Cuestión de cojones entre jóvenes

en clase o fuera
solía molestarme
un niñato ejemplar
pronunciando mal la erre,
inventándose a voces
que yo tenía sólo medio huevo.

desde la clase A hasta la F
fueron enterándose y creyéndoselo,
así que tuve por cojones
que citarle sin falta un día
tras la última hora matinal.

mi fama no era popular
entre violentos o vengativos,
pero al mierda de disculparse
se le pasaron todos los turnos.

teníamos 15 y éramos
casi igual de altos y tirillas.
aparecimos puntuales
ante la entrada ya con público
casi todo de su parte;
me sujetaron las gafas,
a él la fanfarronería
y a ambos las mochilas.

sin que nadie contara hasta 3
nos dimos los primeros puñetazos.
acertó en mi esternón 3 o 4
y otros tantos yo en su mentón.
pisábamos barro y hojarasca
junto a gilipollas de todo tipo
berreando gilipolleces.
la puta cosa estaba igualada
en una maraña de odio absurdo,
y el mío hacia su sinrazón
súbitamente me vitalizó:
hundí una bamba en barro
y acerté de pleno en sus cojones.

quedando todo
en poco más que moratones
dio cierto público
por medidas nuestras fuerzas.
nos separaron,
nos largamos por lados opuestos
y pasó desde entonces de mis huevos.

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