«La poesía es como una grieta, una fractura tanto en el tejido humano como en el tejido social»

Juan Domingo Aguilar

Durante los días que he estado leyendo a Juan Domingo Aguilar he recordado que Bolo García me dijo alguna vez que no había poetas malos y buenos, que lo que había eran poetas honestos y deshonestos. Pero, a veces, se unen ambas cosas. ‘La chica de amarillo‘ y ‘Nosotros, tierra de nadie‘, los dos primeros libros de este poeta andaluz del 93, son ejemplo de ello.

Lo primero que leo de ti después de recibir ‘Nosotros, tierra de nadie’ es un poema titulado ‘Cuchillas’: «La poesía como una canción punk (…) déjame sentir el dolor del mundo / el dolor la sangre / aunque no sea a mí a quien disparen / cada día en el telediario». Ha sido como volver al terremoto que me supuso encontrar en su momento a Maite Dono, Cuando terminé de leer su ‘Circus Girl’ me dije «por fin sé qué es el punk». Ese primer verso, ese poema, me conoce. Gracias.

Gracias a ti Pilar, a todos los que somos seguidores de grupos como The Clash nos aflora de vez en cuando ese ramalazo punk. De hecho en la antología ‘La Grieta’, publicada por Bandaàparte Editores, tras el V Premio UCOpoética, uno de mis poemas incluidos llevaba por título ‘Combat Rock’, en homenaje al grupo londinense. A todo esto hay que sumarle que Joe Strummer, a nivel personal, tuvo mucha relación con la ciudad de Granada, estuvo muy implicado en toda la historia relacionada con la búsqueda del cuerpo de Lorca (llegando hasta el punto de coger una pala e irse a cavar junto con Jesús Arias bajo los olivos para encontrarlo) y era un fiel devoto de su obra poética, además Strummer fue el productor y padrino de Lagartija Nick, grupo fundamental de la escena alternativa granadina con discos como ‘Hipnosis’ o el imprescindible ‘Omega’, en colaboración con el maestro Enrique Morente.

Esa tenía que ser la primera “pregunta”, pero quizá sea mejor empezar por el principio. En este 2018 has publicado ‘La chica de amarillo’ y ‘Nosotros, tierra de nadie’ y además has participado en varias antologías. ¡Impresionante!

Desde luego está siendo un buen año, no me puedo quejar. Tuve la inmensa suerte de publicar a raíz del I Premio de Poesía Esdrújula ‘La chica de amarillo’, mi primer libro, que nace como consecuencia de mi paso por los talleres de UCOpoética capitaneados por Javier Fernández, de hecho la primera publicación en la que aparecí fue ‘La Grieta’, la antología de la que he hablado justo arriba, junto a grandes amigos como Jorge Villalobos, Alba Moon o Mayte Martín.

Poco después Jorge y yo decidimos embarcarnos en el proyecto ‘Algo se ha movido: 25 jóvenes poetas andaluces’, una antología de autores menores de 35 años que intenta mostrar de alguna forma lo que está pasando en nuestra comunidad autónoma, las diversas líneas y estéticas que hay y lo cambios que se están produciendo. Esdrújula apostó desde el principio por este libro y por ello debemos darles las gracias. En la nómina de autores incluidos aparecen nombres como Ángelo Néstore, María Sánchez, Rosa Berbel, Estefanía Cabello, Ana Castro o Paula Bozalongo, y contamos con un prólogo de Joaquín Pérez Azaúste, a quién desde aquí le agradezco también su implicación. Todo un lujo y una clara evidencia de que algo se está moviendo en Andalucía.  

‘Nosotros, tierra de nadie’ fue resultado de una idea que tenía en mente desde hacía un tiempo, tratar todo el tema de la memoria histórica de nuestro país desde una perspectiva que no estuviese manida. Cuando me llamaron para comunicarme que había ganado el Premio Andaluz de Poesía Villa de Peligros me llevé una sopresa y me alegré de que se premiaran libros con un componente social tan marcado. Sí, definitivamente estoy muy contento por cómo ha ido transcurriendo este año, ojalá que siga así todo durante más tiempo.

«Para conseguir un libro honesto hace falta mucho trabajo, muchas horas de revisión y un ejercicio completo de reflexión sobre qué es lo que realmente quieres decir y cómo».

«‘La chica de amarillo’ es un libro verdadero», reza la contraportada. Le doy la razón. ¿Es difícil ser auténtico? ¿Hay que trabajarlo?  

