En un balcón de un primer piso de la calle de la Luna

En un balcón de un primer piso de la calle de la Luna asoma Adela. Fuma un cigarrillo de liar.

Dentro de la casa está Jorge. Están en plena discusión. Jorge se ha enterado de que Adela ha estado follando con otro.

Jorge y Adela se tienen por ser una pareja moderna. No muchas ataduras, no muchos convencionalismos, vidas juntas pero no revueltas, vacaciones separadas, salidas independientes, planes no necesariamente en pareja. Comparten gastos comunes pero no sueldos. Presumen de ser «liberales», de haber hecho intercambios de parejas, de tolerarse infidelidades, de haber sabido ampliar ese contrato que es la fidelidad.

Adela entra en el saloncito con los ojos llorosos. Está confusa, tal vez arrepentida, quizá avergonzada, pero sobretodo está apenada.

Jorge está nervioso, mira la tele sin mirar. Hacía tres meses que no fumaba, pero hoy a la tarde tuvo que bajar a por tabaco.

Lo siento tío, lo siento, no sé qué más decirte. Estaba pedo, no sé ni cómo paso. Lo siento, joder, ¡lo siento!

Jorge sigue mirando la tele, sin querer mirar a Adela, que entre lágrimas busca la esquiva mirada de Jorge.

Joder… No pensé que te lo fueras a tomar así, te prometo que…
¡Vale ya, tía! Prefiero que estés calladita, que me dejes en paz.

Adela se acerca, pero Jorge la hace un desaire y se recuesta en el sofá.

Tú hace dos meses te follaste a la Sandra esa y yo no me puse así.
¿Cómo? ¡Estás flipando! – dijo Jorge sin apartar la vista de la tele – ¡Chema es un conocido! ¿Entiendes? ¡Un conocido!
Pero tío, ¿qué más da? No te pongas así, solo ha sido un polvo, un puto polvo.
Me siento traicionado.
Sabes de sobra lo que hay, sabes que solo fue un polvo.
¿Un polvo? ¿Un polvo? No Adela, no. No es un polvo, son muchas más cosas. Lo hemos hablado mil veces. Conocidos no
¿Pero qué reglas son esas? ¿Por qué tienen que ser tus reglas? No lo entiendo, cuando tú quieres si, cuando tú quieres hacemos lo que a ti te apetece.
Mira tía, déjame en paz, no quiero seguir hablando ya del tema. Por primera vez Jorge miró Adela con cara seria, casi de desprecio. Sabías de sobra lo que hay, ahora déjame tranquilito un rato.
¿Pero qué más da? Joder tío, ¿qué más da? Adela trataba de hablar, pero Jorge no la dejó.
No da igual, Adela, lo sabes, me suda la polla que te folles a quien quieras, me la suda. Pero no a conocidos, esa era la única condición. Conocidos no.

Jorge se levantó y desde la cocina le pregunto a Adela si quería una cerveza. Adela le dijo que sí, y sintió un pequeño alivio por ese mini gesto que de alguna manera les acercaba un pelín.

Perdóname tío, de verdad, perdóname le dijo Adela cogiéndole la mano a la que le acercaba la cerveza.

Jorge dejó que ese toqueteo de mano durara lo justo para hacerle ver que su enfado no era infinito, y lo justo para que sintiera que no quería estar en contacto con ella, que estaba dolido, que estaba sin muchas ganas de roce físico.

Jorge retiro la mano de Adela y abrió la lata de cerveza.

