Déjame soñar

Tumbados ya en la cama, él le susurra al oído caricias de amor como cada noche. Ella, va cerrando los ojos con una sonrisa a medias fingiendo que tiene sueño. Porque su sueño es su propio espacio para sentirse y escucharse.

Ella entera es puro entusiasmo, energía viva, que maquina bajo las mantas el modo en que el ser libre que le revuelve las entrañas, aflore del subconsciente para transformar sus utopías en hechos, en vivencias. Que lucha cada mañana contra los lazos de raso rosa que le estrangulan las muñecas para atarla con amor y cuidados a la soga de la costumbre, los polvos a medio hacer y la comodidad del sofá.

Y mientras duerme entre algodones se adormece ella, su fuerza, su risa… Esa que sale de vez en cuando a pasear bajo la lluvia para sentir que es libre, que siente, que aspira cada rincón de callejones sucios y disfruta de las miradas fugaces que se cruzan en sus pasos.

¿Estoy despierta? ¿Duermo? Se dice mientras se despierta otra vez atada a los mismos lazos de raso rosa que compró para hacerse un vestido de princesa… Sin saber, pobre inocencia, que armarían los grilletes de las cadenas dulces que con susurros y promesas no le dejan volar, no le dejan ser, no le dejan brillar.

Pero mañana será otro día, y los sueños nocturnos prometen sumergirla en un trance que vibra con la vida misma… Su existencia conectada a otras almas, como la suya, que son la esencia misma del lenguaje del universo hecho de señales improvistas, no anotadas en la lista de la compra, que se leen instintivamente sin quererlo bajo una lluvia que moja y duele de frío, que promete libertad y sueños de callejones llenos de gatos que maúllan y se desgarran a la luz de la luna.

Mañana será otro día… Y un día de estos romperé los nudos de raso rosa, por desgaste y por coraje. Un día los romperé… Se confía a sí misma, y mientras tanto sueña utopías posibles de una vida suya al fin, de una tormenta que crece en ella y anuncia tempestades de rebeldía.

Mañana romperé los lazos, mañana será otro día… Ahora sueño que duermo despierta. Déjame ser feliz entre nubes de algodones. Las caricias ya me duelen, los lazos me estrangulan, por favor déjame soñar, déjame vivir.

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Educadora social porque la pedagogía social y libertaria es el camino a la libertad responsable, antropóloga para cuestionar, criticar y salirme del plato con la razón científica en la mano, y complejo de periodista autodidacta aún por despertar. Jarota, saharaui, cordobesa, palestina, sevillana y adoptada taruga.

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