«En España se ve la cultura como una cuestión elitista cuando lo es menos que nunca. Es muy extraño»

isaki lacuesta

En las entrevistas suelo dejar encima de la mesa un libro que no tiene nada que ver con lo que voy a preguntarle al entrevistado. Simplemente lo hago porque acostumbro a llegar a la cita en tren o en metro y no sé en qué otro rincón apoyar ese ejemplar que me ha hecho más ameno el trayecto. Esta tarde de martes me acompaña ‘El mapa y el territorio’ de Michel Houllebecq. Isaki Lacuesta (Girona, 1975), uno de los jóvenes cineastas españoles con una propuesta más interesante, da su aprobación. A continuación me explica que le apasiona el deporte, sobre todo el tenis, y que alguna vez le gustaría hacer algo sobre Rafa Nadal. Para justificarlo me recuerda la final de Wimbledon del 2008 entre el balear y Federer. «Fue brutal», sentencia mientras  prueba el chocolate caliente que ha pedido en la emblemática pastelería Escribà de La Rambla de Barcelona.

Te has centrado, sobre todo en tus primeras obras, en poner el foco sobre personajes reales. Pero lo has hecho de maneras distintas. Por ejemplo, ‘Cravan vs Cravan tiene forma de biopic y ‘El cuaderno de barro, que habla de Miquel Barceló, tiene forma de documental sobre una manera de trabajar.

Siempre me planteo cada obra como algo particular porque cada una te pide una forma de tratamiento diferente. En ‘El cuaderno de barro’, que va ligada con ‘Los pasos dobles’, primero me planteé si todo podía encajar dentro de la misma película, pero no encontraba la forma. El equipo de rodaje llegamos a Gogolí (Malí) antes que Barceló, así que pensé que cuando lo fuese a buscar al aeropuerto de Bamako, que está a dos días de viaje en coche, tendríamos todo ese tiempo para hablar con la calma que el día a día de Occidente no te permite. Como dijo Henry Ford, la mejor manera de poder hablar con alguien es hacer un viaje en coche con él de más de 60 kilómetros. Esos dos días los pasamos charlando de intereses que tenemos en común como el cine, la literatura, el arte o el fútbol. Y cuando tan solo faltaban 100 kilómetros para llegar al pueblo fue cuando él me preguntó: «¿Y la performance —se refiere a la obra ‘Paso Doble’, que Barceló interpretaría en Gogolí junto a Josef Nadj— cómo tienes pensado meterla en la película?». Yo aún no sabía qué haría con ella, así que le contesté: «Pues quizá irá en los créditos finales». A lo largo de las siguientes semanas hablamos con el equipo, al principio en broma, sobre la posibilidad de hacer dos películas.  Los días avanzaron, la idea dejó de ser una broma, y cada vez vimos más clara esa opción de hacer una cara A  y una cara B. Me gustaba la idea de convertir a Barceló en un alter ego de François Augiéras para explicar a la vez sus dos universos y el mío, y explorar qué terreno fantástico y mítico compartíamos.

Una idea que ya llevaste a cabo en ‘Cravan vs Cravan’.

Sí, a mí las películas que se desdoblan o multiplican me gustan mucho. Es lo que decía Enrique Vila-Matas de crear tejidos que te lleven a múltiples direcciones y texturas. El choque de texturas diferentes hace que se creen momentos especiales. Así que con el equipo decidimos que debían ser dos películas que pueden ser complementarias o no. La idea es que sean dos películas muy diferentes entre las que hay ecos y que puedas darte cuenta de que la primera cena de ‘El cuaderno de barro’ es una secuencia simétrica a la de los mapas en ‘Los pasos dobles’. Hay una parte de aquella cena que rodamos en plan documental y otra en la que les dijimos a los protagonistas que actuaran. O que quien sólo vea ‘El cuaderno de barro’ pueda pensar que allí hay una cueva con pinturas de Barceló y quien vea después ‘Los pasos dobles’ descubra que esas pinturas las borraron.

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Alguna vez has dicho que te gusta mezclar ficción con realidad. Así que ya tenía pensado preguntarte por Vila-Matas antes de que lo mencionaras. ¿Es uno de tus referentes?

Lo fue durante mucho tiempo. De hecho, era un posible entrevistado de la película ‘Cravan vs Cravan’. Supongo que por generación hubo un momento en el que este intento de mezclar prosa, poesía y ensayo me atrajo. Creo que para mi generación Vila-Matas hizo un gran trabajo de señalar a quién debías estar atento. Gracias a él descubrí a autores que para mí han acabado siendo muy importantes, como Robert Walser. En ese momento sí que veía una gran afinidad entre lo que acabaría haciendo en ‘Cravan vs Cravan’ y ‘La historia abreviada de la literatura portátil’. Mi primera película no deja de mezclar investigación periodística con relato de ficción, así que un autor que no permite que sus obras se engloben dentro de un género determinado tenía que ser una clara referencia para mí.

