«Los 90 fueron una puta mierda asquerosa si lo comparamos con los 80. Y los 2000 son una puta basura»

Nasty Mondays

Sören, Mad Max  —los que pinchan— y Ximo —el mánager— son las caras de Nasty Mondays, la fiesta de moda. Explican que el garaje de El Poblenou donde aúnan todas sus influencias —rock, skate, surf, ropa vintage, pinballs, etcétera— y que llaman Nasty Garage es el gran culpable de que el éxito no decaiga después de haber cumplido ya 11 años de vida, 11 años de lunes desmadrados con sede actual en la Sala Apolo de Barcelona. Actualmente, también son suyas las fiestas Nasty Bass, Crappy Tuesdays, Cupcake, Midnight Call y Stash. El garaje es su hábitat natural. Un refugio para aislarse de una sociedad que consideran que ha perdido la esencia de décadas pasadas. En él se cocinan las fiestas y en él tiene lugar la entrevista. Llego con muchas preguntas preparadas, algunas de ellas aconsejadas por amigos que han pasado por Nasty más de una vez. Pero, al final, sólo intervendré diez veces en la conversación. Entre ellos crean un debate sobre su trabajo en el que no quiero estorbar.

¿En qué consiste el concepto Nasty Garage?

Sören: Engloba muchas cosas. Todo empezó con una fiesta y nos ha llevado a vivir de lo que nos gusta, de nuestras influencias. Allí estamos en nuestro síndrome de diógenes infinito.

Mad Max: Nuestras influencias son de los 80. No sólo musicalmente. Los escenarios también son inspirados en esa época. Más allá de la fiesta buscamos un espacio donde estuvieran englobadas todas nuestras influencias. Nos retroalimenta.

¿Cómo fueron vuestros 80 y 90?

M: Los vivimos paralelamente en diferentes espacios. Yo en Argentina, donde curraba en una tienda de skate, y él en Barcelona, también currando en una tienda de skate. Nos conocimos junto con otros amigos en común. Recuerdo que Sören conseguía Vans que aquí no existían o gorritas que no veías en otros lados.

S: Los 80 fueron lo más interesante que nos ha sucedido en nuestra vida. Nos ha ayudado a ser lo que somos. Defendías tu bandera más que en ningún lado.

M: Sí, las tribus eran tribus. Los skaters eran skaters, los heavy metal eran heavy metal. Y no cualquiera podía entrar allí. Era la excusa para no estar en tu casa.

S: Los 80 nos han dado los valores y los códigos para construir este concepto. En aquel entonces mi debilidad por el heavy metal era evidente, pero por otro lado con mi gente no podía mostrar ningún tipo de debilidad hacia otro tipo de música, como el new wave.

M: Claro, claro.

S: Si tú eras heavy metal eras heavy metal. Jamás va a suceder nada como los 80. Allí pasó todo. Los 90 fueron una puta mierda asquerosa si lo comparamos con los 80. Y los 2000 son una puta basura.

M: Nosotros vivimos el principio del final de lo que es todo ahora. Vimos el Atari y lo vimos morir. Lo mismo que pasa con los pinball, que significan mucho más de lo que parece a simple vista.

S: Son una cultura de bar. No son como la play station que estás en casa jugando. Salías de casa para ir a jugar al bar y relacionarte con la gente.

Llega Ximo. Ha dedicado su vida a la producción de conciertos y show business por toda España.

Ximo: O te saltabas las clases para ir a los billares.

S: Es que somos unos viejóvenes tío. Yo tengo 45, Mad Max 40 y Ximo 50. Y seguimos arraigados a esos códigos y esos valores. Y orgullosos de ello.

M: Intentamos mostrárselo a las generaciones actuales de jóvenes. Supongo que por eso nos siguen, por el hecho de querer aprender sobre lo que ellos no han vivido.

X: De todas maneras, ellos dos reivindican mucho los 80s pero también creo que nosotros tenemos muchas influencias de los 50 y los 60.

S: 70 también.

M: Lo que decimos es que crecimos en los 80.

X: Estamos hablando de lo que es Nasty Garage como concepto, que es coger todas estas influencias y saberlas manejar. Y para esto son unos monstruos. Yo recuerdo cuando me junté con ellos que iban vestidos de una manera mientras pinchaban y a la semana siguiente en Nasty había gente vestida de esa misma manera.

M: Sören y yo hemos trabajado en tiendas de ropa. Siempre nos gustó. Yo colecciono ropa vintage, por ejemplo. A toneladas. Aunque no me la ponga, la quiero tener. Es lo que nos diferencia. Tienes que tener una pasión y estar dispuesto a “quiero tenerlo y me voy a dejar la pasta en esto”.

