«El fracaso en la educación es nuestro mayor baldón y una hipoteca feroz para el futuro»

Más de cuatro décadas al pie del cañón en el periodismo y la literatura española le han valido a la escritora Rosa Montero el Premio Nacional de Periodismo o el Premio Primavera, entre otros, en el ámbito nacional, pero también un sinfín de reconocimientos fuera de nuestras fronteras, donde su obra se ha traducido a una veintena de idiomas. Esta semana acudía a Valencia a entregar el premio a los mejores relatos literarios a un grupo de estudiantes del IES 25 D’Abril de Alfafar y a animarles, entre otras cosas, a vivir la vida con pasión, tesón y rigor. Un consejo que la periodista ya lanzó hace un par de meses en las redes sociales convirtiéndose en trending topic en plena crisis política. La idea, comenta, es aplicable a todas las franjas de edad.

A principios de año, y en plena vorágine política postelectoral, fue usted trending topic en las redes sociales por su artículo ‘Aviso a navegantes’, en el que hacía un llamamiento a plantearnos la vida con menos angustia y más sabor, siendo conscientes de que el tiempo pasa y no vuelve. Hoy, que está ante un auditorio de jóvenes con todo el futuro por delante, ¿qué consejo les daría para afrontar la vida?

Pensar en que, en realidad, la vida es lo que estamos viviendo ahora. Los humanos tenemos la mala costumbre de aplazar la vida y la felicidad para algún nebuloso momento del futuro. Nos decimos «seré feliz cuando termine el curso», «cuando me vaya de vacaciones», «cuando tenga trabajo», «cuando me independice»… Pero luego llega ese momento y seguimos sin vivirlo, seguimos aplazando las felicidades. La vida es el hoy, el ahora, intenta disfrutarlo lo máximo posible. Y quiérete a ti mismo. Es propio de la juventud estar lleno de complejos absurdos, creerse feo, gorda, tonto… Todo eso, no son más que complejos.

Esta semana salía a la luz el informe de la Unión Europea que sitúa a España a la cabeza en el abuso de la figura del becario ante la falta de ide incentivos de empleo juvenil. Muchos jóvenes se plantean un futuro universitario, aunque con un panorama de mercado absolutamente precario que les empuja a marcharse. ¿Cómo se les puede animar a seguir estudiando?  

A lo que yo les animo es a perseguir sus sueños. Creo que uno debe intentar hacer en la vida aquello que verdaderamente quiere hacer, por raro o poco práctico que parezca. Es decir, no escojas una carrera que te parece un pestiño por el mero hecho de que es la que luego tiene más porcentaje de empleo. Si no te gusta esa carrera, serás desgraciado, lo harás mal y, probablemente, aunque tenga más salidas laborales que cualquier otra cosa, a ti no te contratarán, porque no serás lo suficientemente bueno, lo suficientemente competitivo. Creo que uno debe seguir su vocación. Por ejemplo, si quieres ser dibujante de cómics, pon todo tu esfuerzo en serlo. Y para eso tendrás que trabajar mucho, dibujar mucho, aprender dibujo en academias, leer muchos cómics y también libros… Haz lo que quieras hacer y hazlo con entrega, con tesón, con rigor y con pasión.

Otro dato es que un tercio de los jóvenes se queda fuera del sistema de becas, muchos de ellos procedentes de familias vulnerables. ¿Cómo ve el sistema educativo español en la actualidad?

Lo veo espantosamente mal. Todos los estudios arrojan unos resultados pobrísimos para nuestro sistema educativo, cosa que no me extraña si tenemos en cuenta que ha habido una infinidad de planes. Creo que este fracaso en la educación es nuestro mayor baldón y una hipoteca feroz para el futuro.

Ha entregado los premios a los mejores textos literarios a un grupo de adolescentes que, en muchos casos, son el grueso de población que peor fama tiene como público lector. Usted que ha escrito literatura juvenil, ¿considera que son malos lectores?