Tus películas suelen interpelar diferentes artes. Sin ir más lejos, en ‘Los Pasos Dobles’ hablas de pintura y en ‘Cravan vs Cravan’ hablas de un poeta que era boxeador.

Es que me parece muy natural. Al final en la vida diaria no hacemos estos compartimentos que se hacen con los géneros literarios o cinéfilos. En un día, o en una simple conversación, acabas mezclando temas y estados de ánimo continuamente. A veces parece que decir que un cuadro te puede inspirar una película suena demasiado intelectual, hasta pedante, y lo pueden hacer servir como acusación. Sin ir más lejos, Jonás Trueba lo ha sufrido con sus películas. ¿Qué tiene de malo que en la pantalla salga alguien leyendo un libro? Es algo normal, y de aquí un rato cenarán y después quizá escucharán un disco, como en la vida. Es mucho más habitual coger un libro que una pistola y, en cambio, nadie critica que en las películas continuamente salgan pistolas.

isaki lacuesta
Una imagen de ‘Los pasos dobles’.

Después iremos al tema Carlos Boyero…

¿De verdad quieres volver a hablar de esto? ¿Ya da pereza el tema, no?

Es que yo me quedé en el 2011, en las palabras que te dedicó cuando ganaste la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con ‘Los Pasos Dobles’. El otro día descubrí que también te criticó duramente en 2014 cuando estrenaste ‘Murieron por encima de sus posibilidades. Al fin y al cabo, lo que te quiero preguntar es por qué en España habitualmente se considera negativo pretender hacer algo ambicioso. O, directamente, por qué muchas veces usamos la palabra “intelectual” para criticar a alguien.

Creo que esto, por ejemplo, en Francia no sucede tanto. Aquí en España el espacio cultural se ha vuelto más pequeño. No sé por qué razón se ve la cultura como una cuestión elitista cuando lo es menos que nunca. Es muy extraño.

Hace poco me dijiste que para tu primera película Canal + te dio 120.000 euros y ahora, para tu octava, Movistar solo te ofrecía 12.000. ¿Cómo se explica que después de 15 años te ofrezcan una décima parte de lo que te ofrecieron entonces? ¿Sólo es culpa de la crisis económica?

Yo creo que muchas veces esto tiene simplemente que ver con personas concretas a quien les toca programar en un momento determinado. Cuando Canal+ empezó a apostar por ‘Cravan vs Cravan’ o por ‘La leyenda del tiempo’ entonces lo estaba dirigiendo Manuel Pérez Estremera y Jordi Balló estaba dirigiendo el Máster en Documental de Creación de la Universitat Pompeu Fabra. Una persona, dos, tres o cuatro pueden hacer que sucedan muchas cosas, sobre todo si tienen un cargo de dirección. Ellos dos tienen el valor de hacer y apostar por lo que creen. Son personas que no tienen miedo a que los echen si sufren un resbalón.

Tienes cortometrajes, como ‘Tres tristes triples’ o ‘Rouch, un noir’, pensados para que se vean en Internet. ¿De qué sirve hacer un cortometraje en la actualidad?

Yo nunca me lo he planteado así porque considero que el utilitarismo lleva a muchos malentendidos. La principal utilidad del cine, la literatura o la pintura es entender el mundo donde vivimos, entendernos a nosotros y obtener placer. Experimento placer cuando veo una película que me gusta, sea un cortometraje o un largometraje. Y también experimento el placer que te otorga el conocimiento adquirido. Me sucede como espectador y como creador. El placer que me aporta escribir una página de la que estoy orgulloso es maravilloso. Se habla poco de lo que aporta dedicarse a un trabajo que te hace sentir orgullo, aunque éste solo te dure media hora. Envidio a los cineastas de épocas anteriores como Godart o Kurosawa que hacían una o dos películas al año. Esa regularidad en el trabajo te da mucho oficio y se perdió hace 20 años. Ahora un director hace una película cada tres, cuatro, cinco o seis años. Esto provoca que se hagan peores películas, que los directores sepamos menos, que conozcamos menos nuestras herramientas y que el día que tienes que rodar estés acojonado porque todo coge un peso y una relevancia terrible. Por suerte, yo no he parado de rodar desde ‘Cravan vs Cravan’. Estoy seguro de que no hubiese podido hacer ‘La leyenda del tiempo’ como la hice si entremedio no hubiese rodado ‘Teoría de los cuerpos’, uno de mis cortos. Aprendí mucho sobre cómo iluminar o retratar un cuerpo rodando con Humberto Rivas como director de fotografía.

Como decíamos al principio, has pasado de hacer historias centradas en personajes a historias más corales como ‘La próxima piel o ‘Murieron por encima de sus posibilidades. ¿A qué se debe esta evolución?

