Cosas II

Cuando llegamos al piso
prácticamente todas
las piezas de la vajilla
tenían un desconchón.

Los platos llanos, todos.
De los hondos se salvaban
dos de seis.
De las únicas dos tazas,
a una le faltaba el asa,
a la otra un trozo en su borde.
(Eso sí que era un verdadero desconchón).

Pues bien,
anoche les tomé cariño.
A las imperfecciones,
a las faltas,
a los golpes que tenían.

Me recordaron a nosotros.
Esas dos tazas.
Y les tomé cariño.
Por empatía,
acaricié sus rotos.

A una le falta el asa,
a la otra un trozo en su borde.

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