El chófer

Pasan unos minutos de las once de la mañana.

El día es soleado.

Me han dejado avisar para que alguien venga a buscarme. Llamé a mi hermano. No quiero ni pensar en la que me espera cuando llegue a casa.

A la salida de la comisaría hay varios periodistas. Pero a mí no me hacen mucho caso. Apenas advierten mi presencia.

Mi hermano está apoyado en su coche. Viene hacia mí. A su lado está Mónica. La abogada. Ella espera en el coche.

Creí que iba a derrumbarme.

Todo el día y toda la noche en vela en la celda.  Comiéndome la cabeza.  Toda la noche muriéndome por un poco de afecto y ahora el abrazo de mi hermano me deja frío.

Siento vergüenza. Mucha.

—Qué tal? Cómo estás?

—Mal. Estoy mal.

—Te han tratado bien?

—Sí.

—Te llevo a casa. Alba está en casa. Papá se llevó a los niños anoche.

—Dame un cigarro.

Mónica me da unas indicaciones como que ni se me ocurra hacer declaraciones y que me quede tranquilo. Que contra mí no tienen nada. Simplemente soy el chófer.

Que no tienen nada? Me han jodido la vida y no tienen nada…

Nos metemos en el coche. Al hacerlo salta la radio. Están dando noticias. Mi hermano la apaga de inmediato.

Salimos del centro de la policía de Moratalaz y cogemos la carretera de Valencia rumbo a Rivas.

—De qué te acusan? En una web dicen que había menores…

—Ya. Algo me comentó Mónica. Es mentira.

—Hay fotos… Las ha publicado esa web…

No me lo puedo creer… No sé si tengo ganas de afrontar todo lo que se me viene encima…

—Cómo fue? Te detuvieron en casa?

—Fui a sacar a la perra y dos polis de paisano se me acercaron cuando estaba volviendo. En el portal.

—En principio nos ha dicho la abogada que, básicamente, contra ti no hay mucho. Dice que si colaboras no irás a la cárcel. Tú no te has quedado nada de dinero? La abogada lo recalca todo el rato. Si no te has quedado dinero no hay nada contra ti.

—No, yo no he pillado nada. Sabía que ahí se estaba cociendo algo, pero yo no sabía muy bien…

—Tú básicamente llevabas droga y putas? Y, bueno… Chicos también ?

—Bueno… Supongo… Sí.

—Pero de dinero nada? No saldrá por ahí alguno que para quitarse el marrón te meta a ti en un lío?

—No sé. Pero a mí de dinero nada.

La entrada  de Rivas está atascada. Dentro de mí hay un pequeño alivio. Tengo mucho miedo y mucha vergüenza…

Entramos en Covibar y llegamos al portal.

La mirada de mi hermano me dice muchas cosas.

Percibo su preocupación y percibo que sabe que ahora me toca vivir un momento difícil.

Me da un abrazo.

—Venga, va. Sé fuerte. No te preocupes. Quieres que suba? Subo contigo?

—No, no. Gracias. Voy pa’rriba.

Toco el telefonillo y la puerta se abre sin que nadie haya contestado.

Me miro en el espejo del ascensor.

Tengo mal aspecto. Pero lo peor es el sabor de boca. Tengo la boca sucia, seca.

Miro cómo una lágrima cae estrepitosamente por la mejilla. Como ajena a mí. Como si tuviese vida propia, aunque en verdad es una lágrima impropia…

Respiro. Salgo del ascensor y veo que la puerta de casa está abierta. Entornada.

Cierro la puerta tras de mí.

Echo en falta que salga la perra. Donde estará?

—Hola.

Alba está sentada en el sofá. Se ve que ha estado llorando.

—Hola.

La tensión es insoportable.

—Permíteme que vaya al servicio. Quiero asearme un poco.

Mataría porque se levantara y me abrazara, mataría por sentir algo del amor de mi mujer.