Hay una mezcla de cosas. Primero de todo que no responde a mi proceso cronológico de trabajo. De hecho, ‘La próxima piel’ habría sido mi segunda película si todo hubiese ido bien. Yo estaba hablando con productores para hacerla antes de ponerme con ‘La leyenda del tiempo’. Teníamos una primera versión del guion que no pudimos levantar y se fue quedando aparcado. Tu visión es inevitable porque desde fuera solo se puede ver así pero no responde a la realidad del proceso de creación. Aunque sí que es verdad que los primeros guiones de ‘La próxima piel’ estaban centrados en la madre y el hijo, y a medida que hemos ido avanzando la estructura de guiones, fue creciendo la complejidad coral de los personajes. Esto tiene que ver con un cierto dominio de dramaturgia que no poseíamos cuando escribimos el primer guion. Quizá ‘Los condenados’ también tiene esta coralidad, pero es más simple, la dosificación de personajes es más sencilla que en ‘La próxima piel’.

isaki lacuesta
Una imagen de ‘La próxima piel’, el último proyecto de Isaki Lacuesta.

Se acostumbra a afirmar que no se le hace caso al cine independiente español, pero a ti te han dado premios como la Concha de Oro del Festival de San Sebastián por ‘Los pasos dobles’ o los seis premios en el Festival de Málaga —incluido el de mejor dirección junto con Isa Campo— y los tres premios Gaudí —incluido el de mejor película— por tu último trabajo, ‘La próxima piel’. ¿Estás contento con la recepción que tienen tus obras?

La recepción del público esta vez para mí ha sido más agradable que en mis anteriores películas, ante las que se dieron opiniones mucho más extremas: gente a la que les encantaban o gente que las detestaban profundamente. Todo me pareció demasiado exagerado.

¿Entonces tú no buscas provocar esa radicalidad?

Sinceramente, no. A posteriori me he dado cuenta de que si alguna cosa busco en mis películas es que frieguen. Tanto si haces cine mainstream para un público mainstream como si haces cine independiente para un público independiente el resultado es totalmente inocuo. De esta manera, el público acaba viendo lo que esperaba ver y sale feliz pero siendo la misma persona que antes de entrar al cine. Yo lo que de forma inconsciente estaba buscando era coger, por ejemplo, formas propias de un cine documental y acercarlo a un público habitual de la ficción o al revés. Es incómodo, pero es bueno hacerlo. En ‘Murieron por encima de sus posibilidades’ el público que está acostumbrado a ver a Imanol Arias en ‘Cuéntame’ se encuentra con Albert Pla, quien les dice una serie de cosas que no les dicen en ‘Cuéntame’, y el público de Albert Pla se encuentra a Raúl Arévalo haciendo una crítica del 15M. Estos choques son los que busco inconscientemente, enseñar al público cosas que no están acostumbrados a ver pero que existen. Ahora estoy escribiendo un artículo sobre el hecho de que los algoritmos de Facebook, Google, Twitter y demás están programados para que sólo veas información relacionada con lo que tú ya has buscado previamente. Ante esta situación el deber del cineasta es poner en contacto a su público con cosas que no necesariamente le gustan.

Woody Allen o Quentin Tarantino son dos tipos de cineastas que suelen ofrecer a su público habitual justo lo que va a ver. ¿Tú no buscas tener un estilo propio?

Si algo puede ser habitual en mi cine es la intención de explorar visiones antagónicas, como en el diálogo que se da en ‘Los condenados’ sobre la legitimidad de la lucha armada. No quiero contar el mundo de una sola forma. Te pongo de ejemplo los discos de los Beatles. Mis preferidos son el ‘White Album’ y el ‘Abbey Road’, pero de repente en ‘Rubber Soul’ te ponen en medio una pieza muy experimental que deja descolocado al fan del pop de los Beatles. O en el ‘White Album’ te aparece Yoko Ono, quien crea algo que está más cerca del fluxus que de la música pop del momento. Yo, con 12 ó 13 años, flipaba con estos descubrimientos de nuevos mundos.

Hay personas que se sienten traicionadas ante cosas así. Han pagado —en el mejor de los casos— por ver una cosa y se encuentran con otra. Tú mismo dijiste que el periodismo cultural español en vez de abrir horizontes actualmente se dedica a cerrarlos.

Imagino que esta afirmación es de la época de ‘Los pasos dobles’.

Efectivamente. ¿Sigues pensando lo mismo?

Tengo la sensación de que el periodismo cultural se ha compartimentado en nichos y eso hace difícil que haga descubrimientos por sorpresa. Me sabe mal que el periodismo cultural esté fuera del mainstream, que no aparezca en los informativos de TVE, Antena 3 o Telecinco, o que no esté en las páginas culturales de El País. Si quieres descubrir algo nuevo o diferente tienes que ir a las páginas de las publicaciones especializadas.

