas filigranas. Todo con tal de no afrontarte. Todo con tal de seguir viéndote en el trabajo sin temor a una derrota.

La fotografía que me presta María contiene todos los requiebros y los adornos de los que te hablo. Sí ya sé que la imagen es cruda, pero más cruda es mi vida contigo sin ti. A María supongo que también le conmueve la imagen. Fíjate que incluso me facilita la labor al sugerirme cinco palabras: pájaros, alas, dolor, tierra, nubes. Menos la tierra —que, lógicamente, inferimos— el resto de imágenes sí están presentes.

Todo es nebuloso, difuso, sombrío. Sí, todo es nebuloso. A mí, de las acepciones que incluye el diccionario de la RAE por “nebuloso” me encaja la tercera: “Falto de claridad o difícil de comprender”. Quizá sea debido a que es la más abstracta, la más humana; en definitiva, la más difícil, la prácticamente imposible de comprender y aprehender. Sin embargo, cada vez que miro la instantánea percibo con mayor fuerza los contornos alados que rompen el tedio. Sí Nata, mientras los pájaros tengan alas y vuelen siempre podré creer, y al creer seguir sufriendo con crudeza por estar contigo sin ti.

En la imagen, la línea que rompe la unidad, de forma ascendente y de izquierda a derecha, produce dolor. Un dolor soterrado, hundido en la tierra, que inevitablemente choca con la esperanza que vislumbramos entre las nubes. Porque esos cúmulos grisáceos rezuman luz, rezuman verdad frente al cableado eléctrico que divide en dos la fotografía, y a mí me separa de ti.

Siempre me costó decir. No ya lo que siento; siempre me costó decir. En estos casos sueño con ser un personaje de Kaurismäki en ‘Nubes pasajeras’, o de Bolaño, y no tener que decir, porque en sus obras lo importante tarda menos en decirse, en prefigurarse que lo que tarda en apagarse el sonido de un chasquido de dedos.

En su relato ‘El retorno’, Roberto Bolaño da cuenta de la necrofilia de Jean-Claude Villeneuve, el más grande modista de Francia. En el cuento del escritor chileno, el protagonista muere de un pinchazo en el corazón a eso de las cuatro de la mañana en una discoteca de París. De hecho, el relato es el de un fantasma, un espectro que vive en primera persona cómo dos celadores escabullen su cuerpo de la morgue para satisfacer los deseos enfermizos de Villeneuve. Y el más grande modista de París paga, y paga bien, por tener a su entera disposición cuerpos yacentes con los que dar pábulo a sus fantasías. Y ahí reside el embrollo, en la acción. Bolaño no juzga, describe lo que pasa. Así las cosas, al final del cuento el modista parisino trata de justificar lo que acaba de hacer, ya que entabla conversación con el protagonista muerto. Pero qué más da lo que nos diga, qué más dan sus razones: lo ha hecho.

Y esa es mí sensación para contigo: que ya hubiera o hubiese hecho bien, ya hubiera o hubiese hecho mal tendría que haber hecho. Porque el deseo de no hacer daño a nadie, la razón para no entrometerme en tu vida, encubre el oculto deseo de que nadie me haga daño a mí. Pero sin daño no hay vida. Sin embargo, quiero que sepas que estando contigo sin ti, Natalia, he sido moderadamente feliz mientras tú aparentabas felicidad. Tú estabilidad era la mía.

No hace falta que digas nada. Total ahora ya lo sabes. Tarde pero lo sabes. Ya sabes que desde la primera vez que te vi lo supe. Supe que me iba a enganchar a eso de estar contigo. Y estar contigo provoca dolor, aquí en la tierra como en el cielo. Ahora que te vas lejos; ahora que la distancia que nos separa mide océanos; ahora que la brecha en tu pensamiento crece con la distancia y el olvido no puedo dejar de decirte que estar contigo sin ti mata, pero como la vida, de poquito en poco.

Las imagen que acompaña a este texto es de María López Castellanos.

bluebird Comunicación
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