El cocinero de la ex-felatriz

cuando alano se fijó por primera vez en la oferta no estaba para nada arruinado por completo. dentro del conejo de su última conquista seria llevaba ya varias semanas sin correrse. entre otras cosas porque ya era su ex. se apuntó en el reverso de la tarjeta de una tienda de discos lo que leyó: «EN UNA CASITA SIÉNTETE A GUSTO POR COCINAR BIEN Y ABRIR MÁS TU TARRO». se lo apuntó todo con letra de niño pequeño; el número de móvil también. se sentó después en un banco libre, se lió un cigarro y empezó a llorar mirándose las venas visibles en sus antebrazos. su llanto no era muy sonoro. luego, sintiéndose mejor, pensó que sus motivos para llorar no eran buenos ni suficientes para llorar; sólo eran los suyos. miró lo que había escrito en la tarjeta, se secó con dedos de las dos manos las lagrimillas y dio un paseo. se cruzó con dos mujeres (una más madura que la otra) acompañadas de un niño y un viejo. miró a los 4 de arriba abajo sin disimulo y después se giró pa ver el movimiento de los culos femeninos. mientras los veía, soltando humo, dos chavalillos muy engominados le adelantaron y no se giraron. alano pensó que el texto de la oferta era como mínimo diferente a los que solía ver, pero que el gato debía de estar bien encerrado. creyó que los engominados tal vez habían follado ya más que él con la edad de ellos y que tal vez por eso ignoraron lo sugerentes que aquellos buenos culos eran. alano acababa de cumplir 33 tacos, medía 1,77 y pesaba 66 kilos. no solía peinarse y más o menos sabía cocinar. =eso de girarse parece que ya no s’ estila. no entiendo muy bien por qué. bah. mariconazos. esas dos, como muchas más, pasan o dicen que pasan de pollas si las tienen gilipollas mientras a mí hay culos, coños, piernas y tetas que siguen pareciéndome de puta madre aunque sean partes de hijas de puta. bah.= tras pensar eso pensó que relativizar la belleza era ya tan típico como tergiversar un mal acto o una mala palabra, al menos en su entorno óptimo para profesionalizarse como gilipollas. tras cansarse de pasear entró en su piso y se jaló 3 espárragos gruesos frescos. pensar en el número de conejos que había jodido respecto a los que quería joder le hizo sentir débil, insensible; un macho insignificante, un número transparente. se asomó al ventanal con otro cigarro encendido en una mano y con la otra le dio la vuelta a la tarjeta. releyó la oferta y llamó. sólo había cocinado en bares cutres. casita podía llamársele a cualquier cuchitril. =bah, a ver de qué coño va esto=, se dijo al oír el primer tono. alano se palpó todo el paquete con la mano que no sostenía el teléfono cuando una voz femenina grave dijo diga. era la tarde de un lunes nublado pero apenas caluroso. los últimos tres años preparando bocatas, tapas y platos combinados habían hecho de él un esclavo espabilado. cuando contestó a las preguntas de bárbara no dijo que lo fuera. le pareció una dama dominante. quedaron pa una entrevista/toma de contacto al día siguiente. el martes a media tarde alano s’ embobó con los labios de bárbara por primera vez. la casita estaba limpia, ordenada y poco decorada. ella estaba preguntándole qué tal se le daban las comidas caseras mientras él miraba su escote justo cuando la limpiadora entró a la habitación, dijo hola, luego perdón y luego se fue por donde había venido dando la sensación de haber entrado sólo para presentarse. sin embargo no se presentó. no entonces. alano tuvo tiempo de apreciar sus curvas y bárbara le dijo que bruna era su nombre. bárbara vio cómo la había mirado, muy atentamente.

– te ha puesto cachondo, ¿no? no hay problema, hombrecillo. puedes mirarla. necesitarás mirar.

alano se ruborizó, le preguntó si podía fumar y ella dijo sí, claro.

– ¿qué quiere decir con eso?

bárbara tenía 44 tacos. bruna 22.

– tutéame, por favor. lo sabrás cuando tengas que saberlo. es mi hija pero le permito ponerse faldas como ésa y más cortitas. hace de limpiadora. bien, entonces: ¿te defiendes con los caldos, purés, pucheros y cosas así?

