«Los únicos medios que teníamos nosotros al alcance en la guerra eran nuestras emociones y la creatividad»

En su mítica canción ‘Miss Sarajevo’ el legendario grupo irlandés U2 dejó para la posterioridad la extraordinaria historia de una ciudad sitiada y exhausta por la guerra que decidió organizar un concurso de misses como símbolo de resistencia. Las participantes llevaban en sus manos un cartel en el que ponía «Don’t let them kill us» como mensaje para el mundo. Ese mismo año, 1993, un joven cantante Muhamed Fazlagic-Fazla, recién llegado del asedio de Sarajevo, representaba en Eurovisión a Bosnia y Herzegovina por primera vez en la historia como estado independiente. Su objetivo fue lanzar con su canción que decía «todo el dolor del mundo está esta noche en Bosnia»  el grito de orgullo y aguante de una nación que estaba sumida en el mayor conflicto desde la II Guerra Mundial. Han pasado 23 años de esa actuación que, aquella noche en Irlanda, hizo de Eurovisión un lugar en el que triunfó la  dignidad humana a pesar de la guerra.

¿Qué supuso representar a Bosnia y Herzegovina en Eurovisión en el año 1993, en plena guerra?

Ser el primer representante en la historia de un estado es una experiencia trascendente. Me pregunto por qué me tocó a mí. Además, a esto se suma un enorme sentimiento de responsabilidad por representar de la mejor manera a un país al que tanto amas, que, sea como fuere, es el tuyo, y que no cambiarías por ningún otro.

¿Cómo se gestó esa idea de acudir a Eurovisión en medio del conflicto?

Tras el referéndum, y después de la entrada de Bosnia y Herzegovina en la ONU, obtuvimos el derecho como estado independiente de ser miembros de Eurovisión. Era una oportunidad de enorme importancia cuando el país y la gente estaban sufriendo la agresión más brutal desde la II Guerra Mundial. El concurso interno fue muy transparente, a pesar de la guerra. Se presentaron 47 composiciones de las que el jurado eligió 12. En la gala final participaron los artistas más reputados del momento como Davorin Popovic, el grupo Kid, Edo y Adil Mulahalilovic, Drazen Zeric, Alma Cardzic… Pero tuvimos la suerte de que nuestra canción saliera elegida, una composición escrita por Dino Merlin y Fahrudin Pecikoza que ganó por unanimidad.

Eurovisión, era, después de las Olimpiadas de Barcelona, el lugar perfecto para que Bosnia como estado participase en una muestra internacional, y reafirmase su independencia en la escena mundial.

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El equipo bosnio participante en el festival de Eurovision de 1993 en Irlanda

He leído que la participación del equipo significaba lograr salir de una cuidad sitiada como Sarajevo, lo que  suponía atravesar corriendo la pista del aeropuerto que estaba completamente expuesta a los francotiradores y a los bombardeos. Parece una escena sacada de la película ‘La vida es bella’: un deseo por preservar la vida en su dignidad frente a todo, incluso exponiendote a la muerte. ¿Cómo son sus recuerdos de ese momento?

Es cierto que tuvimos que atravesar corriendo la pista, no sólo una vez sino varias porque las tropas de paz de UNRPFOR nos capturaban y nos devolvían al punto de inicio, es decir, a Dobrinya, uno de los barrios más castigados. Yo no diría que nos movía un deseo de vivir, sino que nuestra idea estaba encaminada hacia el hecho de que si unos podían defendernos desde las trincheras, nosotros podíamos representarles, a pesar de las dificultades que nos fuéramos encontrando. Así que la pista del aeropuerto era sólo una dificultad, aunque muy peligrosa, en nuestro camino que duró más de dos días hasta Zagreb. Una de las anécdotas durante nuestra salida por la pista de la que todos siguen hablando es mi caída en el lodo nada más empezar a correr, en el que se quedaron mis zapatos, así que llegué descalzo al monte Igman, territorio libre, en pleno mes de febrero. Supongo que la carga de adrenalina hizo que eso no me supusiera ningún inconveniente.

Si se hubiera tratado de un mero deseo de supervivencia o libertad seguramente no habríamos regresado a la asediada Sarajevo una vez terminó Eurovisión, la grabación del álbum y los conciertos marcados.

