«Para los gordos, antes de las redes sociales, había silencio, dolor y mucha soledad»

Magda Piñeyro

Espero a Magda en una cafetería. Cuando aparece, confirma lo que ya empecé a sospechar al escuchar sus primeros pinitos en Radio Pimienta: que es una chica encantadora, con una sonrisa radiante, y la charla empieza a fluir. Está en Madrid, porque lleva un par de meses presentando por todo el país su nuevo libro, ‘Stop Gordofobia y las panzas subversas’ —el cual, me confiesa al final casi entre risas, «casi ni me creo que haya escrito… Es tan precioso, y ha sido todo tan precipitado»—. Magdalena Piñeyro, filósofa, feminista, activista y escritora (en cualquier orden), todavía tiene trabajo a la vista.

¿Cómo han ido las presentaciones?

Mucho mejor de lo que esperaba. ¡Ya van 31! Siempre tienes un poco de miedo, por si va poca gente y tal. Me he encontrado con mucha empatía, porque después de cada presentación hacíamos una puesta en común de experiencias y suponía mucho vuelco emocional; eran pequeños encuentros para hablar de la herida.  Tres cosas que me han llamado la atención del público: la mayoría mujeres, muchas “no-gordas”, y muchas me pedían que les firmara el libro para sus madres. No sé si es para que las madres las dejen en paz o porque las madres son gordas también…

Detrás de Stop Gordofobia hay siete personas más, aunque no hayan colaborado en el libro.

Muchas de las otras chicas son nuevas, y a algunas les cuesta todavía. Nosotros [los fundadores], al principio, teníamos mucha vergüenza: sobre cómo tratar con los medios, salir del armario… Ellas [las nuevas administradoras] están en su propio proceso, el de armarse teóricamente. Estamos en varios países; la compa de México, por ejemplo, tiene ganas de meterse a investigar sobre cine y gordofobia, pero va muy poco a poco…

Tenemos algo que nos hacía mucha falta: un buen repaso al discurso del activismo gordo, en español. Por fin alguien que se documenta y lleva a cabo una enorme labor. Aunque SG no vio la luz sin muchas dudas iniciales, pronto pasó de ser una pequeña comunidad en Facebook a convertirse en un gran altavoz que reproduce miles de historias cotidianas sobre discriminación, empoderamiento, autoaceptación, autoestima, plenitud… pero, sobre todo, de amor propio.

Viajando en transporte público he notado que el libro atraía muchas miradas. Han llegado a decirme: «La gordofobia no existe; lo que hay son modas y complejos».

Mucha gente cree que no existe. A mí también me lo han dicho mucho, como si fuera algo inventado por mí. Pero, ¿entiendes “la diferencia entre estar acomplejada porque algo de ti no te guste y que una sociedad entera te diga que tu cuerpo está mal”? Yo sí. Carlos [el cofundador] y yo encontramos el término fatphobia, y lo tradujimos para la página; pero no sé quién lo acuñó. Un compa llevaba muchos años haciendo canciones y letras sobre esto que sufría, y cuando lo descubrió, me dijo: «Por fin tiene nombre esto que yo llevaba sintiendo tanto tiempo. ¡Qué paz interior!». Aunque no existiera el nombre, la situación existía.

Llama la atención que el activismo gordo, a diferencia del feminista o el racial, sea tan reciente. Antes de la Red, ¿cómo nos arropábamos?

Antes había silencio y dolor. Y mucha soledad. Y esto se rompe con Gorda!Zine, con Orgullo Gordo, con Cuerpos Empoderados; con las redes sociales. Todas pensábamos «esto me pasa sólo a mí»… que era nuestra culpa, que éramos las únicas responsables de que los demás nos discriminaran de tantas maneras.

Me da la sensación de que en el libro tocas el bullying superficialmente… Entiendo que es la semilla temprana de la gordofobia, y sin embargo no has querido profundizar en este mecanismo de opresión.

Mucha gente me ha dicho: «Magda, el libro está guay, pero me supo a poco». No podía tocar más ese tema por cuestión de espacio, pero aparte sentía que ese debate está muy abierto y no me atrevía a sentenciar nada. No me atreví a explicarlo mejor porque no sabía cómo tratarlo.

magda-pineyro-libro‘Stop Gordofobia y las panzas subversas’ es un librito pequeño, introductorio, pensado para divulgar, compartir y acercarse a una realidad presente en todos los países, en todas las sociedades, y que se alimenta principalmente de la publicidad pero que se reproduce en instituciones socializadoras, como la familia o el colegio. Un modo de discriminación estructural que, como explica la autora, nos afecta especialmente a las mujeres y nos coloca, así, en una posición de doble opresión. Un asunto que, más allá de estética, moral y supuesto rigor científico, es sobre todo político. La idea de las panzas subversas no es agrandar la norma estética para que quepamos algunos cuerpos. La idea es romperla, acabar con esa injusticia que desacredita socialmente a los cuerpos etiquetados como “no deseables”, para que quepamos todos y todas. O ninguno.

Uno de los puntos fuertes del libro es la crítica que haces del término de gordibuena, tan popularizado, porque dices que crea exclusión entre las gordas.