él dijo sí. las baldosas del suelo eran marrones con puntos rojos de distintos tamaños. bruna y bárbara, yendo sin tacones, medían las dos 1,69. él aplastó la colilla y se rascó detrás de una oreja. ambas mujeres lucían poderosas delanteras. en la misma calle de la casita había una frutería, una pescadería y 2 supermercados.

– con buenos productos puedo hacer que te relamas, señora.
– no te pases de listo. todavía señorita. dime tu edad.
– oh, sí, perdona, sí; señorita. no quiero echarte…
– tu edad, alano.
– ah, oh, sí. eh… 33.
– ¿sueles beber?

el cocinero reaccionó abriendo los ojos ante la pregunta inusual pa él en una entrevista, recolocándose en la silla. ella apoyó más todavía sus tetas sobre la mesa, añadiendo que era una pregunta fácil de contestar.

– bueno… lo normal.
– ¿lo normal? ¿qué es eso según tú?
– oh, mmh, pues… alguna birra, alguna copa. poco más.
– ahá. poco más. ¿y en ese poco más qué entra? ¿entran drogas?
– oiga, ehm, es decir, oye; pero este tipo de pre…
– este tipo de preguntas he de hacértelas.

bruna iba normalmente escotada. su larguísimo pelo castaño era natural y sus tetas también. el cocinero, pa tener sólo 33, empezaba a ser bastante chepudo. los labios de bárbara, estando quietos o moviéndose, eran exageradamente carnosos.

– algo de verde. no mucho.
– ya. no mucho.

la entrevistadora suspiró, cogió aire por la nariz, juntó sus labios, luego los separó tras mirar fijamente a los ojos del chepudo, se miró el escote y le preguntó si le gustaban con un tono casi publicitario.

– oh, ehm… ¿a qué te refieres?

bárbara arqueó las cejas cuando volvió a hablar.

– nene, ¿tú qué crees?
– eh, sí, claro, supongo que sí…
– ¿cómo que supongo que sí? ¿sí qué?
– que, que me gustan…
– ¿que te gusta qué, alano?
– eh, pues ya sabe, eh…
– ¿cómo que eh, ya sé? dilo, no te cobraré por decirlo…
– ah, ya, ya, ja, ja. me lo imagino… pues sus…
– ¿sus? alano, ¿eres gilipollas? antes te he dicho que me tutees. ¿tienes 33 en serio? contéstame a esas preguntas y a ésta también: ¿te gustan más mis tetas o más mis labios?
– joder, ¿he de escoger?
– ¿tú has venido aquí a hacer preguntas? creo que no. contéstame.

a través de la ventana podía verse gente cargada con bolsas del supermercado. de vez en cuando pasaba algún coche con los graves de música simplona a tope. el cocinero carraspeó sin saber a dónde mirar.

– tus labios, señorita.
– vaya, así que más mis labios.
– ehm,, sí.
– ¿mis tetas no?
– ta-también.
– ya. pero menos. ¿por qué tartamudeas, cocinero? estamos conociéndonos. sólo conociéndonos por ahora.
– no lo negaré, bárbara. me gustan tus labios y también tus tetas. pero us.. ehm, es decir, tú… dijiste que escogiera.
– buena respuesta, cocinero. has escogido. eso demuestra personalidad. y me gusta que te gusten. no te preocupes. bromeaba. no te cabrees.

sonrió ella y sonrió él. alano pensó otra vez en el porqué de aquellas preguntas pero no preguntó.