X: Han sabido absorber todas las influencias anteriores pero lo que realmente reivindican son los 80 porque es lo que les ha tocado vivir de primera mano.

M: A mí me gusta un poco todo lo antiguo.

S: A mí no, a mí me gustan los 80.

M: A mí también, pero después me pongo ropa de los 70 o escucho música de los 50.

S: Los 80 fueron la revolución del pop, del metal, del glam, del rock, del new wave, del post punk, del techno antiguo.

X: Cada época tiene su revolución.

S: ¿Pero qué revolución tenemos ahora, tío?

M: Ahora se han acabado las revoluciones. Los 80 fueron la última época en la que realmente hubo cambios interesantes. Ahora la información va tan rápido que no tiene gracia.

Eso quería preguntar: ¿Por qué se ha ido todo a la mierda?

M: Lo hablaba el otro día con un amigo, Loquillo. Se han perdido los valores. El puto Tinder. ¿Qué gracia tiene eso? La gracia es ir a un bar, ver a una tía, mirarle a los ojos….

S: Al final, un viejoven se tiene que adaptar. Si fuésemos solo unos viejunos llegas o no llegas. Pero en nuestro caso, cuidado, que conectamos mucho con la generación de ahora y las de 20 nos quieren soplar la flauta. Hostia, es que al final no dejas de tener una edad y una trayectoria. La conversación que estamos teniendo ahora es de viejos. Esto lo escucha tu hijo [señalando a Ximo] y nos dice que somos unos viejos.

Pero hay gente de 20 años que está interesada en el concepto de vuestro garaje.

M: Están interesados porque actualmente va todo tan rápido y está todo el mundo tan confundido, que ven interesante que alguien siga defendiendo su bandera. Mirad, salen los dos vestidos de cowboys con un par de huevos. Estos van a la suya.

S: Y no pinchan electrónica de botellón. Y lo hacen los lunes.

X: Actualmente hay gente que en su casa puede perfectamente escuchar rock clásico, y salir de fiesta y escuchar techno. O gente con pinta de heavy bailando techno. Claro, en los 80 alguien se compraba un disco, lo escuchaba, por la tarde quedaba con los amigos para escucharlo conjuntamente, lo pasaban a un casete… Toda esa historia, esa manera de comunicarse, se ha perdido.

M: A lo mejor parecemos unos viejos, pero esa magia no la vivieron. Si la hubiesen vivido sentirían esa magia porque al ser más difícil acceder a las cosas las disfrutas más. En definitiva, intentamos meterle a las nuevas generaciones el respect the past.

S: Uno de nuestros eslóganes es Respect the Past, Destroy the Future. 11 años a contracorriente, porque no nos consideramos unos DJs, porque nunca hemos producido música, porque pinchamos los lunes.

M: No podemos producir porque nosotros hacemos rock y si hiciésemos un tema tendríamos que ser una banda cantando. Sí que hemos remixado algún tema, pero ya está. No es lo nuestro. No nos vamos a disfrazar. Llevamos 11 años siendo lo que somos, y por eso seguimos aquí. Intentamos mantener la rebeldía.

S: El rock and roll lo tienes que sentir. Si no, hazte cantautor.

Antes me decíais que todo empezó con una fiesta. ¿Cómo fue?

S: Fue un momento específico de Barcelona donde todos salíamos de fiesta, donde todos éramos colegas, donde no había una propuesta afín a lo que queríamos…

M: Y no había los millones de turistas de ahora.

S: Empezaban las cataratas de suecas, pero esas cataratas las controlábamos nosotros. Ellas eran las que podían salir entre semana.

M: En esa época en Escandinavia estaba de moda nuestro tipo de música. A las suecas nuestro producto les cuadraba al 200%. Venían y se volvían locas.

S: En Barcelona no había propuesta. En esa época imperaban el hip hop, el R’n’B y el techno.

M: Había algunos garitos de rock, pero nosotros pinchábamos rock que englobaba todo lo nuestro. Eso sí que no existía en Barcelona. Este concepto más californiano de punk rock, skate y rubias.

S: En esas fiestas de los garitos de rock no había tías. Y yo no concibo una fiesta sin tías. Yo. Cada uno que la conciba como quiera. Con Mad Max coincidíamos en todos esos aspectos.

M: Lo hicimos para divertirnos con nuestros amigos, no para ganar pasta. Yo venía con los CDs de mi casa.

S: Tú para mí ibas adelantado. Yo iba con CDs originales y tú ibas con CDs grabados. Fíjate cómo ha cambiado. Pinchábamos en la calle Escudellers cuando para nosotros aquello era Sunset Strip.

