Carta que no leerás cuando despiertes

Esta carta es una carta que nunca leerás, ni ahora, evidentemente, ni cuando despiertes.

Los médicos dicen que en breve estarás bien, que te han conseguido limpiar el coágulo de sangre de la cabeza, que eso era lo realmente importante… El resto de lesiones irán remitiendo poco a poco.

Parece ser que has perdido un ojo, pero aún no nos lo han podido confirmar. Han de esperar a que despiertes y bajen los hematomas para poder seguir haciéndote pruebas.

De todas formas, tras este susto, tras verte llena de cables y tubos, tras haber visto el vídeo que un chico grabó con su móvil cuando estabas en el suelo reventada, es realmente un milagro que sigas viva.

No cabe duda que «milagro» es la única palabra que se puede usar para alguien que se ha caído (o tirado… o ha sido empujada…) desde un tercer piso y que la mayor secuela física vaya a ser que pierda un ojo.

Pero sólo los dioses saben la secuela psicológica que te quedará tras este horrible incidente.

Graci acaba de acostar a las niñas. Está hundida. En verdad todos estamos jodidos. El silencio se ha convertido en un lenguaje entre los que te queremos. Ahora hablan por nosotros las miradas, la forma de cruzar los brazos, de entrelazar los dedos de las manos, los suspiros, la forma de rezar a vete tú a saber a quién.

A las niñas les llama la atención tanta gente dando vueltas por las cercanías, periodistas, curiosos, vecinos… así que hemos decidido que se las lleven sus abuelos a Oviedo. En La Pola estarán bien, más tranquilas.

En el colegio los profesores y psicólogos respaldan la decisión, son muy pequeñas y el curso escolar acaba de empezar.

Supongo que cuando despiertes sabrás que el tal José, el hijoputa ese, ha muerto.

Y la verdad, nos alegramos. Todos.

Es una sensación muy extraña esa de que la muerte de alguien te reconforte, te alegre, te llene de justicia.

Los peritos policiales dicen que te ató, que te pegó, que te violó.

La prensa, la tele, los noticiarios, todos hablan de ti como si te conocieran. Te han convertido en una heroína.

Las redes sociales se han llenado de la foto que nos hicimos el año pasado cuando fuimos a celebrar que Podemos ganó las elecciones. Lo que no saben es que ese fue el fatídico día que conociste al malnacido este al que no quiero ni nombrar…

A Graci y a mí nos han pixelado, algo de agradecer, no queremos más miradas extrañas, ni más preguntas, sólo queremos que te pongas bien, que te recuperes lo antes posible.

Me duele y me preocupa que te conviertas en un icono. Grupos feministas alardean de tu proceder y ven en todo esto un ejemplo que han de seguir todas las mujeres.

No se puede ser más estúpido. No tienen ni puta idea de nada, sólo quieren usar tu imagen para reivindicar unos derechos que empiezo a dudar que sean defendibles si se basan en lo violento, en el odio.

La violencia, la muerte, nunca, nunca han de ser defendidas, la genere quien la genere.

Es evidente que todos nos alegramos de que el muerto esta vez sea él, pero ellos no han de vivir con el hecho de haber matado a nadie, por muy en defensa propia que haya sido, por muy justo que haya sido.

Es muy probable que aún esté shockeado por esta puta mierda de situación y no tengo nada claras mis ideas, pero no puedo dejar de culparte en cierta manera por haber llegado a esto.

Cómo no te diste cuenta? Se le veía a distancia que no era bueno para ti, que era un verdadero hijo de puta, sólo tú no lo viste, todos los demás lo veíamos claramente.

Estos días de insomnio no he parado de recordar aquella conversación por teléfono en la que me pedías que no te llamara porque se ponía celoso…

A Graciela le pasa lo mismo, no somos capaces de hablar con claridad de ello, porque culparte de algo ahora es muy duro, muy sucio, y sobre todo porque nada puede justificar algo tan terrible, pero, querida amiga, desde hace meses sabíamos que esto no iba acabar bien, aunque en ningún caso pensamos que acabaría tan mal.

Cómo consentiste que un tío te prohibiera hablar con tus amigos? Cómo pudiste entender que él se pusiera celoso? Que era aquello de que él sí que te quería y justificar su proceder diciendo cosas como que yo tenía que mantenerme al margen, que tenía que respetarte, que estabas harta de hombres que vacilaban por tu vida, que los celos y la enfermiza posesión eran muestras de amor. «Entiende que como me quiere no quiere perderme… tiene miedo que pueda irme con otro…». Dios!!!