Este tema ha sido muy debatido, y ha generado mucho conflicto. Nosotros, por ejemplo, lo hemos tenido con Weloversize. Conceptos como este pueden empoderar a determinadas personas, pero genera un clasismo entre las gordas: las gordibuenas son blancas, heterosexuales, occidentales, jóvenes y tienen dinero. El capitalismo tiene esa capacidad de absorber cualquier lucha que le sea beneficiosa. Fíjate si no en la explosión del ecomarket a raíz de la demanda vegana: el mercado de lo ecológico, que es carísimo. O las camisetas del Che Guevara. El capitalismo dice eso: «Vos luchá contra lo que te dé la gana, en tu chiringuito, que yo voy a utilizar la parte que me beneficie». Tiene que ser muy guay sentirte una gordibuena, pero no todas entramos en ese canon. Ni tenemos dinero para sacarnos partido. O no queremos. Pero nos han vendido que ser atractiva es lo bueno de este mundo, sobre todo para las mujeres, y creo que nos olvidamos de que el punto es otro. De que todos tenemos derecho a querernos como somos, y a ser respetados.

Sin embargo no hay gordibuenos… hay fofisanos.

Sí, lo explico en el libro. Al hombre no le meten la misma criba a la mujer, ni de coña. Puedes estar un poquito gordo, fuerte… pero para ser considerado gordo, tienes que estar muy gordo. Además, fofisano no hace alusión a la belleza, ¡sólo a la salud, a que estás “sano”! Cuando eres gordibuena es que estás buena… porque nosotras siempre tenemos que estar buenas. Me peleaba con un compa porque me decía mucho lo de «Mujer bonita es la que lucha». ¿Por qué tenemos que ser bonitas? ¡Yo no quiero que el criterio de la belleza sea el que me defina! Puedo ser otras muchas cosas. Sí… cada vez se les empieza a exigir más a los hombres también —las cremas antiarrugas y tal…—, pero ni de coña llega a nuestro nivel. A nosotras nos han dicho que, si no somos bellas, no tenemos nada que hacer en la vida, que no somos válidas, da igual cualquier otra cualidad positiva que tengas: lo inteligente/buena amiga/hermana/hija que seas…

Los gordos en el cine estamos invisibilizados y sólo existimos para la burla y la humillación. Al hilo de este revuelo con la secuela de Frozen, ¿qué pasaría si, en vez de una novia, Elsa tuviera una amiga gorda?

Pues que la gente le diría a Disney que hace “apología de la obesidad” (como a nosotras), de la vida sedentaria, etc. ¿Conoces ‘My mad fat diary’? Yo es la única vez que me he sentido identificada realmente con una protagonista; con una protagonista “normal”. Una sensación hasta corporal… indescriptible. ¿El resto? Estereotipos montados sobre una base ridícula. ¿Has visto ‘Amor ciego’? Un tipo que “tiene un conjuro” y se enamora de una gorda “porque la ve flaca”… En fin… Ridícula.

Ridículo, sí. Y así todo. Le digo a Magda que el libro me ha tocado, me ha revuelto. Que te tiende la mano para que rías, pero también para que llores. Es inevitable reflejarse en algún punto. Es inevitable descubrir que a ti también te pasó: te descubriste gorda en el momento en que «tu cuerpo es un problema para los demás». Lo peor es que a medida que nos ponemos en la piel del otro, del que cuenta su historia, también nos podemos descubrir inconscientemente gordofóbicos. El siguiente paso, como reza Gorda!Zine, es «apropiarse del insulto para salir de la herida».

Tú, con tu libro, y SG, con su labor, empoderáis a mucha gente. Pero ¿a ti quién te empodera?

[Risas] Esa es la gran pregunta. Carlos y yo nos hemos desvinculado bastante de la administración por diversos motivos. Detrás de esa página hay mucho trabajo y muchas cosas positivas, pero también mucho dolor, y, entre todas, nos acompañamos. Sentir esa horizontalidad y compartir tanto es un apoyo mutuo, me ayudó muchísimo… los últimos años me cambió la vida.

En el libro intercalas pequeños poemas…

Me gusta mucho escribir, aunque no publique todo. Lo he hecho toda mi vida. También hago canciones y toco la guitarra. Pero sí, mi blog es como un desahogo. Creo que el arte es transformador.

Continuamos charlando un poquito más. Me cuenta que autoaceptarse es un proceso muy largo. «La lucha por el amor propio no es una meta, sino un mantenerse fuerte para continuar en el camino hacia él», dice en el epílogo. Aún le cuesta reaccionar al acoso callejero, y no quiere ponerse a la altura del que humilla y discrimina, pero confiesa que poco a poco todo te va dando igual. Aprendes a que te dé igual. Aprendes a tomártelo con humor, porque poco a poco a mirarte con tus propios ojos, y no con los del opresor, como dice en estas páginas. Tu cuerpo, ese que miles de cuerpos «normales» te dijeron que no merecía ser vivido, te pide una tregua. Ahí, y no antes, despiertas. Eres libre, y gorda, y no hay “nada” de malo en ello.

Sólo después de despedirnos, caigo en la cuenta de que «normal» es una palabra horrible.

Fotografía: Ecuador Etxea ©


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