– bien; dime tus apellidos, alano.
– bueno.
– ¿bueno?
– eso es.
– eso no es un apellido.
– sí lo es. de hecho es el primero y el segundo.
– ahora estás quedándote tú conmigo, cocinerito.
– para nada, señorita. alano bueno bueno. no bromeo.
– ¿alguna enfermedad? ¿cáncer? ¿sida? ¿leuce-mia? ¿tuberculosis? ¿sarampión?
– joder con las pre…
– contéstalas, señor bueno bueno.
– limpito. créame. es decir, créeme. perdón.
– muy bien, bueno, ya empiezo a creerme que no eres del todo gilipollas. no del todo. si me lo permites, pa no llamarte bueno dos veces todo el rato te llamaré muy bueno, ¿vale? supongo que estarás de acuerdo… bueno bueno suena… repetitivo, ¿verdad? muy bueno suena un poco más… amistoso. además… llamándote así tendrás más motivación para portarte bien,
¿no?
– bueno… si tú lo dices…
– de bueno nada. muy bueno. o doble bueno. lo que tú escojas. te dejo escoger otra vez, ¿ves? yo también soy buena, señorito muy bueno.
– bien… muy bueno suena bien.
– vale, muy bueno, escucha. aquí la cosa va así: nosotras, bruna y yo, somos chicas caseras. nos gusta estar en casa, comer comida casera y que lo bueno que aquí se haga no salga fuera. al decir esto hablo de la estancia. si decides quedarte nos gustará sentir que estás por aquí, que estás por nosotras, con nosotras. ¿vas pillándolo, no? respecto al papeo no somos exigentes. nos basta con que no nos mates de hambre o con veneno. eso no quiere decir que no notemos cuando a algo le falta sal o azúcar. saboreamos lo que está bueno, señorito muy bueno. si aceptas puedes instalarte en el cuarto grande de la planta superior. del horario no te preocupes mucho. comemos cuando tenemos hambre. tú puedes hacer lo mismo si quieres, tío bueno.

al decir tío bueno bárbara le guiñó un ojo volviendo a mirarse el escote, pasándose la uña de un meñique por el canalillo. el cocinero un poco chepudo tragó saliva antes de atreverse a preguntar por el sueldo.

– mil seiscientos. comamos más o comamos menos. bueno, muy bueno, tú ya sabes cómo va esto de la hostelería, ¿no? ¿qué te voy a contar yo, no? ten en cuenta el alojamiento y claro, una impagable compañía, la de bruna y la mía.
– vaya, bueno, yo espe…
– ¡no esperes tanto! tú piénsatelo. sé que no es un sueldazo pero tendrás paz y espacio aquí, con nosotras. ya verás qué maja es mi bruna. usaremos el mismo lavabo. no creo que te importe, ¿verdad?

la verdad es que el aspecto general de la casita era bastante acogedor. con tal de convencerlo, bárbara se la mostró entera (la casita).

– dígame, ehm, o sea dime una cosa: ¿y el contrato de qué tipo es?
– t’ encantará, en serio. es casi tan bueno como tú. aunque yo lo defino como diferente. indefinido suena un poco feo, ¿no? eso de indefinido a mí me suena poco específico, poco serio, anticuado. y tus labores aquí serán específicas. lo serán.

entraron en las 3 habitaciones de la planta superior, en el baño, en la gran cocina, en el gran comedor y por último en la terraza. bruna estaba hostiando una alfombra contra la barandilla de la escalera de la terraza. al volver a verla junto al polvo se le volvió a poner dura al cocinero. cuando bárbara y él volvieron a estar a solas en el recibidor ninguno de los dos sabía cómo decir adiós. entonces ella le preguntó algo más.

– una pregunta más. ¿vas bien armado?
– ¿cómo? ahora sí que no te entiendo. soy inofensivo.
– eso ya lo sé, doble bueno; pero no hablo precisamente de violencia…

aún con la palabra violencia suspendida en el aire del recibidor, la entrevistadora le palpó el rabo con rapidez, soltura y descaro. él no dijo nada y ella se lo liberó y se lo descapulló sabiendo que podía estar más dura. de todos modos no puso mala cara antes de esconderla donde estaba al cabo de 20 segundos.

