200 metros cuesta arriba

Y se me pasan por la cabeza aquellas tardes fumando porros en el anfiteatro.

Cuando nos reíamos de todo y éramos indestructibles.

Bebíamos cerveza y mirábamos las cosas con el descaro de los 18 años…

Aparco cerca del hospital, en la calle Ibiza. Nada más salir veo a Jorge y a Silvi bajarse de un taxi justo detrás.

Nos abrazamos.

Qué ha pasado? Me ha llamado Germán y me ha dicho que está muy jodido.

Caminamos tensos. Rápido.

No se puede entrar, dicen que están en la puerta principal.

Subimos la pequeña cuestecilla que hay desde la puerta de la calle a la entrada.

Allí hay gente que reconozco.

Está su hermana, su tía, Miguel y gente de la que no recuerdo el nombre.

Todos nos saludamos con la mirada, con el silencio.

Su hermana se acerca, me abraza y lloriqueando me dice que ha dado positivo de todo.

“Alcohol, coca, porros, metanosequé…”

Me dice que han tenido que amputarle una pierna, que se quedó enganchada en el coche. Que tiene un coágulo en la cabeza y que hasta que no le baje el hematoma no pueden decir mucho más, aunque todo pinta muy mal.

Parece ser, al menos, que de cintura para abajo responde…

Oír decir todas estas cosas a Noe, su hermana, me parte el corazón.

La gente se junta y se desjunta en pequeños grupúsculos en los que no se para de repetir las mismas cosas.

“Fue a las 4:30, a los padres les avisaron casi a las 6”

“En la subida de Moratalaz de la carretera de valencia”

“No se dio con nadie”

“Se ha llevado 200 metros de quitamiedos y 2 farolas”

Oigo esto y recorro mentalmente el trayecto. Lo visualizo.

200 metros… Si es cuesta arriba! 2 farolas! Cómo iría…

Sigue llegando gente. Familiares, compañeros de trabajo, amigos…

“Ahora a las 12 pasan otra vez los padres. A ver qué les dicen.”

Veo aparecer a Leo. Voy hacia él.

—Qué pasa? Qué tal?
—Bueno… Bien…
—Estuvo ayer contigo?
—Sí, tío, qué bajón… Cómo está?
—Mal. Le han amputado una pierna, pero lo peor parece ser que está en la cabeza…

Leo se echa las manos sobre la cara y empieza a llorar maldiciendo cosas que no acabo de entender.

—Ha dado positivo de todo. Donde estuvisteis? Qué hicisteis?
—Nada, tío, conmigo se tomó un copazo donde el polaco. Me parece que fumó maría, pero que yo sepa nada más.
—Ha dado positivo de coca y de algo más.
—No jodas! Pues conmigo no fue. Creo que quedó con el chino, pero no lo tengo claro.
—A mí me llamó a las 4… Se pasó por mi casa… Supongo que para pedirme porros. Últimamente estaba haciendo el gilipollas y por eso pasé de él… La semana pasada, dos días se pasó a las tantas, dándome el coñazo. Iba con Joanna, siempre borracho… se lo dije: “Así no puedes conducir. Como te pillen vas de cárcel. Acuérdate de cuando me pillaron a mí… Qué estás gilipollas».
—Se pasó por tu casa?
—Sí. Vi que eran las 4 y me hice el loco. Me llamó al móvil tropecientas veces. Luego empezó a llamar al telefonillo… un buen rato… Los vecinos debieron de flipar, pero pasé… Pasé de abrirle.
—Ya… Si es que lleva unos meses…

En ese momento la cabeza se me llena de mierdas y siento un dolor muy hondo, algo chungo por dentro que me lleva a intentar respirar muy fuerte para no llorar…

Aparecen los padres por la puerta.

La gente los rodea.

El padre dice que no hay nada nuevo, que se han salido a respirar un rato, que hasta las 12 los médicos no van a decir nada.

Miro el reloj y veo que aún falta un rato para las 12. Le propongo a Leo ir a tomar un café.

Hace un día soleado. La temperatura debe andar sobre los 20 grados, pero siento frío. Las manos las tengo heladas.

Pedimos dos cafés y un bollo que no sé cómo le puede entrar a Leo. Yo tengo el estómago completamente cerrado.

Llaman a Leo y sale del bar.

Por el ventanal del bar veo llegar a más familiares y amigos.

Una sucesión de gente apenada, gente jodida.

Me pierdo en un soliloquio mientras la cucharilla da vueltas inútiles en el vaso del café.

«Mierda, tío, ponte bien… No nos jodas”… “Vamos, amigo, tienes que salir de esta”…

“Siento mucho no haberte hecho caso anoche. Joder, tío! Si es que estabas gilipollas… Quizá estabas tan borracho que lo que querías era quedarte a dormir… Era eso? No… No me jodas. No me voy a sentir culpable por no haberte abierto. Venga va! Seguro que te pones bien”…  

“Por donde le habrán tenido que cortar la pierna? Dios!”

Casi sin querer empiezo a llorar de nuevo. Trato de quitarme de la vista de la gente del bar.

Seguro que este bar está lleno de lágrimas. Demasiado cerca del hospital, demasiado cerca de la muerte.

«No sé si tengo derecho a decirte que eres un gilipollas! La has cagado! Te lo dijimos!”. “Joder tío qué ya eres mayorcito”… “Has visto cómo están tus padres? Has visto a tu hermana? A tu chica? Mira como estamos nosotros”…

Se me viene una conversación con Carlos de hace apenas un par de semanas.

—Bueno, tú tampoco llevas la mejor vida del mundo.
—Ya, pero es que él se está pasando mucho, pero mucho.
—Es su vida, yo tampoco creo que se ponga más que los demás. Tenemos 30 años… No creo que sea para tanto.
—No hablo sólo de ponerse… Es más, yo creo que el problema no es ponerse, es el alcohol, si bebe se pone, pero es que bebe todos los días… Pasa de ir a trabajar, se gasta la pasta en drogas, en alcohol, en putas… Pero tío… Tú has visto con qué pedos pilla el coche? Si no puede ni hablar…
—Sí, sí, eso sí… Yo eso también se lo he dicho… Es un flipao. Pero vamos que no hace ni medio año que a ti te quitaron 6 puntos del carné por ir fino…

Leo entra al bar y me dice que le espere, que va a por María que está en la puerta del hospital. Que vuelve enseguida.

Yo sigo lleno de preguntas, de reproches.

Cada vez que alguno de nosotros le reprocha a otro algo, enseguida se nos tapa la boca fácilmente con un; “y tú?”. Y eso hace que te calles cosas que no se deben de callar. Que optes por alejarte con un “estréllate solo”, “tú sabrás lo que haces”. Pero ahora me pesa… Nos pesa… Y mucho. Debí decirle algo.

Pero sí… Sí que se lo dije… sí que le advertí…

Quizá mi voz no tenga autoridad… Quizá no seamos tan distintos, quizá haya un amigo que me lo dice a mí y yo tampoco hago caso, quizá la diferencia es que esta vez el coche lo llevaba él…

Quizá nada de esto habría pasado si anoche le hubiese abierto la puerta.

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.