X: Muchas de las suecas venían a estudiar, pero otras trabajaban en empresas que nos tenían en la lista tachada porque el absentismo laboral que había el martes era brutal.

S: Teníamos novias y amigas suecas.

M: Y teníamos un amigo sueco que trabajaba en una empresa de telemarketing sueca que después acabó currando con nosotros porque no pudo con el enemigo.

nasty mondays

¿Actualmente qué tanto por ciento de extranjeros hay en Nasty Mondays?

S: Ahora es diferente.

X: Va por épocas.

M: En general, cuando nos mudamos al Apolo cambió todo. 70 por ciento de aquí y 30 por ciento guiris.

X: En invierno hay público nacional y hacia la primavera-verano se incrementan los extranjeros.

M: La gente ya llega a Barcelona sabiendo que el lunes tiene que ir a Nasty.

X: En noviembre vienen muchos americanos de la parte de Nueva York y en febrero vienen de la parte de Los Ángeles. Siempre hay mucha rotación de gente y mucho estudiante. Nosotros en agosto, cuando muchos clubs de otras ciudades como Madrid cierran, nos va muy bien y gracias al turismo no decaemos en asistencia de público.

¿Y por qué decidisteis jugárosla en lunes?

M: Por casualidad, porque era la única opción que había…

S: Esta pregunta nos une a la historia de Mauro. Yo trabajaba en una tienda de skate y Mauro trabajaba en una tienda de ropa vintage. Después también había otro amigo nuestro que trabajaba de seguridad en un club de la calle Escudellers. De hecho, él fue quien nos metió allí.

M: Y yo curraba allí y en Razzmatazz repartiendo flyers.

S: Ese tío nos propuso dejarnos el bar para nosotros los lunes. Fue un poco: mis padres el fin de semana se van. Tenemos la casa para montar la fiesta. [Ríe] ¿Pero cómo? ¿No tenemos que pagar nada?

M: A Mauro le dieron las llaves y le dijeron que se montara algo los lunes. Después él me lo dijo a mí.

S: El tío fue muy vivo. Porque pensó: tengo un amigo catalán de la ciudad —Sören— que tiene una tienda de skate y al que le gusta el rock and roll y mueve a la gente.

M: Y yo conocía la noche y movía a un montón de chicas.  Los tres éramos amigos y pensamos igual.

S: Pero de hecho yo no tenía que estar porque había un gilipollas que se llamaba Agustín.

M: Fui yo quien saqué a Agustín de en medio.

S: Recuerdo que yo tenía que contactar con una marca para que pusieran regalos gracias a que yo tenía una tienda. Y de hecho yo no pinchaba. Recuerdo que en la primera fiesta me encargaba de decirle a la gente «gracias por venir» y emborracharme.

M: Le dije a Mauro que si lo hacíamos teníamos que ser él, Sören y yo. Yo enseñé a pinchar a Sören. Aunque yo hacía tres o cuatro meses que sabía pinchar. Sabía que a él le encantaría y así yo no tenía que estar toda la noche pinchando solo.

S: Y porque así tenías a alguien que te sustituyera para que fueras a follar.

M: Al principio él ponía tres o cuatro temas, con reparo, después seis, y más adelante ya toda la noche conmigo. Como nunca nos dedicamos a ser mezcladores…

S: El tema no ha evolucionado mucho, eh. Seguimos así… [Ríe] Tenemos otras fórmulas.

M: Al principio nos dio respeto hacerlo un lunes. Pero pensamos que nuestros amigos igualmente vendrían un lunes.

S: Era un guateque. La primera fiesta fue el 17 de enero de 2005. Y a raíz de ahí ya empezó el putiferio. Comenzaron a suceder cosas que nunca hubiésemos imaginado. En todos los aspectos.

M: Aquel club era un lugar para 200 personas. El primer día fuimos 200 personas, y al mes y medio 300. Fue muy rápido todo.

S: Perdimos a Mauro por culpa de un cáncer al segundo año. De una manera injusta, tal como es el puto cáncer.

M: Fue ahí cuando dimos el paso.

S: Mad Max y yo tuvimos que decir hostia, cada lunes estamos aquí y la gente ya se ha creado un hábito. Y nosotros somos los responsables. Ya tuvimos que hacernos cargo de toda la situación, lo cual no fue fácil. No queríamos ser empresarios ni promotores de la noche.

M: Mauro era quien llevaba la caja.

S: Una vez fallece Mauro y tenemos que mover la fiesta al Sidecar de la Plaça Reial empieza ya el efecto Nasty Mondays. El efecto a contracorriente.