– bueno, bueno, bien, bien. ¿podrías empezar mañana mismo por la mañana?

aquella misma tarde ya en su piso otra vez, alano bueno bueno pensó =una oportunidad que da una jodida zorra no deja de ser una oportunidad. me falta saber de qué.= tumbado escuchó un disco de radiohead (the king of limbs), se la cascó un par de veces con ganas y terminó de leerse una novela negra de denis johnson (que nadie se mueva). por la noche recordó el tono de bárbara diciendo =contéstame= y =piénsatelo= dando vueltas sobre la cama. podía ir hasta la casita a pie, ya que estaba cerca, y 1600 era lo que mejor sonaba sin duda alguna, sin hacer ascos a cada palmo de piel tan apetecible de las dos féminas. de las dos que querían sentir cómo estaba con ellas y por ellas. en bárbara había notado claramente que le gustaba sentirse un poco superior, curtida, una irónica tirana bien conservada. 1600, el ambiente acogedor y aquellos dos espectáculos con la misma sangre pesaron sobre él cuando cerró los ojos y se hizo la tercera paja del día imaginándose cuánto jadearía la limpiadora sintiendo toda su polla dentro del coño, allí, de pie, contra la barandilla después de haberle quitado el polvo a la alfombra. se durmió y en cuanto se despertó por la mañana llamó a bárbara diciéndole que se lo había pensado y que contestaba que sí. ella dijo: =vale, muy bien, muy bueno. pues ven ya si no te importa. es decir: ven ya. mi hija y yo queremos desayunar. ya tienes tu contrato preparado. nos alegra tu sí, te esperamos aquí.= él se convenció de que aquello no podía ser mala idea. dijo que les prepararía como prueba un buen desayuno: salmón ahumado, zumo de naranja natural recién exprimido, huevos ecológicos fritos, unas tostaditas de jamón ibérico con mascarpone y plátano canario cortado a dados bañado con chocolate suizo fundido. lo compró todo en el supermercado y preparó un plato con todo pa cada una en la cocina. él no desayunó; les dijo que ya lo había hecho. ninguna de las dos habló tras oír eso. se lo comieron todo lenta y gustosamente. bárbara terminó un poco antes que su hija. le dijo a alano que estaba muy bueno sonriendo levemente y que preparara 3 buenos cafés con leche bien caliente. él le contestó que ya había tomado uno y que no quería más, y ella, sonriendo todavía, le dijo que era de mala educación por su parte negarse a compartir café con dos damas justo antes de firmar su primer contrato diferente. alano se lo tomó sentado junto a ellas en sillas de plástico en la cocina, intentando no sorber. el pelo de bárbara era rubio, bastante más corto que el de bruna y no natural. cuando se acabaron los cafés el cocinero firmó el contrato. leyó lo que ella había llamado especificaciones:

1- el orden y la limpieza de la cocina es cosa tuya. pal resto está bruna.
2- tu ausencia en el hogar sólo estará justificada cuando necesites salir a comprar lo necesario para poder cocinar.
3- tu acumulación deberá llenar la copa pero no colmarla.
4- cobrarás semanalmente y en efectivo siempre.
5- tu actividad laboral dependerá, lógicamente, de que tengamos sed o hambre.
6- podrás, evidentemente, alimentarte siempre que te plazca, pero esperamos que no te atiborres.

eso era todo. bajo esas frases había un espacio reservado pa la firma y la fecha. los datos de alano escritos en la parte superior eran correctos. se quitó una legaña y firmó. después le hizo un comentario a bárbara mientras ella escribía la fecha.

– ehm… la tercera especificación no me ha quedado muy clara.
– no te preocupes, doble bueno, la entenderás pronto, en su momento. será la labor que más t’ encantará. ya verás.

él no supo qué cara poner al escuchar eso y ella se rió. después ella le pidió que le mostrara el comprobante de la compra del desayuno. él lo hizo y cogió la pasta más 30 euros por haberlo preparado, rozándole varias yemas. después se fue a su piso con una copia del contrato doblado en un bolsillo a preparar una maleta con lo necesario pa tener que volver poco. según su contrato, la fecha de inicio era al día siguiente, y al día siguiente se presentó; pero como no tenía especificado un horario, llegó sobre las once de la mañana. en cuanto bruna le abrió la puerta luciendo prendas que le dejaban ver mucha piel le dijo:

– muy mal, muy bueno, empiezas muy mal. ¿hoy no nos merecemos desayunar? pasa.