Pero no. La he jodido. La he cagado.

Me aseo y me doy una ducha.

Me gustaría estar solo.

Me gustaría estar solo mil años…

Cuando salgo del servicio Alba sigue en el mismo sitio. Mirando a la nada.

—Lo siento. No sé qué es lo que piensas, pero sea lo que sea asumiré lo que tenga que asumir.

—Tu hijo tiene 15 años. Se ha enterado estando en clase. Por Internet. Se lo han enseñado sus amigos por el móvil. Se fue de clase. Llegó llorando y no quería salir de su cuarto. A la niña la sacaron de clase y fue tu hermano a por ella. No sabe muy bien qué pasa, pero tiene 10 años y no es tonta. Pero Miguel está mal. Con 15 años sabe qué es lo que está pasando. La fotito esa que salís en un jacuzzi con cocaína y chicos jóvenes está dando vueltas por todos los whastapp del barrio.

Las palabras de Alba me destrozan. Cada sílaba que dice se me clava en el alma.

—Cocaína? Desde cuándo? Hacía años que creí que no tomabas. Eso me decías. Putas? Putas menores? Chicos? Menores?

Alba me mira llorando. Está destrozada. Su dolor es total, como si se le hubiese caído un bloque de hormigón encima. Ni pizca de rabia. Es dolor puro.

—Lo de los menores es mentira. Nunca hubo menores.

—Desde luego, muy mayores no son los chicos del jacuzzi.

Quisiera morirme ahora. Así, sin más… Me doy tanto asco que no puedo mantener en pie a la cosa en que se ha convertido mi cuerpo. Me siento en el sofá.

—Así que todas esas noches que me decías que estabais de viaje, estabas haciendo estas cosas? Joder con el consejero! Y parecía tan formal…

—Lo siento. No sé qué decir.

—Ya… Ya imagino que lo sientes… Me pregunto si no me habrás pegado algo. Si habrás tomado precauciones. Has pensando en tu hija? Dios! No sé ni por dónde empezar. Eres bisexual? Desde cuándo te gustan los chicos? Cuánto hace que te drogas? Joder! Siento asco! Asco! Quién eres? Llevo engañada años! Llevas años follándote putas y chicos, en orgías… Te miro y no puedo evitar  ver a un degenerado! Me das asco! Joder…

Alba se levanta y sale del comedor llorando y sin mirarme.

He sentido su dolor. He sentido su odio. He sentido su asco…

La oigo llorar a gritos…

Ahora sí percibo rabia en su llorar.

Todo esto me está matando.

La foto de los niños que hay al lado de la tele se convierte en un espacio muerto al que me es imposible mirar.

Quiero que todo se acabe. Que el mundo se acabe.

Oigo los pasos de Alba que se acerca de nuevo al salón.

Asoma por la puerta.

—Quiero que recojas tus cosas y te vayas. Me da igual que la puta esa de la abogada diga que ahora hay que mostrar normalidad. Que la muestre su puta madre! Es que no te das cuenta de las que has liado? Madre mía…

Alba tiene la mirada perdida.

—Tu hijo me ha preguntado si eres drogadicto. Si eres marica. Si eres gay. Eres un asqueroso. No sé cómo no me ha dado cuenta antes. Me doy asco por haber estado contigo. No creo que pueda volverte a mirar sin sentir asco. Dios mío! Con quién he estado yo?? Qué asco, por dios! Qué tonta! Cómo no me he dado cuenta?! Me siento fatal… Qué  vergüenza! Todo el mundo sabe ahora que mi marido es un degenerado que se montaba orgías con chavalitos jóvenes en saunas! Con droga! Qué asco! Cómo has podido?

—Perdón.

—Esto no es de perdonar. Nos has hecho mucho daño. No quiero verte. Y no sé que voy a decirles a los niños. Pero quiero que desaparezcas, no quiero verte. Por favor, recoge tus cosas y vete.

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