M: Nos dimos cuenta de que cambiamos de lugar y la gente nos siguió. Y encima era una sala más grande y se llenaba igual. Antes ya habíamos celebrado la fiesta de nuestro primer año en Razzmatazz, que lo alquilamos. Vinieron 700 personas. Entonces fue cuando contactaron con nosotros los del Fellini. Se ve que nos venían siguiendo.

S: Déjame hacer un intermedio. Allí empieza el negocio. El «oye tío, tengo una cosa entre manos, cómo tengo que moverlo». Empiezan a haber las envidias. A la noche no le gustó nada que de repente dos matados como éste y yo empezáramos a movilizar los lunes a 300, 400 personas. Empiezan los ataques de los portaviones que mueven la noche en Barcelona. También empiezan las amenazas porque nosotros ya tenemos que mover de un local a otro el negocio por una cuestión de aforo y porque nos estaban robando descaradamente. Tienes que tomar una decisión y no te puedes enfrentar a ellos. Tuvimos que moverlo al Apolo, lo cual nos conllevó serios problemas. Amenazas de todo tipo, zancadillas, palizas a este señor [señalando a Mad Max].

M: Cuando nos fuimos del Sidecar a los lunes le pusieron Rocky Mondays. Intentaron confundir a la gente para que siguieran yendo allí. Cosas de la noche. Aprendimos a base de palos. Después de un tiempo nos dimos cuenta que éramos tontos.

S: Pero las suecas nos la llevábamos nosotros a casa [ríe]. En el momento que se hace negocio entra este señor en acción [señalando a Ximo]. Nos hizo de manager, de hermano mayor y de empresa. Sustituyó a Mauro.

M: Y nos hizo ver que allí había más que una noche. Que allí había más que una borrachera. Y cuando nos propuso hacer algo los martes pensamos Sören y yo en hacer otro Nasty Mondays. Nos dijo que no, que montáramos una historia, que no hacía falta que pincháramos nosotros. Y allí empezó un poco el Nasty Garage. Luego el Apolo nos ofreció también los jueves. No podíamos ser los artistas, el que cobra y el que folla. Teníamos que buscar a más gente que nos ayudara. Siempre arriesgamos. Nos la jugamos yendo a un lugar más grande.

S: En Las Ramblas, en el Fellini, empezó a descubrirnos gente de la ciudad, a bajar gente de la zona alta, el universitario. Hasta entonces el público había sido guiri. Era esa esencia underground de gente que vivíamos en la calle y vivíamos la fiesta desde el váter. Éramos la mierda de la mierda.

M: Los que tenemos currando acá nos conocieron en el Fellini. Las Ramblas no eran lo que son ahora.

S: Ahora son Lloret.

M: Antes no había los clubs de la zona de la playa. Fellini era Fellini. No había mil clubs como hay ahora.

¿Nasty Mondays hubiese sido posible en otra ciudad del mundo?

M: No. Barcelona reunía todas las características.

S: Hombre, en Nueva York también pueden suceder cosas. De hecho, nosotros estuvimos un año y medio yendo allí los lunes. Lo que pasa es que el invierno es muy frío…Es que Barcelona es Barcelona. Nosotros siempre hemos defendido que nuestra marca es Barcelona.

M: Barcelona también es surf. Tiene los conceptos con los que nosotros crecimos.

X: La evolución de Nasty Mondays también ha ido paralela con el boom de la marca Barcelona. Y tuvimos la suerte que coincidió con el boom de las redes sociales. Yo tengo muy claro que si fuésemos a pinchar a Estocolmo vendría a vernos gente que pasó por Barcelona.

S: Pero vendrían con los hijos ya. [Ríe]

M: Nosotros empezamos a pinchar en el extranjero gracias a Barcelona. Gracias a que es tan cosmopolita. Así hemos conocido a gente que tenía un bar en Amsterdam y tal.

X: Viéndolo con perspectiva coincidió una propuesta de rock diferente aunando tendencias de los 80, el surf, el boom de la Barcelona turística, que Barcelona sea un destino ideal para hacer un máster o un Erasmus…

Nasty Mondays

¿La respuesta del público en los clubs extranjeros fue buena?

S: Sí, pero no es Barcelona. Lo nuestro es un concepto y la gente no está acostumbrada. No están preparados para una sesión así. ¿Por qué se quitan la camiseta, se emborrachan, saltan e interactúan con nosotros? Y no estamos pinchando música electrónica. Es una interpretación del rock and roll a nuestra manera. En Nueva York creamos una pequeña escena, pero acabamos reventados. Evidentemente el efecto que Nasty Mondays tiene en Barcelona no lo tiene fuera.