cuando el chepudo iba a excusarse la sirvienta se giró, dejándole apreciar su muy marcado culo. se calló y la siguió hasta el cuarto donde le dijo bárbara que se instalara. para compensar el error, en cuanto colocó en varios cajones sus cosas fue al supermercado y compró lo necesario pa preparar una buena paella pa 3. cuando terminaron los tres de comer, bárbara se secó despacio la barbilla y las comisuras de los labios con una servilleta de tela. después dijo:

– no estaba mala, doble bueno, pero la sepia estaba un poquitín dura y las gambas eran muy pequeñas.

alano dijo que lo sentía y recogió los platos y los fregó. mientras estaba secándolos sonó el zumbador y bruna abrió la puerta. la escuchó conversar con un tío. el tío entró y bárbara le dejó pasar a su habitación. en menos de 5 minutos salió de la casita despidiéndose secamente. girando el cuello, alano pudo ver durante un par de segundos cómo era el tipo: gordo, calvo y bajo. se fijó en sus manos. una sujetaba un sobre blanco. en la otra le faltaban dos dedos, el índice y el corazón. durante los 2 primeros días de contrato todo fue según los previsto: bruna limpiaba y ordenaba por aquí y por allá; alano compraba, cocinaba y se ocupaba de la cocina, y bárbara, tan provocativamente vestida como bruna, lo supervisaba todo antes y después de llenarse la panza. algunas veces bárbara y alano discutían porque algunos productos tenían el precio inflado o poca calidad, pero eran discusiones civilizadas y alano seguía cocinando tan bien como podía y sabía. lo que no se le daba tan bien era disimular el tremendo deseo hacia las dos mujeres. las dos mostraban sus armas sin cortarse cuando él estaba cerca. y él solía estar cerca de bruna, de bárbara o de ambas. en la casita no solían poner la televisión porque no había ninguna. durante la cena de la tercera noche bruna puso un disco de vinilo de doce pulgadas. estaban cenando sopa de ajo, escuchándolo sin hacer comentarios y sin sorber cuando se acabó la cara a. bárbara le pidió amablemente al cocinero que se levantara a darle la vuelta y le diera un poco más de volumen; sólo un poco. alano dejó la cuchara sumergida en la sopa y se levantó de la silla sin rechistar. se acercó al tocadiscos, levantó la tapa protectora, le dio la vuelta al plástico, acercó con una mano la aguja y pulsó un botón sin fijarse en lo que ponía a un lado. volvió a sentarse y cuando volvió a llenarse la boca de sopa la música empezó a sonar baja de revoluciones, diferente a como estaba sonando. bárbara enseguida se levantó y fue hasta el tocadiscos diciendo:

– doble bueno… lo has puesto a 33 revoluciones por minuto y no has subido el volumen. no me hagas creer que eres un retrasado, por favor.
– vaya, eh… disculpe mi torpeza, alteza. radiohead me pone nervioso.
– no seas tan listillo, no es radiohead.
– pues es la voz del tío de radiohead.
– lo es pero no es radiohead. es atoms for peace.

bruna inclinó el plato para poder beberse sorbiendo la sopa que le quedaba y luego dijo:

– se llama amok, el disco, pa que lo sepas.

cuando acabaron con toda la sopa tomaron tarta de queso no muy casera de postre. entonces el cocinero le preguntó a bárbara:

– si no es indiscreción, ehm… el tipo que vino y se fue esta tarde… ¿quién es?
– uno que no estuvo mucho tiempo aquí; que no pudo con el contrato diferente. un mal cocinero.- dijo bárbara.

cuando bruna se terminó su trozo de tarta dijo buenas noches, dormid bien y se largó a su cuarto. cuando alano estaba recogiendo la mesa, bárbara le dijo déjala ahora y ven conmigo. fueron a la cocina y ella sacó de un armario una coctelera. luego le pidió por favor que cogiera de otro una botella de brandy, una de licor de café y de la nevera un brick de crema de leche. mientras tanto ella cogió del congelador una copa de 18 centilitros y una cubitera con cubitos. luego de un cajón cogió un bote de canela molida y le dijo sígueme, anda. él le hizo caso y entraron con todo eso al cuarto de bárbara. ella se sentó con el bote de canela, la cubitera y la copa en el regazo y él se quedó de pie. alano se tocó la chepa. ella habló primero.