No sé si es auténtico o no. Sé que es honesto y que para conseguir un libro honesto hace falta mucho trabajo, muchas horas de revisión y un ejercicio completo de reflexión sobre qué es lo que realmente quieres decir y cómo. Esa frase justo de tu pregunta viene del prólogo de Antonio Praena, autor al que admiro inmensamente y que confió desde el minuto  uno en el libro. Lo que probablemente sea difícil es conseguir un estilo propio, sin caer en la repetición ni el abuso de ciertos recursos.

‘La chica de amarillo’ surge de un proceso doloroso, de reflexión, de desengaño tras una relación complicada. Pero no solo se ciñe a transmitir ese dolor, no, la idea del libro, de hecho, es la de plantear un viaje en el que ese vestido funciona como vehículo, como pretexto para contar ciertas historias que pueden parecer alejadas entres sí pero que, en el fondo, están relacionadas. La trama, en la que reconozco que hay un componente teatral bastante fuerte, con muchos monólogos y diálogos que mantienen y conducen el ritmo, es una excusa para reflexionar, sobre el fracaso, sobre el desengaño que sufrimos las personas de mi generación respecto a la forma de estar en el mundo que nos han inculcado desde pequeños. Utilizar ciertos elementos como excusa para viajar a otros lugares, para contrastar nuestros cómodos problemas con otros verdaderamente importantes.

Como ya nos has contado, ‘Nosotros, tierra de nadie’ es Premio Andaluz de Poesía Villa de Peligros 2018. ¡Enhorabuena! ¿Cómo se recibe una distinción así y para qué sirven los premios?

Los premios cumplen una función importante para los autores y es que son una buena oportunidad para poder publicar y darse a conocer, además hay muchos premios interesantes para gente joven. Aunque, eso sí, también creo que hay muchos factores que influyen y lo normal es presentarse a muchos premios hasta que consigues alguno. Presentarse a estos certámenes es una forma de que las editoriales conozcan tu trabajo y lo que estás haciendo. Creo que a veces es más útil, si lo que quieres es que te lean, presentarse a estos premios que enviar manuscritos. Hay muchos premios pensados para los jóvenes ahora mismo y esa oportunidad hay que aprovecharla. Del mismo modo también hay libros estupendos publicados que no tienen ningún premio o que no lo tuvieron en su momento. Se me ocurre por ejemplo que cuando se publicó ‘Las afueras’, de Pablo García Casado, un referente fundamental para entender la poesía contemporánea española y su evolución en los últimos años, salió con DVD Ediciones y fue un poco después cuando recibió el Premio Ojo Crítico de RNE, pero el libro no salió como consecuencia de haber ganado ningún premio.

La obra arranca con una cita de José María Fonollosa (¡qué buen gusto!), pero toda tu obra está impregnada de otros artistas: Leonard Cohen, Jonás Trueba, Gloria Fuertes… ¿Cómo de importante son los referentes y cuáles son los tuyos? ¿Y el cine? ¿Cuánto hay de cine en tu poesía?

Ya he hablado de algunos un poco más arriba, está claro que José María Fonollosa es un autor que durante muchos años ha sido obviado injustamente, y su obra poética para mí es una de las más interesantes de su época, a pesar de permanecer al margen de corrientes literarias y ser totalmente desconocido para crítica y público. En el campo literario podría destacar nombres como Raymond Carver, e.e. cummings, Pablo García Casado, Javier Fernández, Erika Martínez, Antonio Praena, Joaquín Pérez Azaústre, Laura Casielles, José Luis Amaro, Camino Román, Karmelo C. Iribarren, Gloria Fuertes o Jaime Gil de Biedma. En esta lista que acabo de dar se ve claramente que hay autores de distintas generaciones incluso algunos bastantes actuales. Esto está directamente relacionado con el hecho de que creo que nuestros referentes son importantes porque nuestro estilo y nuestra obra nace de un diálogo con ellos, del mismo modo que podría considerar referentes a autores y autoras jóvenes, compañeros y compañeras de promoción con los que comparto antologías.

Creo que alguien que escribe tiene que estar imbuido de todo lo que le rodea y por eso precisamente campos como la música o el cine también tienen que estar presentes. Yo no concibo mi vida ni mi obra sin una banda sonora de fondo con grupos y autores como pueden ser Los Planetas, Ricardo Lezón, Lou Reed, Leonard Cohen, Woody Guthrie, Bob Dylan, Joan Baez, The Smiths, Joy Division (y muchos más) o sin directores de cine como Woody Allen, Jonás Trueba, Cesc Gay, Rodrigo Sorogoyen, Pawel Pawlikowski, Paolo Sorrentino, François Truffaut o Stanley Kubrick.

