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Somos unas histéricas

Somos unas histéricas

«Todas esas manifestaciones histéricas realizadas por algún partido son injustificadas e injustificables». Cuando pensábamos que no se podía ser más repugnante que Agustín Martínez, el abogado de La Manada, va el tipo y se supera.

histeria

Del fr. hystérie, y este del gr. ὑστέρα hystéra ‘útero’ y el fr. -ie ‘-ia’.

1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos

2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala.

Sí, somos unas histéricas: En España, hay tres violaciones cada día. Una cada ocho horas.

Sí, somos unas histéricas: En Europa, una de cada 20 mujeres ha sido violada.

Sí, somos unas histéricas: En casi el 80% de los casos los violadores pertenecen al entorno cercano de la víctima.

Sí, somos unas histéricas: El 80% de los casos no se denuncia a la policía.

¿Para qué vamos a denunciar? ¿Para ser nosotras las juzgadas? ¿Para que se nos llame histéricas? ¿Para que se publique nuestro nombre, nuestro rostro y nos jodan todavía más la vida? ¿De qué sirve creer en una Justicia que no cree en nosotras? 

Quizá tenemos razones para sentir esa histeria.

Por ejemplo, que José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Jesús Escudero, Ángel Boza y Antonio Manuel Guerrero, hayan quedado en libertad provisional a la espera de la decisión que tome el Tribunal Superior de Justicia de Navarra sobre el recurso a la sentencia que les condenaba a nueve años de prisión.

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Por ejemplo, que Antonio Manuel Guerrero, el guardia civil del grupo, atendiera a víctimas de la violencia de género. Es el tipo que en el juicio declaró que ella —la víctima— se lo pasó «mejor que yo».

Por ejemplo, que José Ángel Prenda escribiera una carta diciendo que «sería el primero en ponerme enfrente de un maltratador o un violador», porque tiene amigas, primas, hermanas y madre. Que las mujeres seamos seres humanos ya es otra historia. Que consideren “normal” lo que hicieron da pánico, casi tanto como esas conversaciones vía Whatsapp, en las que se hablaba de burundanga y de que «luego queremos violar todos».

Sin duda, tenemos motivos para sentir asco, pena y rabia, porque seguimos recibiendo el mismo maldito mensaje: Denuncia y serás juzgada; no denuncies y serás juzgada; muérete y serás juzgada. Parece que, de momento, es a la única justicia que aspiramos.

Hasta que llegue la de verdad, seguiremos tomando las calles. Hay manifestaciones histéricas para rato.

La imágenes son de Adolfo Lujan ©

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