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El álbum ‘Todo el dolor del mundo’, 1993

Vuestra participación en el festival hizo visible el dolor y la resistencia de un pueblo. Como artista y sociólogo, ¿cómo interpreta el movimiento artístico que surgió en Sarajevo durante la guerra?

Es una pregunta interesante sobre la que se escribirán muchas tesis en el futuro. Desde nuestra perspectiva, los únicos medios que teníamos nosotros al alcance en la guerra eran nuestras emociones y la creatividad. Esto significaba que todas las carencias de nuestra posición respecto del conflicto las teníamos que suplir con esa parte abstracta que encontrábamos en nosotros, que debía a su vez responder de una manera eficaz a la fuerza y la brutalidad del agresor. Creo que todos logramos mantener la dignidad de la profesión y la reputación que la ciudad de Sarajevo siempre tuvo en un sentido cultural en el país. Así como los ciudadanos no destruyeron en la guerra los monumentos culturales y religiosos de Sarajevo, nosotros intentamos no insultar a nadie con nuestros actos, mientras convertíamos nuestras proyecciones internas en obras de arte. Fue una ayuda mucho más importante para la supervivencia del país que el haber aceptado los estándares que los agresores intentaron imponernos.

Si hacemos un paralelismo con los conflictos actuales, la crisis migratoria, ¿cúanto ayudaría ver manifestaciones como aquella participación en el festival?

La situación actual es diferente. Hace 23 años, Eurovisión era una plataforma mediática mucho más importante, básicamente por la falta de tecnología con la que contamos ahora, así que el peso de una actuación así hoy es mucho menor. Hoy las redes sociales nos sirven y ofrecen la información en un espectro mucho más amplio y rápido. Esa posibilidad no la tuvimos nosotros y por eso usábamos Eurosong y manifestaciones similares. Creo que hoy Eurovisión ha retornado hacia ese carácter exclusivamente lúdico, mientras que las cuestiones sobre refugiados, catástrofes humanitarias y conflictos son caldo de interés de redes sociales y medios electrónicos, en los que el ciclo de la noticia es cada vez más corto, lo que supone que aquellos que consumen estas noticias se cansan rápidamente. También están aquellos que, a partir de noticias así, promueven el activismo, y no permiten que informaciones de tan importante calado tengan una vida tan fugaz.

Hoy vive en EEUU. Han pasado 23 años desde su actuación con una canción que hablaba del dolor, pero sobre todo de la resistencia de un pueblo, el bosnio, y de un espíritu indestructible. Después de estas dos décadas de postconflicto, ¿Cree que ha sobrevivido ese espíritu en Bosnia?

Hace un par de años, contesté en una entrevista que a lo largo de su historia milenaria, Bosnia y Herzegovina ha sobrevivido a todos sus enterradores. Hoy creo lo mismo. Siempre hay barreras, enemigos también, pero Bosnia muestra en los momentos precisos esa solidaridad orgánica que apuntó Durkheim, enseña su ser multicultural y camina por las vías de la prosperidad. Los últimos 20-30 años han sido muy duros, es un período largo en la vida de un hombre, pero relativamente corto para la vida de una nación. El espíritu de Bosnia vivirá mucho después de nosotros, de eso estoy seguro y eso es por lo que debemos luchar.

Este año, los representantes de Bosnia han tenido una puesta en escena simbólica con un alambre de espino, y también fue intencionada la presentación de la canción que se realizó en la restaurada biblioteca de Sarajevo, la Vijecnica. Parece que ese espíritu del que hablamos y que usted representó en el año 1993 sí ha vencido. ¿Qué opina?

He estado en contacto con nuestros representantes, les he dado fuerzas y algunas sugerencias. Creo que tanto la canción como la interpretación cumplían con estándares muy altos. Es una pena que no hayan pasado a la final. El mensaje de la escena, realizada por el prestigioso dramaturgo Haris Pasovic, sobre la eliminación de vallas, la discriminación y la necesidad de glorificar el amor, o bien no ha sido entendido por el jurado de los estados votantes, o se han cansado de la politización de este concurso, y por eso han rechazado la idea. El videoclip de Vijecnica es esa ratificación de que Bosnia ha enterrado a sus enterradores, y ha sobrevivido aún más orgullosa y desafiante, como diría el poeta Mak Dizdar.

bluebird Comunicación
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