«Me interesa preguntarme cuánto duran los finales felices»

Sandra Cornejo nació el 14 de abril de 1962 en La Plata, donde reside, capital de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Es periodista y licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata. Obtuvo la diplomatura en el posgrado de Lectura, Escritura y Educación. Actualmente se desempeña en el equipo de la Dirección de Promoción Literaria  de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires. Obtuvo premios y menciones bonaerenses y nacionales. Con notas culturales colabora en el diario El Día de La Plata, entre otros. Es la responsable de Tuerto Rey. Publicó los poemarios ‘Borradores’, ‘Ildikó’, ‘Sin suelo’, ‘Partes del mundo’, ‘Todo lo perdido reaparece’ y ‘Bajo los ríos del cielo’. Ha sido incluida, entre otras, en las antologías ‘Poetas argentinas’, ‘Antología de poetas argentinos II’, ‘El verso toma la palabra’ y ‘Poesía de pensamiento. Una antología de poesía argentina’.

«Tuve la suerte de crecer entre Chubut, Catamarca, Mendoza, Córdoba y otra vez Chubut»…

Mis padres vienen de familias de mucho esfuerzo: abuelos campesinos en Perú, abuelo herrero y abuela profesora de piano aquí. Papá llegó a estudiar Ingeniería desde Lima, Perú, y mamá Medicina desde Saladillo, provincia de Buenos Aires. Para ellos implicaba un logro increíble recibirse. Se encontraron, y apenas se recibieron, aceptaron el primer lugar que les diera un trabajo. Esto fue en el dique Florentino Ameghino, en la provincia de Chubut, en una época en la que residir en el sur era muy duro. A partir de ese tiempo se trasladaban según lo requería la empresa de papá, Agua y Energía Eléctrica. Fuimos una familia un poco gitana, de mudanzas y baúles. Íbamos allí donde se iniciaba una represa hidráulica o había que concluir una obra. Así, pude transitar por un país que me modeló desde sus entrañas, desde la grandeza de la gente del interior. Es muy diferente crecer en Las Pirquitas, en San Rafael o en Esquel respecto de alguna capital grande. En las pequeñas localidades abunda la magia. En La Plata nací “casualmente” (digamos que en La Plata sólo aconteció el parto de mi mamá, donde perdimos a mi mellizo). Nunca fui urbana. Tengo una cosmovisión de montaña, de paisaje, de lago y río. Ya son muchos y largos los años de vida aquí, pero siento que lo que funda es lo que prevalece. A la ciudad le debo mi hijo. A la ciudad le debo la puerta hacia el amplio mundo. Pero tuve la suerte de crecer en el pequeño.

Es alguien a quien el rock no lo entusiasma (yo), el que inquiere sobre tu tesis, presentada ante la Facultad de Comunicación Social de la UNLP, denominada ‘Recitales de Rock. ¿Contestación o Alienación? Una Visión Histórico-Social’.

El rock traduce una época especial. Sergio Pujol me guió con sabiduría entre las malezas de mi vieja tesis. Intenté analizar los movimientos artísticos desde distintas perspectivas, sus variadas caras… Y disfruté enormemente recordando letras o confrontando nuestra idiosincrasia con la norteamericana, por ejemplo, o nutriéndome del folk, que adoro, y otras vertientes. La música expresa de manera singular los momentos históricos, y las culturas. Ahora que hablamos de esto te cuento que una compositora argentina que reside en Nueva York, Sofía Rei, musicalizó hace un tiempo un poema: ‘Todo lo perdido reaparece’. Cuando se producen estos cruces se vuelve más luminosa la soledad.

¿Es en soporte papel o electrónico que se publicó en Irlanda la ‘Antología de poetas argentinos II’? ¿Es bilingüe? ¿Qué otros poetas han sido incluidos y quién ha realizado la compilación?

Es una antología bilingüe que está en soporte electrónico pero que en Irlanda se publicó en papel. La selección fue realizada por Liliana Heer y Ana Arzoumanian. El responsable allí fue un poeta irlandés muy interesante, Michael Smith. Liliana Heer, que es imparable, viabilizó la idea. Contactó ambos mundos. Ella suele ser un gran motor. Hay en esta antología poetas como Mario Trejo, Tamara Kamenszain, Leonardo Martínez, Romina Freschi, Susana Szwarc, un placer todos ellos. Es un privilegio haber participar en esa selección.

Y para vos, ¿la poesía…?

La poesía es un regalo. Una posibilidad de traducir imágenes y sensaciones que nos atraviesan. Es también un intento de reflejar la incertidumbre, y el asombro, como sugería la maravillosa Szymborska. La poesía es por ejemplo un árbol. El sol de agosto sobre el agua helada. La montaña. Los borceguíes sobre la pendiente. Un puente. Un tono. Un matiz. El origen. El hijo. Porque en el hijo ya está todo dicho.

Augusto Roa Bastos afirmó: «Immanuel Kant, que no abandonó un solo día su ciudad natal, es el ejemplo perfecto del peregrino inmóvil del pensamiento universal». ¿Qué otros “ejemplos perfectos” de algún tipo de producción nos aportarías?

