«La poesía es un juego de espejos»

Mariano Cuesta

Me cuenta Mariano Cuesta (Ceuta, 1977) que la asimetría es un concepto que le lleva persiguiendo, prácticamente, desde siempre. Quizá desde que se topó con un fragmento de Kafka y su concepción de la Literatura cambió para siempre. O desde que comenzó a escribir, pronto, sobre los 14 años, como una válvula de escape para intentar regular las emociones que le iban sucediendo. Dice que «era una persona terriblemente insegura», así que eso le servía para expresar todo lo que llevaba dentro.

Asegura, por ejemplo, que el amor es asimétrico, como él, físicamente. Quizá por eso su primera poemario, sobre el que hablamos en esta entrevista, no podía llamarse de otra manera que no fuera ‘Asimetrías’. Se trata de un libro autoeditado —muy pronto estará en Amazon—, en el que el lector se encuentra el proceso universal del amor contado de manera inversa. Mariano «tira» de Bukowski para explicarlo, de ese Bukowski de ‘Mujeres’:

Las relaciones humanas eran extrañas. Quiero decir que pasabas un tiempo con una persona, comiendo, durmiendo y viviendo con ella, amándola, hablando con ella, yendo a los sitios juntos y, de repente, todo se acababa. Luego había un corto período de tiempo durante el cual no estabas con nadie, pero entonces otra mujer aparecía y tú comías con ella y jodías con ella y todo parecía tan normal como si hubieses estado esperando a que llegara y ella hubiese estado esperándote a ti.
Dice la RAE que la simetría es la «correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo». Sin embargo, ¿qué son las asimetrías? ¿Y ‘Asimetrías?

La asimetría como concepto me lleva persiguiendo desde hace muchos años. Desde que leí que el rostro humano es asimétrico, que tiene diferencias notables entre una mitad y la otra. Ese concepto lo he reflexionado durante años. En mi caso, por mis circunstancias vitales, yo soy asimétrico físicamente.  Así que esto se ha convertido en una especie de signo que me acompaña a lo largo de mi vida.

En cuanto a ‘Asimetrías’, me refiero a los poemas de amor en particular. En este caso, la asimetría es como si cogieras un muelle. El movimiento del alambre es circular pero si sigues acabas en un punto diferente del que estabas. Eso es para mí el amor. Y por eso se llama el libro ‘Asimetrías’, porque no es lo mismo el amor a los 15 que a los 30 que a los 40, aunque el proceso sea siempre el mismo, ilusión, fascinación, enamoramiento, madurez, crisis y desamor. La percepción que tenemos de este proceso va cambiando a lo largo de nuestra vida y con nuestra experiencia. Parafraseando a Ángel González, «siempre el mismo y siempre diferente».

Este libro está compuesto por 130 fragmentos que van deshilando una historia de amor universal, no se hace mención a nadie en concreto, sino que es un compendio de poemas desde mi juventud hasta hace poco menos de un año

A muchos nos da por escribir después de haber leído, escuchado, visto, a otros… ¿A quiénes has leído tú? ¿Quiénes son tus referencias, en la literatura, en el arte y en la vida?

Yo pasé de leer Barco de Vapor y Los Cinco a leer a Kafka. Recuerdo que con 14 años llegó a mis manos un pequeño librito de Alianza Cien. El relato se llamaba ‘En la colonia penitenciaria’ y, rápidamente, me sumergí en lo que contaba. No era más que un capítulo de ‘El proceso’, pero me sentí identificado desde primera hora. Más tarde, además de la prosa, llegó la poesía del 27, Alberti, Machado, Salinas… Sobre todo, Salinas. Me conectaba de cierto modo a mis vivencias. Luego llegó Neruda y posteriormente descubrí a Kavafis, Pavese, Bukowski, Ángel González, Luis García Montero y un sinfín de nombres más.

Creo que todo lo que hacemos, vemos, oímos, sentimos, es la base de lo que expresamos. En mi caso yo lo único que hago es tamizar las experiencias a través de la cámara de fotos o, en este caso, de la poesía. Me influyen desde Dalí hasta Man Ray, pasando por Wes Anderson, Tarantino, el propio Bukowski, Ángel González, Miguel D’Ors… Es una cuestión de que te encaje en el momento vital. En mis primeros poemas se puede ver una influencia muy becquerianaaunque no lo he leído más allá del instituto, pero luego, conforme he ido viviendo, la poesía se vuelve distinta, ya no es tan pasional, sino que se abre camino de modo casi costumbrista.

Con respecto a mi trabajo como fotógrafo, me gusta mucho trabajar con la gente, el retrato es un género que te permite conocer a las personas más profundamente, aunque no digan nada, pero observas su modo de mirar, su respiración, sus gestos. Es algo que disfruto mucho, sobre todo cuando la persona que está frente a mi cámara se relaja y afloran detalles que en la vida podría pensar que estuviera ahí. A veces, uno se lleva muchas sorpresas y es una de las gratitudes de mi trabajo.

No sé vivir

No sé vivir,
pero
no
importa.