Pero entonces estamos ante la misma situación que comentabas antes: son lectores habituales de este tipo de prensa y allí no descubren nada demasiado diferente de lo que ya conocen.

No sólo esto, sino que en el momento que hay unas mínimas y superficiales secciones culturales y que el telediario dedica 30 segundos a hablar de cultura, alguien que no tiene demasiado interés por ella cree que viendo o leyendo eso ya está informado sobre cultura. Lo peor no es no estar informado, sino pensar que lo estás cuando no lo estás. Yo lo percibo en la cultura porque es a lo que me dedico, pero imagino que en otras secciones como la ciencia debe suceder algo parecido. Piensa que antes me dedicaba al periodismo. Todo esto me duele. Recuerdo que con 20 años escribí una crítica de ‘Rompiendo las olas’, de Lars von Trier, en la que mencionaba la influencia que en ella tenían las obras de Carl Theodor Dreyer. Al día siguiente, cuando se publicó, me di cuenta de que el editor había quitado la parte en la que mencionaba esta influencia. Cuando le pregunté por el motivo me contestó que nadie conocía a Dreyer. Y eso que en esa época no había likes ni clics. Yo pensaba, y pienso, que precisamente una de las funciones principales del periodismo cultural tiene que ser la de descubrir al público nuevos creadores, obras y estilos.

¿Las televisiones públicas de este país apuestan por el cine independiente?

Las televisiones públicas ahora mismo están totalmente perdidas. No saben hacia donde van y, por lo tanto, no están apostando por nada. O no entran en el juego o cuando lo hacen es con partidas presupuestarias ridículas. Pero es que no saben a qué están apostando. Así como hay otras televisiones que saben que apuestan contra el cine independiente, las públicas no apuestan por él porque no saben qué están haciendo.

¿Cómo sobrevive el cine independiente ante esta situación?

No quiero que suene mal, pero me entristece que en las entrevistas a cineastas o actores acabemos hablando más de economía o política que de cine. Les estamos regalando el poco espacio que tenemos para la cultura. Además, cuando los de la cultura hablamos de estos temas siempre parecemos muy quejicas. Pero ya que me preguntas, sobrevive por pasión y gracias a hacer películas más pequeñas, a recortar sueldos, a buscar financiación en Suiza…para mí un ejemplo es que cineastas como José Luis Guerín tengan que hacer su nueva película con un financiamiento de 0 euros, con su cámara doméstica y con un equipo que no cobra. O que Marc Recha tenga que rodar ‘Un dia perfecte per volar’, para mí una de las mejores películas del 2016, en cuatro días con un equipo mínimo y financiada por él mismo. Me sabe muy mal porque no solo quiere decir que estas películas se hacen en unas condiciones muy precarias, sino que no llegan a la gente porque no hay medios para hacerlas llegar a la gente. No tienen medios de producción ni una cadena detrás que las respalde. Y esta forma precaria de hacer cine, desde el punto de vista creativo, no es una forma que valga para hacer cualquier tipo de cine. Hay películas que sí o sí necesitan un presupuesto detrás. Y también estaría bien que los creadores puedan vivir de esto, ¿no?

Desde luego. ¿Creativamente es un buen momento para el cine español?

Sí, hay un talento brutal. Yo doy clases en la Universitat Pompeu Fabra y el nivel medio de los alumnos es infinitamente mejor que el nuestro a su edad. En cambio, no leen. Esto les quita unas herramientas que yo sí tenía. Pero cada año salen estudiantes buenísimos que tienen un acceso muy difícil a poder producir algo con cara y ojos. Falta lo único que existía hace 20 años: películas de presupuesto medio hechas por gente con talento. Esto ahora mismo no existe. Hasta te puedo decir que una película como ‘La próxima piel’, que respondería un poco a este modelo, ya está por debajo del presupuesto que tenían antes las películas de presupuesto medio. La hicimos con un millón y algo, cuando antes se hacían con dos o tres millones. Están buscando películas mucho más caras o películas que puedas hacerte tú con cámara doméstica.

En tu caso concreto, ¿seguirás contando con los medios para hacer este cine de clase media?

Ahora mismo no lo sé. Es una pregunta que me estoy haciendo hace tiempo: cuál es la intersección entre lo que me interesa y lo que es viable. Si existe en este país, si lo tengo que hacer en otro lugar o si tengo que llevar mi creatividad hacia otras disciplinas relacionadas.

¿En qué estás trabajando ahora?

Queremos hacer la continuación de ‘La leyenda del tiempo’, que empezaremos a rodar este verano, para explorar la evolución vital de los personajes. Es una película muy barata pero, de todas formas, muy difícil de levantar. Y después tengo algunas ideas, pero no sé hacia donde me llevarán.


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