Cuando el silencio es peor que el ruido

Otra vez más, otra decepción, ni siquiera en eso has sido diferente.

Busco motivos para no salir corriendo y todos los motivos me convierten en un hombre mucho más débil. En alguien que no tiene valor para dejarlo.

Si lo tuviera, hace semanas que serías un recuerdo, un mal recuerdo.

Por eso la debilidad, porque todos y cada uno de los pensamientos que me llevan a seguir llamándote tienen que ver más con mis miedos que con tus virtudes y eso me hace pensar que evidentemente la culpa es mía, pero la verdad es que me tengo más miedo a mí que amor a ti.

Porque el miedo a mí mismo, a mi desarraigo,contra el  raciocinio es talque, a veces, la cabeza no encuentra soluciones y las pocas que se me ocurren de verdad son tan fuertes que soy incapaz de pensar en ellas más de un minuto. Son terribles.

Siempre es la gota que colma el vaso.

Siempre tengo el vaso lleno, siempre voy con la escopeta cargada. Cada día me siento peor persona y en ello no quiero darte ningún protagonismo. No te lo mereces.

Tu contribución a mi abismo solo tiene el nombre de unos pocos meses.

Eres tan efímera como tus muestras de afecto, como tu cordura.

Podría tirarme un buen rato contando cada una de tus salidas de tono, de tus desplantes, de tu falta de tacto. Pero no merece la pena. No voy a dispararte ni un reproche.

Reprochar tiene algo de corrección, y yo no he venido a corregir a nadie.

Uno reprocha por la búsqueda de un espacio común. Como intentando condicionar al otro para que cambie, para que se acerque a lo que uno mismo cree que es lo bueno y lo malo.

Reprochar, condicionar, cambiar…seré yo, pero a mi entender todo eso está tan lejos del amor…

Así que ahora me encuentro de nuevo en ese espacio en el que solo estoy yo. A pesar de que aún estes aquí.

Tengo que comer con esa agria sensación de que estoy contigo porque no soy capaz de estar conmigo. Qué locura!Qué cobardía!

Me siento cansado. Cansado de que esto se repita cada vez que el amor aparece en mi vida.

Ojalá pudiera vivir sin amor, pero estoy tan mal hecho que me es imposible. Hay quienes dicen qué es y que no es amor. Yo la verdad nunca lo tuve muy claro. Lo único que tengo claro es que cuando me siento lleno de ganas, de sentimientos que me llevan a sentirme más cerca del mundo, aparece el dolor demasiado rápido. Y me hunde.

Si pudiera pasar página de una manera frívola lo haría, pero no sé.

Quizá sea parte del ser enfermizo con el que tengo que convivir cada vez que la palabra amor se cuela.

Aunque tengo que reconocer que mientras dura el hechizo soy mil veces mejor de lo que soy.

Pero todo se torna rápido y aparecen las primeras flechas que aun dando en el blanco ya no hieren.

A qué velocidad someto al amor para que la rutina aparezca en apenas unos meses.

Empiezas alejándote por dentro, aunque por fuera sigas dando besos y pollazos.

Sientes un crack del que sabes que no hay retorno.

Empiezas a imaginarte una nueva vida, otra vida, quizá la vida que nunca llevarás.

Entonces su voz suena tan lejos que respondes con automatismos…

Pero ahí sigues, sujeto a la cobardía de que llegue a casa y no esté. De que el silencio sea peor que el ruido, que los desaires, que la frialdad. Que en el silencio oiga a mi voz todas esas cosas que me arrastran a lo más pueril.

Siempre me fue difícil alejarme. Nunca supe sustituir, yo más bien implantaba. Así que todo se ha convertido en un saco de mierda del que me tengo que deshacer y eso es algo que nunca se me ha dado muy bien.

Supongo que el poco gobierno que ejerzo sobre mi vida me llevará a que cada día me sea más difícil la comunicación y acabará, como siempre, en un portazo que me dejará igual de mal que estaba. Tampoco será especialmente malo.

Y entonces tendré esos días en los que me sentiré con la exaltación de un adolescente, aunque la mía provenga de un par de rayazos.

Llegarán las noches comiendo techo pensando que un día de estos me va a dar un ictus, o una taquicardia chunga. Volveré al mañana lo dejo…

Así que no creas que tu portazo me va a romper el corazón, es mucho peor.

Tu portazo me dejará a solas conmigo mismo.

bluebird Comunicación
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