Siempre me impresionó esa situación vital de Kant. Emily Dickinson es otro ejemplo perfecto. Para darte uno nuestro, aquí cerca, en mi ciudad, está César Cantoni, del cual he escrito: «César Cantoni es un poeta que viaja a través de la poesía. Se refugia de vez en cuando en Irlanda, se hospeda seguido en la vasta Norteamérica, discute sobre las posibilidades líricas con algún crítico alemán, acoge a casi todo poeta del Este europeo y se mira en España, en lo más puro de la lengua madre». Es una nota que titulé ‘Una poética desobediente’, a propósito de su libro ‘El fin ya tuvo lugar’.

A manera de punta de lanza, ¿qué cinco libros marcaron tu vida?

Tendría que mencionar los primeros, en el inicio, esos de los 13 años. Te diría ‘Desde el jardín’, de Jerzy Kosinski, ‘La hora del vampiro’, de Stephen King, ‘Juan Salvador Gaviota’, de Richard Bach, ‘Poesía completa’, de Antonio Machado y ‘Demian’, de Hermann Hesse… No puedo dejar afuera ‘El viejo y el mar’, de Ernest Hemingway y ‘Una muerte muy dulce’, de Simone de Beauvoir. Elección ecléctica, como verás.

Sandra Cornejo

¿De dónde partís para efectuar el análisis de una obra?

La emoción. Si una obra me conmueve puedo analizarla con mayor fluidez, de lo contrario es un esfuerzo importante. Observo las entrelíneas del autor, sus semejanzas con otras obras, sus puntos de apoyo, sus búsquedas, la singularidad de su lenguaje. Las hay complejas: por ejemplo, la de Jacques Derrida o Edmond Jabés, Péter Esterházy o Diamela Eltit. Las hay bellas y suaves, como la de Mary Oliver o Paula Meehan; transparentes y sabias, como la de Tomas Tranströmer o Wisława Szymborska; metafísicas como la de Czesław Miłosz… Hay tantas obras como creadores… Parto de lo que nos une.

¿Cuál es la fascinación que sentimos ante ciertas obras? ¿Cuáles te provocan fascinación? ¿Qué obras te la provocaron, y ya no?

Otra vez vuelvo a la emoción. Pero te agregaría la palabra comunión. Hay creadores que nos iluminan, nos interpretan, se vuelven esenciales para nosotros: Seamus Heaney, Margaret Atwood, Jeanette Winterson, un cuadro de Johannes Vermeer, un film de Aleksandr Sokúrov, una canción. Cuando una obra me ha fascinado sigue fascinándome, de manera diferente quizá, pero siempre mantiene su grado de asombro y misterio.

¿Qué influencias —o «familias de entusiasmos», como dirían los poetas Cintio Vitier y Alberto Rodríguez Tosca— literarias, filosóficas, sociológicas… están presentes en tu poética?

En algún momento me impactó el expresionismo alemán, su halo nocturnal, su espiritualidad. Del imaginismo americano intenté comprender el riguroso cuidado del lenguaje. Algunos poemas míos observan la idea platónica de la reminiscencia. Las religiones, en especial el budismo y el misticismo católico, me acompañan especialmente cada vez que escribo. El paisaje, la naturaleza y lo extranjero influyen profundamente en mi escritura.

¿En qué estás trabajando ahora mismo?

Mis pocos y nuevos poemas hablan de la errancia, la extranjería, de la impresión que provocan los lugares que uno ama, esa sensación. Me interesa el tema de la permanencia en una realidad en la cual lo único permanente es lo inestable. Me interesa el tema del encuentro, esa epifanía. Me interesa preguntarme cuánto duran los finales felices. En eso trabajo.

Afirma una de las narradoras de la novela ‘La elegancia del erizo’ de Muriel Barbery: «…no hay nada más difícil e injusto que la realidad humana: los hombres viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es el dominio del lenguaje». ¿Qué te suscita esta afirmación?

Me recuerda una frase que me impresionó desde chica, en el principio de la novela ‘Tiempos difíciles’, de Charles Dickens. Decía algo así: «Lo que quiero son hechos reales». A través del lenguaje podemos comunicarnos; los actos deberían acompañar ese comunicarnos.

¿En las constelaciones de qué artistas podrías tener cabida?

Quién sabe. Me gustaría tener cabida en las constelaciones de las gentes «que viven, laboran, pasan y sueñan», como decía Antonio Machado. Ser una con todos ellos. Hay una canción de un autor irlandés, ‘Una radiante rosa azul’, que me ha impresionado desde que la escuché: habla de un encuentro y de un deslizarse, en un tiempo sagrado, meditando sobre la vida y la muerte. En todo caso, me agradaría estar en esa clase de constelación.

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Rolando Revagliatti
Rolando Revagliatti nació en 1945 en Buenos Aires (ciudad en la que reside), la Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos y relatos y quince poemarios, además de otros cuatro sólo en soporte digital. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com. Sus 185 producciones en video se hallan en http://www.youtube.com/rolandorevagliatti

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