El regreso

Se destapó la guarida, los pensamientos fluyen, salen abotagados, deslumbrados, desorientados, carentes de rumbo, entumecidos pero con el deseo de huir, de correr a la civilización. Esta vez han estado presos más de una década. Presos en una cárcel imaginaria, sin ver la luz, sin experimentar la libertad para cruzarse con otros, para formar parte de una tertulia, para engrosar ese principio de libro que comencé en más de mil ocasiones y que nunca fue parido en un inmaculado papel. El miedo a la crítica, la falta de orden en mi mente, la apatía, la desesperación por no encontrar la puerta y dejar atrás la angustia dejaron mis ideas, mis poemas, mis pequeños experimentos de ensayos guardados en lo más profundo de mi subconsciente.

Hubo noches de desvelo en que me sentía afortunado y a oscuras imaginaba que redactaba frases, buscaba más ideas y las preparaba para salir, pero al amanecer caía en profunda ansiedad y no intentaba ni coger la pluma. Por cierto hoy al utilizarla la cargué de tinta, dura y desaprensiva se deslizaba con aspereza por la cuartilla, me increpaba, me transmitía su desprecio, manifestaba su indiferencia ante mi logro de querer escribir. Obediente ha ido garabateando los grafos de una mano temblorosa, que no sabe cómo empezar esta nueva aventura, la aventura de escribir, de comunicar, de ser creador de historias, se secar sentimientos y emociones en una humilde hoja de papel.

Creo que he olvidado los signos de puntuación, el uso correcto de verbos, conjunciones, adjetivos, pronombres, adverbios, ahora toca reciclaje.

No sé si esta tarde después de pensar muchas veces en escribir, estoy edificando los cimientos de una nueva época, o estoy metido en una nueva ensoñación de ser escritor de nada. Será mi vida real o el trampantojo que hace ese efecto óptico de sentirse bien, admirado, seguido.

La vista ya comienza a nublarse, es normal estoy acostumbrado a mi portátil con tipografía grande, ahora esta vieja mont blanc escupe letras pequeñas, mal trazadas e informes. He perdido hasta la mala caligrafía de la que siempre hice gala. Es cierto, los Salesianos lo intentaron pero no consiguieron más que mi escritura fuera legible para poderme corregir los exámenes.

Bueno redimido de mi culpa, contento por haberlo intentado, dejo aquí mi preámbulo de lo que espero que sea mi pequeña sucesión de escritos.

Mi alma empieza a sentirse más libre, mi angustia prepara ya su maleta para marchar, los fantasmas del pasado se esfuman, esta tarde fría de enero me parece la mejor tarde de mi vida. Bueno el mejor recuerdo reciente de un momento mágico.

Espérame no tardaré tanto en seguir esta sucesión de escritos, siento que todo comienza a cobrar sentido.

Mañana releeré esto, si supera la inquisición de mi pensamiento, será el prefacio de lo que espero que sea mi pequeña contribución a la literatura.

Hasta pronto querida pluma.

El Caballero Audaz

                                                   Tarde de  enero de 2015 en la soledad de mi casa en Pozoblanco.

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El Caballero Audaz, es un homenaje a un escritor y periodista cordobés ( José María Carretero Novillo), gran entrevistador y un poco liante en su época. Todo lo contrario a mi persona, sencillo, sobrio y sin deseo de reconocimiento, pero con la necesidad de que alguien lea lo que escribo. Lo cierto es que escribir en esta comunidad sin normas ni reglas me relaja. A partir de ahora me dedicaré a buscar esas ideas que se ahogaron en el subconsciente, será mi terapia de rehabilitación al mundo normal.

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