Diario de una despedida (II)

30-9-2015

Esto me parece una soberana estupidez. Ni que fuera una adolescente que tiene que contar sus mierdas sobre chicos, o descargar su ira porque no sé quien le ha dicho no se cual, pero, bueno, lo hago para que mi madre vea que hago caso al psicólogo, para que se esté más tranquila, ella no tiene culpa de nada… Pero yo tampoco, ¡joder! En serio Rebeca, ¿qué cojones se te ha pasado por la cabeza? ¿Cómo has podido dejarme por alguien que acababas de conocer? Eras la persona por la que daría todo, joder, hasta iba a cambiar mis planes de estudios para poder volver a estar juntos…

Pero ya no existe nada y como no existe nada, sólo hay oscuridad, y en medio de esa oscuridad, estoy yo.

Hace una un mes que te fuiste y sigo sin saber nada de lo que sucedió, la gente me pregunta el porqué de nuestra ruptura y no sé que responder, porque me eliminaste de tu vida como a un perro… Después de tantos años a tu lado. No quieres que hablemos nada… No me lo explico. Al menos podías haber pedido perdón.

El día que me contaste que me estabas engañando con un crío se me vino el mundo encima, el corazón se me encogió como cuando estrujas una esponja. No me lo explicaba, y sigo sin explicármelo… Es cierto que llevamos casi cuatro años de relación a distancia, pero no sabía que te estaba afectando tanto… Nunca me dijiste nada. Cualquier cosa que me hubieras pedido la hubiera cumplido… Y ya nos faltaba tan poco para volver a estar juntos.

Ahora suena el despertador, miro el teléfono y no está tu buenos días esperándome… Como tampoco está el buenas noches ni el te quiero… Ni siquiera el simbolito de la mierda del WhatsApp. Enciendo el PC sin ganas, ya no puedo esperar a verte en el Skype haciendo el imbécil… Joder, es que hasta echo de menos discutir contigo, desearía poder tenerte delante y que me echaras la bronca por cualquier estupidez, como solías hacer…

Y todo esto tiene un comienzo, pero creo que eso ya lo dejo para mañana… Ahora debería ponerme a trabajar un poco para varias, pero ni putas ganas… Esa es otra, cambiándome por otro me has dejado en la cuneta, con la sensación de que no soy lo suficientemente bueno para nada, que todos los logros que he cosechado están a la altura del betún. Gracias, supongo.

Aquí puedes leer la primera parte de ‘Diario de una despedida’. 

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