¿Malos lectores? Qué va. Los estudios demuestran que los niños leen mucho. Luego, en la adolescencia ya un poco tardía, entre los 16 y los 25 años, leen menos, porque están demasiado ocupados viviendo. (Risas). Pero después regresan al libro. Leer siempre ha sido minoritario y hoy esa minoría lectora es mayor que nunca.

Su nombre en Twitter es Bruna Husky como el personaje de dos de sus novelas. Una detective del futuro, autómata mortal, pero una aventurera ante todo intrépida y valiente.  ¿Estas cualidades ya han sido conquistadas por las mujeres del presente o deben servirnos como referente para el futuro?

Pues yo quiero que las mujeres  del futuro sean intrépidas, pero también que sean cobardes, si así es como se sienten. Igual que los hombres. Quiero que tanto hombres como mujeres seamos libres para ser lo que queramos, fuera de los estereotipos de género. Y, poco a poco, se va a avanzando por ese camino, aunque aún queda mucho.

Últimamente los medios de comunicación se hacen cada vez más eco de los denominados micromachismos, esos pequeños gestos, hechos o creencias machistas que ni siquiera nos percatamos de que lo son por lo arraigados que están en nuestro imaginario. ¿Cómo lucharía Bruna contra ellos? ¿Qué consejo podría darle a las y los adolescentes que la siguen de cerca?

El machismo o sexismo es una ideología muy poderosa en la que nos educan a todos, a mujeres y hombres, así que nosotras también tenemos comportamientos machistas sin darnos cuenta. Es imprescindible que la mujer valore su propio deseo como lo más importante de su vida. Estamos educadas en valorar más el deseo del otro, en que el deseo de los padres, los novios o los hermanos es siempre más importante que el propio, que es visto por la mujer como algo menor. Pues no. Una tiene que vivir para su propio deseo. Poco a poco esto va siendo así, pero aún falta mucho. Respétate a ti misma, valórate a ti misma y te respetarán.

Su larga trayectoria como periodista, además en un medio como El País, que hace poco anunciaba que iba a dejar de salir en papel, hace imprescindible preguntarle por el futuro inmediato de la profesión. ¿Sabemos hacia dónde nos encaminamos los periodistas?

El cambio de soporte y dejar el papel no cambia nada la profesión. Los periodistas seguimos siendo igual de necesarios que siempre. Por ejemplo, para organizar, contrastar, poner en contexto o explicar hechos como el de los papeles de Panamá. El problema es que el cambio tecnológico ha cambiado el modelo de mercado y las empresas aún no han sabido adaptarse. No se gana suficiente dinero en Internet y el papel cada día se compra menos y es más ruinoso. Hay un problema no profesional, sino mercantil que hay que solucionar y que tiene a media profesión en paro y a la otra media teniendo que trabajar por tres en condiciones nefastas. Pero se arreglará en algún momento.

Algunos autores hablan de que el periodismo en la actualidad es el paradigma del precariado, una nueva clase social sin identidad, porque ha ido perdiendo paulatinamente sus derechos y con ellos su lugar en la sociedad. El precariado abarca a todos los estamentos sociales y precariza todo tipo de profesiones. Hace que la sociedad no reaccione, no se indigne, ni con grandes tragedias como la crisis humanitaria de refugiados, ni con las que nos afectan a diario como la desigualdad. Usted ha comentado en muchas entrevistas que uno de sus temas de análisis es la identidad. ¿Cree que estamos atravesando una crisis generalizada de identidad?

Vivimos en un momento muy confuso, con una enormidad de informaciones contradictorias y con unas condiciones de vida paradójicas. Todo esto hace que nuestra identidad actual refleje el mundo en que vivimos y sea fluctuante, más contradictoria de lo habitual, móvil y mudable. Pero eso también es una identidad. Nadie pierde la identidad, porque tú siempre eres alguien. Puedes tener una identidad confusa, pero esa es tu identidad. Lo que hay que intentar, como he dicho antes, eso seguir tu pasión en la vida, esforzarte por conseguir tus objetivos y  respetarte a ti mismo. Y a los demás, evidentemente.

Fotografía: Alejandro Ruesga ©

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