Recuerdo cómo me llegaste a dar a entender que como habías tenido un pasado lleno de hombres, de noches de sexo vacío, te sentías sucia y casi casi renegabas tu pasado, lo repugnabas (y eso que yo pertenecía a él…). A poco nos culpabas a todos por ser ciegos y no ver que él tenía derecho a odiar tu anterior vida…. «Tío, a nadie le gusta que su novia se haya follado a medio Madrid…», «yo le entiendo», «a mí también me jode que tontee con las niñatas de su gimnasio», «yo también me pongo celosa», «me ha dicho que les ha pedido a sus ex que no le vuelvan a llamar», «si él lo hace lo justo es que yo también lo haga»,…

Aquel día me fui muy pensativo y al llegar a casa y hablar con Graci no salíamos de nuestro asombro.

En qué mundo vivimos para que te sintieras culpable de haber vivido como viviste. Con tu comportamiento y nuestro silencio, ahora hay un hijoputa menos, y eso, la verdad, me importa una polla, pero y tú?  Qué ocurrirá cuando te des cuenta de lo que todos veíamos?

No sé… pero nosotros no paramos de pensar que debimos hacer algo al respecto, no paramos de pensar que quizá (y que los dioses me perdonen) éramos nosotros los que teníamos que haberte dado una buena hostia a tiempo, como dice tu hermano.

En momentos así se dicen barbaridades, pero déjame decirte que el sentimiento de culpa nos amarga y, aunque parezca increíblemente egoísta, decirte que sentimos dolor aunque sea infinitamente menos del que tú sientes, lo sentimos. El miedo que hemos pasado por pensar que te perdíamos nos ha llevado a divagar.

Pero siempre respeté tu visión ya que sólo tú eras la que sabías cómo te trataba, y mi confianza en ti se basaba no sólo en el cariño, se basaba en la creencia de que eres una mujer inteligente, pero ahora me dejas lleno de preguntas como si no debí respetarte, si debí ponerme por encima de ti e intentar convencerte de algo… quién soy yo para convencer a nadie de nada, soy el anti ejemplo.

Si yo buceo en preguntas como estas, qué será de tus padres, de tu hermano…

Hablar ahora de justicia e injusticia me parece injusto, pero tengo la sensación de que nos pusiste en la tesitura de «o me respetas o te alejas» y ahora ya no sé si te respeté o si me alejé.

Si no vas a leer esto es entre otras cosas porque me parece muy egoísta culparte de nuestro dolor, y mucho más culparte de que un hijoputa de este calibre te haya llevado a esto y querer encontrar en ti culpa, pero te juro que no puedo remediarlo y lo peor de todo es que sólo puedo escribirlo, porque sería juzgado por el resto del mundo como un verdadero loco, o machista.

Me pondrán contra la pared todas esas voces que dicen, sin falta de razón, que tú eres la víctima, que lo que hay que hacer es educar a los hombres para que respeten a las mujeres. Hay que ser muy tonto para no pensar así, obvio. Pero me pregunto por qué esas voces no tratan de educar a las mujeres a que se respeten a sí mismas. Sin caer en la demagogia, sin caer en el odio hacia nada.  Son esas voces las que ven en las mujeres que no piensan como se supone que han de pensar sus enemigas y, de verdad, a estas alturas de mi vida me he cansado de los unos y los otros.

No me valen las discusiones que acaban en nada, por eso no quiero que traten de hacer de ti un símbolo, porque la historia está llena de «daños colaterales» que sirvieron para cualquier tipo de reivindicación. Y tú no eres ningún daño colateral de nada, tú eres mi amiga, y te quiero, y eso está por encima de todo.

Sólo quiero que te pongas bien, que te cures.

Prometo estar ahí para todo, seré incondicional a ti hasta la muerte y aunque en mi interior tenga una parte que te reproche, juro que la esconderé para que jamás te sientas culpable. No por el hecho de que te lo hayas cargado, sino por el hecho de haberle consentido y justificado.

Porque sí, claro que me alegro de que esta vez el muerto sea él. Prefiero que seas un ejemplo de no sé muy bien qué a un número más de esa vergonzante lista interminable de mujeres que no pudieron sacar el cuchillo a tiempo.

bluebird Comunicación
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