Todo aquello que nos remueve por dentro, nos zarandea, trastoca y golpea, que despierta en nosotros ciertas sensaciones es carne de poema y en el cine y la música encontramos espacios comunes que todos conocemos y con los que nos sentimos identificados. Esto no es nada nuevo, muchos autores y autoras han hablado del cine en sus poemas antes que yo. El cine está en la poesía del mismo modo que la poesía en el cine, el ejemplo más claro quizás sea la película ‘Paterson’ de Jim Jarmusch, una historia sobre un conductor de autobús y poeta aficionado que trata sobre las pequeñas cosas que nos rodean, basada en el libro homónimo del escritor norteamericano William Carlos Williams. Del mismo modo, tras más de ochos años dirigiendo una compañía de teatro, es inevitable que en mis libros haya cierta impronta dramáticas. Es más, en relación con mis referentes, me viene a la mente el claro ejemplo de un autor que abarca y representa estos dos géneros a la perfección: Lorca. Tendría que mencionar nombres como Jordi Galcerán (‘El Método Grönholm’ o ‘Palabras encadenadas’) que además es traductor de Yasmina Reza, otra dramaturga francesa que también es de mis favoritas (‘Un dios salvaje’, ‘Arte’ o ‘Una comedia española’). También soy muy fan de Sergi Belbel (Tálem’) y Alberto Conejero y (‘La piedra oscura’). La poesía y el teatro, para mí, siempre irán de la mano, igual que el cine seguramente será un factor importante y siempre presente en mi obra.

Juan Domingo Aguilar libros

‘La chica de amarillo’ denuncia claramente la violencia machista, también has participado en ‘Granada no se calla’, una antología también contra la violencia machista. Háblame de tu feminismo, por favor. Pienso en feminismo y pienso en nuestras madres y nuestras abuelas, también muy presentes en tus poemas.

‘Granada no se calla’ es una iniciativa promovida por Javier Gilabert y Alicia Choín, con el apoyo de Esdrújula Ediciomes. Es un proyecto que busca aunar las voces de autores y autoras de la ciudad de Granada para decir fuerte y alto «Ni una más». Ojalá en el futuro no hagan falta libros de este tipo, pero está claro que por el momento son necesarios para intentar acabar con esta lacra de la violencia machista que presenciamos día tras días en nuestro país. A nivel personal, siempre me ha interesado mucho el papel de la mujeres y la obra de autoras que sistemáticamente han sido silenciadas u obviadas conscientemente  a lo largo de la historia de la literatura y, en general, a lo largo de la historia de nuestro país. El ejemplo más claro podría ser el de Las Sinsombrero, sobre quienes además escribí hace un tiempo un artículo en Oculta Lit.

Me interesa sobre todo porque las mujeres escritoras no están al margen de la calidad literaria, ni ahora, ni entonces, pero ni en aquella España la igualdad de género era algo existente, ni en la de hoy podemos decir que lo sea. Todavía falta mucho trabajo, hay que reivindicar el papel de todas estas mujeres, que participaron en las publicaciones literarias y proyectos educativos más importantes de la época, como las Misiones Pedagógicas.

«El problema es que siempre han estado en la sombra e incluso históricamente los grupos más progresistas las han marginado de una manera intolerable. Por eso en ‘Nosotros, tierra de nadie’ afirmo que nuestras madres, nuestras abuelas, son nuestra verdadera patria».

Siempre me he planteado esta pregunta: ¿por qué España olvida a sus mujeres? Aquí entrarían todas esas madres y abuelas a las que haces referencia en tu pregunta. Puede que no fueran filósofas, poetas ni artistas, pero durante muchos años, ellas han sido las que han levantado este país con su trabajo y esfuerzo, a pesar de estar siempre en un segundo plano. Incluso en el discurso corporativista y nacionalcatólico defendido por el régimen franquista las mujeres jugaban un papel protagonista en la reproducción del sistema, en la perpetuación de los roles y las identidades de género en nuestra sociedad, aunque luego, siguiendo con las corrientes de pensamiento reaccionarias del siglo XX, sufrieran un brutal exilio doméstico por motivos ideológicos, religiosos y económicos. Ellas siempre han estado ahí sosteniendo el peso de la historia. El problema es que siempre han estado en la sombra e incluso históricamente los grupos más progresistas las han marginado de una manera intolerable. Por eso en ‘Nosotros, tierra de nadie’ afirmo que nuestras madres, nuestras abuelas, son nuestra verdadera patria.