– ¿sabes prepararlo?
– ¿preparar qué?
– un buen cóctel. uno muy especial.
– oh, ehm… bueno, puedo intentarlo.
– espero que tu intento sepa bien.

el cocinero puso las tres botellas y la crema sobre una mesa sin que ella le dijera que las dejara ahí.

– si me dices cómo hacerlo lo haré.
– dentro de la coctelera está el medidor. ábrela y cógelo. hay dos medidas, 30 y 45 mililitros. usarás la de 45. no vuelvas a cagarla como antes con el vinilo. pon hielo. 4 o 5 cubitos dentro de la coctelera. echa una parte de brandy, una de licor de café y dos de crema de leche. ¿vas pillándolo, no? la canela la pondré yo.

el cocinero hizo lo que ella dijo. tras echar la proporción exacta de cada ingrediente dentro de la coctelera la agitó, miró a los ojos de bárbara y la destapó. ella le pidió que le dejara oler antes de acercarle la copa helada. cuando estuvo llena se dio cuenta de que quedaba más en la coctelera. la agitó otra vez con cierto esmero mientras bárbara echaba canela en la copa antes de sorber un poco de brandy alexander. luego el cocinero echó el resto. las baldosas de esa habitación también eran marrones con puntos rojos de distintos tamaños. se vieron vicio en las miradas y bárbara volvió a beber antes de hablar.

– los dos primeros sorbos no son los que más me gustan. ¿sabes por qué?
– n’ idea, no lo sé.
– porque suelen estar faltos de condimento masculino.
– ¿condimento masculino?
– no me gustaría tener que tratarte como a un tontito, alano. a ti tampoco te gustaría. venga, dime: ¿has venido hoy armado?

bárbara lamió a cámara lenta la canela molida dispersa por los bordes de la copa. alano no contestó a la pregunta y ella le bajó la bragueta rápidamente.

– éste es el momento de entender la tercera especificación. ¿te ves capaz de llenarla sin colmarla?

le sacó del todo los dos cojones fuera del pantalón y le masturbó con fuerza. el cocinero no tenía claro dónde dejar la coctelera, así que no la soltó.

– chúpala, anda, zorrón.
– ¿qué has dicho? repítelo.

pero él no lo repitió y ella le pasó la lengua por los huevos; la punta nada más. luego se la pasó por el capullo morado e inflado. luego le cogió los dos cojones con la mano derecha.

– ten cojones y repítelo, anda.

pero no le hizo caso. entonces ella se la meneó hasta que vio que estaba a punto de correrse, sin volver a ofrecerle su lengua. cuando él dijo ya, ya y ella acercó a su capullo la copa vieron ambos varios chorros de su espeso semen hundirse en el cóctel.

– podría habértela mamado pero hubieras aguantado un minuto como mucho. ahora estás empezando a portarte bien, bueno bueno. suéltalo todo, eso es, así. has hecho bien en acumularlo. ¿te apetece un traguito o de verdad esto no es lo que normalmente bebes? yo creo que ha salido más espeso que claro.

horas después, en el cuarto día, por la mañana, bruna picó en la puerta del cuarto de alano.

– vaya, vaya, buenos días, muy bueno. anoche gemiste muy alto. esperaba que resistieras un poco más. a mi madre no le gusta beber sola. supongo que no te lo dijo de antemano. imaginé que durarías aquí al menos 3 semanas pero ya creo que en menos de una te irás. por cierto, buenos días. quiero desayunar. son las nueve y cuarto.

él no dijo nada y la limpiadora dejó la puerta entornada. cinco minutos después salió del catre y preparó el desayuno: 6 huevos fritos para él y ellas, pese a que bárbara no se había desperezado todavía. cuando apareció en la cocina, bruna y él ya se habían comido 4 y los dos restantes estaban fríos y sin ajos. aquella misma tarde alano intentó follarse a la limpiadora pero ella se resistió. no se pusieron violentos y él habló con ella pese al rechazo.