¿Y antes, cuando empezaste a escribir? Tengo entendido que escribes prácticamente desde siempre…

Sí, desde que tengo uso de razón siempre me ha interesado escribir. Recuerdo que con 8 años cogí la máquina de escribir de mi padre para escribir un guión… ¡Y yo por entonces no sabía qué era eso! Pero la intención era lo que contaba. Ponerme frente a un papel en blanco nunca ha sido ningún problema. Empecé a escribir poesía con 15 años, si no recuerdo mal, en un pequeño cuadernillo de los que hacía mi padre con hojas viejas por la parte de atrás. Se reciclaban los folios ya escritos y aún conservo muchos de los poemas y borradores manuscritos. En la actualidad escribo frente al ordenador o con el móvil, que para mí ha supuesto una liberación, porque puedes escribir en cualquier lugar sin tener que molestar a nadie.

¿Hay tanta poesía como poetas? ¿Qué es para ti la poesía?

Sí, yo creo que hay tanta poesía como poetas, a veces se puede coincidir pero siempre hay algo distintivo en cada uno. La poesía para mí es una manera de expresarse con palabras, no necesariamente tienen que ser sentimientos, pueden ser vivencias de cualquier tipo, paisajes, sonidos. Es intentar compartir un mundo interior, como un cristal que deja ver lo que hay dentro de uno. Es un juego de espejos. Uno recibe estímulos del mundo exterior y los transforma en poesía después de haberlos rumiado. En mi caso supone también una liberación poder sacar las cosas que me pesan o no puedo o no sé decir de otra manera. Esto tiene mucho que ver con la necesidad del ser humano de convertir el dolor en algo bello para poder seguir viviendo.

Vienes del mundo del diseño y la fotografía, ¿eso hace que tu concepción de la literatura pueda ser distinta? ¿Más visual quizá?

Creo que todo está íntimamente relacionado. En cierto modo la imagen y la palabra son dos elementos de lo mismo. Al final, vivimos en imágenes a pesar de las letras. Las letras no son más que una manera de introducir imágenes en tu cabeza. Había una viñeta por ahí que hablaba sobre eso. Aparecía un personaje hablando al lector diciéndole «tengo el poder de crear imágenes en la gente» y se ponía a decirle a un hombre que pasaba por allí «elefante verde con sombrero» y, automáticamente, aquel hombre estaba pensando en un elefante verde son sombrero. No sé si mi concepción poética es distinta, no lo tengo claro, porque para mí es un todo, más allá de la forma. Es un todo creativo que se sirve de diferentes herramientas.

Mariano Cuesta

En un momento en el que casi cada día nace una nueva editorial consagrada a la poesía… ¿Por qué decidiste autoeditarte?

En un principio acudí a una editorial, porque yo mismo no era capaz de despegarme de mi obra y  le dimos un sentido, una forma, pero al final no llegamos a un acuerdo y decidimos ir cada uno por su lado. Así que, a pesar de todo, me decidí a lanzarlo porque ya había conseguido la financiación a través de una plataforma de crowdfunding y no iba a dejar que todo el trabajo se quedara en un cajón. También tiene que ver el hecho de que me gusta controlar cada aspecto de mi trabajo. Si tengo algo en la cabeza es difícil que cambie de opinión. Veo algo y lucho por ello, porque creo que es la mejor de las opciones, y como yo vengo del diseño considero que puedo aportar ese punto extra para dotar a mi trabajo del punto de vista que pretendo en un principio.

El prólogo de tu libro lo ha escrito Ramón Reig, un catedrático de periodismo. ¿En los medios, pese a todo, sigue habiendo poesía?

En los medios hay poca poesía. Actualmente hay demasiado ruido, todo se basa en pinchar en enlaces, o ni siquiera eso, nos quedamos en el titular directamente. Vivimos demasiado atenazados por el periodismo de impacto y dejamos poco espacio a la reflexión. Lo que sí creo es que, en cierto modo, hay una justicia poética donde a toda esta gente que se dedica a malvender el periodismo siempre le llega su San Martín, como el caso de Eduardo Inda recientemente.

Esta semana presentas ‘Asimetrías’. ¿Nos cuentas cómo va a ser el acto?

La presentación será este jueves, día 16, en La TreGua (c/ Evangelista, 57), un bar aquí en Sevilla. La estoy organizando aún, así que no puedo contarte mucho por ahora, pero espero contar con el profesor Reig.

De todos los poemas de ‘Asimetrías’, ¿cuál te hace pensar un poquito en Bill Murray?

Te imagino

Te imagino tomando una cerveza,
acariciando el vaso entre tus manos suaves,
mirando la ventana, inmóvil, suspendida,
en busca de recuerdos que se escapan.

Te imagino sentada en un local tranquilo
girando el taburete treinta grados,
moviendo las rodillas lentamente
en la huida de todo pensamiento.

Te imagino, de nuevo por el parque,
caminando despacio vuelta a casa,
esperando mis ojos tus abrazos
en una calle de luces ya dormidas.

Bill Murray es un referente de mi infancia. ‘Cazafantasmas’ es una de las películas con las que crecí. Luego he ido viéndolo en muchas películas, pero en la que más me impresionó fue en ‘Lost in Translation’ y, posteriormente, su trabajo con Wes Anderson en varias de sus películas. En ‘Lost in Translation’ me abrumó en todos los aspectos, se alejó del papel de payaso que recordaba, pasó a un personaje nostálgico, desgastado por la vida y que, por casualidad, encuentra algo de luz en el personaje de Johansson. Este poema me inspiran las miradas desde aquellos rascacielos nipones en medio de una de las ciudades más bulliciosas del mundo y, sin embargo, sintiéndose solos.


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