Me siento jodido. Siento que la has cagado. Siento que «nuestra complicidad» se ha jodido.
Pero Jorge tío, de verdad, no lo veas así, ha sido un polvo, una mierda de polvo.
No, no es el polvo, es el hecho de que ahora hay alguien de nuestras vidas que se ha colado en «nuestra» intimidad.
Pero tío… que no se va a enterar nadie, que no nos vieron irnos.
Me la suda la gente, me la suda. Te acuerdas del año pasado en tus vacaciones, ¿cuando te follaste al francesito ese de veinte años? ¿Te acuerdas? Me la sudó, ya sabes qué opino de eso, para mí no fue una infidelidad. Lo peor es cómo me miraban tus amigas y amigos, como si fuera un puto ciervo cornudo. ¿Y sabes qué? Me daba igual. Yo los miraba desde ese fuerte que tú y yo habíamos creado. Mirándoles con un punto de superioridad, como quien sabe que sabe lo que ellos no saben. Y me daba igual que creyeran que me lo había tomado bien porque en realidad tú y yo no nos queremos ante los ojos embusteros y falsos de ellos. Todos quisieran hacer lo que tú y yo hacemos, todos se mienten para hacer lo que nosotros hacemos. Los unos y los otros se engañan de continuo. Buscan sexo en otras partes y se lo callan. Por eso creí que éramos especiales, que entre nosotros no iba a haber mentiras, teníamos licencia de dar rienda a nuestros cuerpos, a nuestros deseos. Usábamos a quienes se metían en nuestra cama como si fueran juguetes. Podía verte con dos pollas en la boca y en todo momento sabía que no me estabas engañando, que esas dos pollas me estaban dando tanto placer a mí como a ti. No eran más que parte de nuestros juegos. No tenían ni pasado ni futuro, no tenían nombre, ni edad ni nada, solo chicas y chicos con los que follábamos, así, sin más.
Lo siento, de verdad que lo siento.
No me vale, tengo que aceptarlo, pero no me vale. Me siento violado. El hecho que sea un conocido me hace dudar de ti, de si habías tenido deseos antes, de si esta será la primera vez. ¿Y si él te tenía ganas, y si se lo ha estado currando para que pasara? Me pregunto con qué cara nos miraremos la próxima vez. Como te mirará a ti, como me mirará a mí…
Que no, tío, que no, que estábamos pedo… que casi ni me acuerdo. Seguro que él está mal también.

En ese momento, Jorge sintió una puñalada, le dolía que ella tratara de disculpar a Chema.

Es un puto baboso, lo sabes. Siempre ha pensado que eras una guarra por hacer tríos, intercambios… Siempre pensó que eras un putón, siempre estuvo al acecho y ahora… Ahora vas tú… Me da asco pensar en la de pajas que se ha tenido que hacer pensando en follarte. Lo siento, tía, pero me muero de asco. Que hayas caído así, que sucumbieras a las artimañas que seguro que lleva tiempo planeando. Lo siento, pero ahora lo que tengo es asco y dolor. Me hace pensar que eres tonta. Te me has desfigurado, ya no sé cómo mirarte. Es posible que tú no lo veas así, pero estoy muy decepcionado y desengañado. Ni tú, ni tu pedo, ni tu calentón habéis estado a la altura, te has dejado llevar… Me mata, tía. Lo siento.
Que no, que no fue así, que pasó sin más.
¿Sin más? Sólo sé que te miro y ya no te veo igual.
Joder tío… Ya verás cómo no es así. Lo estás viendo todo de muy mala manera. Seguro que no lo tenía planeado.
Eso es algo que nunca sabré, ni yo ni tú.
Ya lo verás Jorge, ya lo verás.
Da igual, tía, el daño ya está hecho.
Jorge… Por favor… Perdóname
—No sé… No sé… Me siento violado. Ahora hay alguien que sabe cómo gimes, cómo la chupas, alguien que sabe cómo es tu culo a cuatro patas, las cosas que te gustan, cómo tienes las tetas, a qué te huele el sexo cuando follas, alguien que se ha corrido encima de ti, o en tu cara, yo qué sé, no quiero ni saberlo. Y ese alguien está ahí, ahí al lado, está en este viernes, o en el sábado, está en el cumple al que vamos el martes… No quiero ni pensar…
Joder, cariño…
No me llames cariño.

Jorge se levantó, se puso una camiseta. Miró a Adela moviendo la cabeza de lado a lado en gesto de negación, se echó al bolsillo el tabaco y el mechero y se fue.

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