¿Hablamos de memoria histórica? ¿De fosas comunes? ¿Puede la poesía hacer justicia?

El día que recogí el Premio de Poesía de Peligros por `Nosotros, tierra de nadie’ leí unas palabras que muestran de manera clara y rotunda lo que pienso respecto a este tema:

«Sí, creo que sí. En tiempos en que lo habitual parece ser mirar para otro lado, los poemas que integran este libro tratan de conseguir justo lo contrario. Su intención es remover al lector y hacer que se replantee las verdades a medias que durante tanto tiempo se han fijado sobre la historia de nuestro país, realizar un ejercicio de memoria colectiva responsable, honesto y justo. Visibilizar el papel que durante tantos años han ejercido todos aquellos  y aquellas que con su trabajo, ideología y sacrificio han intentado hacer esta tierra un poco mejor y más nuestra. Me gustaría pensar que la poesía puede servir como una herramienta para recordar y reivindicar a todos los que han dado y siguen dando lo mejor de sí mismos por una sociedad más igualitaria. Y, sobre todo, como una llamada a la acción para todos aquellos que piensan que luchar contra la desigualdad, ya sea de género o raza y contra el olvido es, hoy más que nunca, imprescindible».

Hablas de un ejercicio de memoria colectiva responsable, honesto y justo… De una sociedad más igualitaria… Y también de las verdades a medias que nos han vendido en este país… ¿Qué lectura haces de la irrupción de VOX en el Parlamento de Andalucía? ¿Qué nos está pasando?  

Me entristece mucho la imagen que estamos dando a nivel internacional y que seamos noticia por este tipo de sucesos, ya que el pueblo andaluz siempre se ha caracterizado por la lucha de su derecho a la autonomía y su identidad propia, algo que se representa perfectamente con el espíritu del 12 de febrero.

Tendríamos que fijarnos en el auge de los nuevos fascismos que se ha ido produciendo paulatinamente en Europa (y al otro lado de la orilla) durante los últimos años. Partidos como el que lidera Viktor Orban en Hungría, el Partido de la Libertad Austríaco, el Partido Ley y Justicia polaco, Amanecer Dorado en Grecia, incluso el Brexit que fue promovido por sectores conservadores, ultranacionalistas y euroescépticos son fenómenos interrelacionados.

«Me parece preocupante y vergonzoso que tengan el valor de defender la supresión de la Ley contra la Violencia de Género en Andalucía, la comunidad autónoma de nuestro país en la que más mujeres han muerto por este motivo».

En nuestro caso particular no son nada nuevo, por mucho que algunos quieran verlos como «la nueva derecha». Me parece preocupante y vergonzoso que tengan el valor de defender la supresión de la Ley contra la Violencia de Género en Andalucía, la comunidad autónoma de nuestro país en la que más mujeres han muerto por este motivo. Ya conocemos de sobra cómo funcionan estos partidos de corte autoritario, extremadamente nacionalistas y populistas: realizan promesas que no pueden cumplir y cuando llegan al poder (algo que espero nunca vuelva a ocurrir) ven que no pueden llevar a cabo todo lo que prometieron y arremeten contra los inmigrantes, le echan la culpa a los sectores más vulnerables, al diferente, ese miedo y odio hacia el otro que históricamente ha caracterizado a formas de pensamiento fascista. Varios amigos del mundo de la literatura expresaron su descontento en redes y recibieron comentarios y mensajes cargados de odio invitándoles a irse del país.

Este tipo de comportamientos son los que no hay que tolerar y por supuesto, mucho menos alimentar. Tampoco tenemos que sorprendernos de que haya gente que aún piense así, puesto que nunca se fueron, son simplemente la ultraderecha española nacionalcatólica de siempre que vuelve a utilizar términos como «reconquista» y «cruzada». Todo esto está directamente relacionado con el tema de la Memoria Histórica, ya que afirmar con total tranquilidad que el régimen franquista no fue una dictadura o que esta ley impide hablar de nuestro pasado, es simple y llanamente una barbaridad, además de una enorme mentira.