– lo que pasa es que estoy desconcertado. podrías intentar entenderme. de todos modos lo siento.
– nada ni nadie te obliga a quedarte aquí.
– te diré algo: ayer vi unas camisetas tendidas con una frase estampada. ponía algo así como: ningún b r pudo con el c d.
– oh, bueno, ya. seguramente es una d’ esas típicas chorradas en clave de mi madre.
– explícate.
– eh, escúchame un poco, bueno doble. no vivo en la bola de mi madre, ¿vale? puedo intuir. nada más.
– ¿y qué intuyes? di.
– puede ser un aviso pa que no te pases de listo.
– ahora estoy más desconcertado todavía.
– yo solamente puedo decirte lo que se me ocurre, lo que intuyo.
– bueno, pues dime qué intuyes tú.
– intuyo que no le desagradas del todo.
– me refiero a lo que pone en la camiseta.
– ah, a la frase… pues tal vez: ningún borracho rebelde pudo con el contrato diferente.
– ¿en serio?
– ¿por qué no le preguntas mejor a ella? de todos modos, en mi madre hay ciertos aspectos surrealistas a los que no deberías darles muchas vueltas.

poco después, alano, poniendo orden en la cocina, recordó los dos dedos faltantes en la mano del tío bajo, gordo y calvo. recordó también los suaves labios del coño de su última conquista seria. luego recordó también que le faltaban pocos días pa cobrar y que no recordaba haber cobrado nunca antes en efectivo tanto. que no se había corrido antes en un cóctel era cierto. y entre recuerdo y recuerdo se le escapó de las manos un plato que estaba secando. s’ estrelló contra el suelo. cuando bárbara oyó el ruido se acercó a la cocina a ver qué había pasado.

– ¿qué ha pasado, muy bueno?
– ¿qué significa el mensaje en las camisetas?
– ¿qué camisetas? ¿de qué coño hablas?

el chepudo se quedó unos segundos mirando un montón de trozos del plato en el suelo de la cocina antes de contestar.

– ahora vas tú de lista conmigo. y estoy cansándome.
– no está en las especificaciones que puedas hablarme así. ni siquiera tras correrte en mi copa.
– tú te crees que soy un gilipollas obediente y punto. te equivocas aunque estés muy buena.
– en tu puta vida has visto el dinero suficiente necesario junto para merecer tener cerca de mi coño tus labios, pringao.
– oh… resulta que aparte de zorra de mierda también juegas a ser poetisa. también de mierda, claro.

justo cuando ella dijo eso empezó a llover. bruna estaba quitando el polvo de un mueble del comedor, escuchándolo todo. el suelo del comedor llevaba 3 días sin ser fregado.

– dime qué significa.
– ¿qué significa qué, matao?
– la frase en las camisetas.
– me has engañado. me dijiste que no bebías y te crees que no he visto que hay menos brandy.
– iros a la puta mierda tú y el puto brandy, guarra.
– ¡NINGUNO AGUANTA MÁS DE UNA SEMANA, SOIS PATÉTICOS!
– la frase… ¿qué cojones es b r y c d?
– soy una especie de melómana anticuada.
– ¿y eso qué tiene que ver con la frase?
– ningún basurero revolucionado pudo con el
compact disc.

alano bueno bueno se puso las manos en la cabeza, riéndose de lo que acababa d’ escuchar.

– ¡esa bola trágatela tú! ¡yo no!

durante el sexto día, al mediodía, el cocinero chepudo abandonó la casita. pocas horas después de volver a su hogar investigó sin prisas sobre bárbara era. no tardó mucho en encontrar información sobre una película pornográfica un poco sangrienta, surrealista y cutre titulada:

«ningún buen rabo pudo con el coño dentudo».

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Electricista diariamente. Con cierta chispa y tensión restante escritor resultante (poemas, relatos). Autor de los poemarios autoeditados 'Alquilé mi vejiga al insomnio' (2011), 'Otr@s y poco más' (2011), 'Contra los cuerdos' (2012), '¡Estraga!' (2013), 'Color cogido' (2014), 'Nada sonado' (2014), 'Sed a tiempo' (2014), 'Cierto verdor' (2015), 'Lo normal sale sangrante' (2016); así como del libro de relatos 'Por donde van otros tiros' (2015).

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