El amor de mi vida

La última vez que estuve aquí fue contigo.
Estas montañas, estas playas nunca me vieron tan viejo, tan cansado.
Tengo la sensación por primera vez de tener menos futuro que pasado.
Cabo de Gata…
Es muy extraño andar por el mismo lugar y que todo parezca distinto.
Pero el mundo no hace caso a mi dolor y todo sigue igual.
Es parte del dolor. La indiferencia de todo lo que no está en mí.
Sin ti todo es nuevo, pero no mejor.
No entiendo por qué todo lo que está en su sitio ahora me resulta tan diferente.
Cómo es posible que las montañas sigan ahí? Cómo?

He venido a olvidar. Como siempre, pero esta vez no puedo.
Las curvas de la carretera se han vuelto rectas. Aburridas.
Y ahora qué?
Si no estás aquí. Si cuando regrese tampoco estarás allí.
Y ahora dónde estás?

Pensé que viniendo le haría un exorcismo al dolor que me impide pensar en ti.
A ser capaz de recordar tu silueta llegando a la habitación por el pasillo sin desangrarme.
A mirar tus fotos, tu cojín, tu lado del sofá.
Pero recuerdo y dolor se casaron y ahora se quieren. Y no consigo romper esa fatídica luna de miel.
No te mereces que no te recuerde. Pero si pienso en ti, todo se convierte en ausencia, en mierda, en vértigo, y los acantilados toman forma de interrogante.
Si supiera que saltando te vería, saltaría.

Anoche fui a nuestra playa.
Fue horrible.
Mis ojos te buscaban. Pero nada. Sólo vacío.
Mi cabeza te llamaba, te hablaba, pero nada. Nada de nada.
Y me senté en la roca donde jugábamos.
Y mire al cielo. Y allí estaban todas esas estrellas.
Da igual, tú no estabas.
Y todo estalló.
El efecto de las lágrimas en mis ojos multiplicaron por un millón todas esas estrellas.
Había millones.
Ahora estoy estrellado.

Me gustaría gritar. Como grité el día que supe que ya NUNCA volverías.
Nunca supe qué definitiva era la palabra NUNCA.
Grité y rompí el espejo. Ya no era yo.
Echo tanto de menos tu silencio…
Tantos años juntos, tan bonitos…
Aprendí a leer los movimientos de tu cuerpo. A dialogar con tu mirada, a respetar tus ganas de acercarte, de alejarte.

Joder… No puedo olvidar tus ojos!

Mataría por tenerte una noche más, una siesta, un instante.
Jugar con tu barbilla, tocarte el pelo, acariciar tu cabeza. Besarte.
Y me he venido aquí. A ver si de una vez por todas consigo pensar en ti con la sonrisa que nuestro amor se merece.
He venido a ahogar ese pensamiento que me persigue de que sin ti, la verdad, todo me suda la polla.

Me meto en el mar y lloro. Le añado agua y sal.

La vida siempre me pareció un desafío estúpido.
Todos los días luchando contra quimeras invencibles. El trabajo, las facturas, las drogas…
Pero siempre llegaba y allí estabas, esperándome.
Y luego dormíamos juntos y todo se pasaba.
Me volvías a llenar de fuerza para afrontar otro día, otra guerra, otra derrota.
Sentir los latidos de tu corazón cuando estabas en mi pecho recargaba los míos.
Pero ahora me estoy quedando sin batería. Sin reserva. Sin ganas.
Qué jóvenes éramos cuando empezamos. Qué risas!

Ya me toca volver a Madrid, en un viaje con llegada pero sin meta.
A levantar la persiana y ponerme el traje de aquí no pasa nada.
Pero pasa.

Pasa que te echo mucho, mucho, mucho de menos.

A mi gatita Chains. Al Amor de mi vida.

bluebird Comunicación
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