Muchos de los que votan a estos partidos en Europa parece que han olvidado que hace poco más de medio siglo, estas mismas personas no les habrían permitido depositar su voto en una urna, ni manifestar su opinión. Igual es que de vez en cuando se nos olvida que la democracia fue una conquista y no algo que siempre ha estado ahí. Hay que cuidarla y fortalecerla para evitar que en el futuro algunos listillos de turno vuelvan a creer que pueden decidir por nosotros y nosotras.

«No se nos debe olvidar que una vez nosotros fuimos los que huíamos de la represión y las bombas y, aunque la actitud de muchos países vecinos dejó mucho que desear, tuvimos cierta acogida en algunos de ellos».

Escribes: «como si Europa nunca hubiera sido / toda entera un cementerio». Ahora el cementerio es ese Mediterráneo que rodea Europa.

Asistimos a un momento dramático en lo que se refiere a Europa, no sólo por las crisis internas de valores que están quedando de manifiesto, sino porque, una vez más (que no se nos olvide la tragedia de los Balcanes, el genocidio bosnio y lo mal que la UE gestionó este asunto), somos testigos de cómo día tras día miles de personas son tratadas como despojos en nuestras fronteras. Cómo en lugar de intentar buscar soluciones en las que prime el lado humanitario, se buscan parches momentáneos que desatasquen la situación (siempre sin que sufran mucho los mercados) que atienden más a intereses concretos de partidos (o grupos) políticos determinados. En ‘La chica de amarillo’ ya aparecía esta idea con el cuerpo de aquel pequeño niño ahogado en la costa turca. Una imagen vale más que mil palabras. Sin embargo, a pesar del revuelo que causó esta foto en las portadas de los periódicos y en los principales medios de comunicación, pasados unos meses parece que se nos olvida el hecho de que esto sigue ocurriendo a diario. No se nos debe olvidar que una vez nosotros fuimos los que huíamos de la represión y las bombas y, aunque la actitud de muchos países vecinos dejó mucho que desear, tuvimos cierta acogida en algunos de ellos. ¿Acaso el ser europeos nos sitúa moralmente por encima de cualquiera de estos individuos? Yo creo que no. De hecho si ser europeo es aceptar o ceder ante la idea de que ellos son seres humanos de segunda clase, entonces me avergonzaría de serlo. Los valores que fomentaron el europeísmo creo que están muy lejos de los que ahora rigen los principales órganos e instituciones.

¿Es la poesía, como dices en uno de tus poemas, escribir en defensa propia? ¿Un martillo que golpea?

Ese verso está sacado de otro poeta granadino al que también respeto mucho: Ramón Repiso. Durante la presentación de ‘La chica de amarillo’ pronunció estas palabras. Para mí desde luego creo que sí, escribo en defensa propia frente a todo aquello que hay fuera, del interior hacia el exterior, tanto en el plano más íntimo como en el más social. Respecto a lo segundo, Gabriel Aresti fue quien escribió esos versos que me hicieron descubrir la poesía como un martillo capaz de golpear sobre la mesa para centrar la atención en ciertos temas, una llama a la acción. Para mí la poesía es como una grieta, ya lo he dicho alguna vez, una fractura tanto en el tejido humano como en el tejido social. Estoy convencido de que si el autor es valiente, honesto y se quiebra de verdad, el lector percibe ese golpe y se rompe.

«Las bibliotecas son como los tanatorios»… Algo tiene este verso, que se te cuela dentro.

Estoy seguro de que muchos de nosotros hemos pensado esto alguna vez. Las bibliotecas son sitios donde pasamos, algunos más que otros, mucho tiempo a lo largo de nuestra vida, y aunque muchas de ellas son acogedoras, siempre me ha parecido que existe en ellas algo frío y decadente, casi como si el contacto con los demás estuviera controlado del mismo modo que los plazos para las devoluciones de los libros. Un sitio al que hay que ir, aunque no siempre sea lo que más apetezca. Recuerdo que cuando estaba estudiando siempre miraba a mi alrededor y pensaba en lo cerca que tenía a todas las personas que se sentaban frente a mí en esa mesa y lo poco que sabía de ellas, la cantidad de horas que compartía con todos ellos, incluso llegan a sonarte caras, son casi familiares, pero en realidad sois absolutos desconocidos. Igual que muchas de esas otras personas que desfilan durante los tanatorios a los que llevas sin ver media vida. Y sin embargo los dos son lugares que siempre están abarrotados, llegando incluso al límite de tener que ir con tiempo porque si no te quedas fuera.

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