M: Una vez fuimos a una sala de un pequeño pueblo cerca de Viena y reventamos el pueblo. Nosotros si nos llevan a un sitio siempre somos humildes y amables con la gente.

S: Sobre todo humildad, queremos ser cercanos con la gente.

M: Una vez estábamos en la sala pequeña de Space Ibiza y de repente todo el mundo empezó a venir a nuestra sala y tuvieron que reforzar la seguridad. Claro, vieron que había dos tíos en cueros pinchando AC/DC. Nos lo pasamos de puta madre.

X: Sus sesiones siempre han sido espectáculo, imagen, desfase y buena música. Sobre todo buena música. En todo momento saben escoger el tipo de música adecuado y captar el momento. Han creado escuela. Mucha gente ha copiado su estilo. Tenemos champiñones de fiestas por toda Europa. Con nosotros trabaja un abogado que solo se dedica a contactar con gente que monta Rocky Mondays, los Mondays Locos, etcétera.

M: A ver, es normal. A mí no me molesta, pero una cosa es inspirarte y otra intentar hacer lo mismo. Los que quedan mal son ellos. Se nota a una legua lo que están haciendo.

X: Está pasando en Italia, en Bélgica, en Alemania, en Chile.

S: ¿En Chile?

X: Sí, sí, son bastante activos. Y en Argentina también.

M: Claro, hay jóvenes que aspiran a conseguir algo parecido a lo nuestro. Pero no es fácil. Primero de todo porque estas cosas suceden cuando no las buscas.

S: Aunque yo soy el primer autodestructivo conmigo mismo, tienes que tener una parte artística. Nunca hemos querido ser artistas, pero hay un momento en el que tienes que asumir ese papel.

M: Profesionales somos.

S: Somos una basura artística.

X: La imagen que Nasty Mondays da puede ser frívola, pero hay muchísimo trabajo detrás. Hay que alimentar día a día la historia.

S: El garaje es lo que nos hace continuar. El año pasado fuimos la única fiesta en el mundo que pusimos el escenario lleno de pinballs. Esas cosas no suceden. O por lo menos yo no las he visto en mi vida. Hostia, aportamos. Te gustará o no, lo entenderás o no, pero no nos quedamos con lo que hace todo el mundo.

M: Intentamos inventarnos nuestras movidas.

S: Tendríamos que hacer una fiesta de arcades.

X: Y hemos tenido muchos haters, gente que nos ama, gente que nos quería y ahora nos odia, gente que nos odiaba y ahora nos quiere…Cuando una persona va por un camino se encuentra muchas piedras y muchas hostias. Gente que ha pasado por la sala como el cantante de Franz Ferdinand, gente de los Motörhead o Loquillo han quedado admirados con Nasty Mondays.

¿Cómo se sobrevive a la noche?

S: Oye, al final esto es más fácil de lo que parece. Si juegas la partida de la noche, como si juegas la partida del rock and roll, los excesos van de la mano. Sino no sería actitud y rebeldía. Luego lo tienes que saber manejar. La realidad de la noche es eso. Y sino no te metas en la noche ni en el rock and roll. Al final te lo vas a encontrar de morros. Vete a El Liceo, si no.

M: También tuvimos la suerte que empezamos Nasty Mondays él con 33 y yo con 29. No nos agarró con 20, cuando seguro que se me hubiese ido la olla por cualquier lado.

S: Pero se lleva con dificultad. Es lo más difícil de todo.

M: Por más que tú no lo hagas estás rodeado de gente que sí lo hace.

S: Tienes que adaptarte al ecosistema. Tú no te vas al bosque en chanclas. Y es el precio que tienes que pagar. Aquí no valen tonterías.

M: Por ejemplo, hicimos un tour por España pinchando tres o cuatro días a la semana y acabamos quemados. Cogiendo cada día un avión, sin dormir…

S: Vimos que nosotros no queríamos ser esto. No queremos ser DJ’s, no queremos ser David Guetta. Nosotros queremos comernos el frankfurt debajo del Apolo, pinchar, tocar algún culito y ya está. Por eso siempre hemos renegado de ese icono DJ.

M: Lo probamos y no nos gustó. Nuestra casa es Barcelona. Por eso seguimos acá. Más allá de excesos y tal, tienes que tener los pies en el suelo. Cuando vas de campeón cometes errores porque vas de invencible. Entonces empiezas a tener haters con motivo. Humildad. Al fin y al cabo, no inventamos la cura del cáncer. Simplemente ideamos una fiesta.

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