Síndrome de Asperger, un niño en el espacio exterior

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«Soy raro, soy nuevo. Me pregunto si tú también lo eres. Oigo voces en el aire, veo cosas que tú no, y eso no es justo. Quiero no sentirme triste. Soy raro, soy nuevo. Pretendo que tú también lo seas. Me siento como un niño en el espacio exterior. Toco las estrellas y me siento fuera de lugar. Me preocupa lo que puedan pensar los demás. Lloro cuando la gente se ríe, hace que me encoja. Soy raro, soy nuevo. Ahora entiendo que tú también lo eres. Yo digo: ‘me siento como un náufrago’. Sueño con el día en que eso esté bien. Trato de encajar, espero hacerlo algún día».

Esta es la traducción de ‘I am’, un maravilloso poema de Benjamin, un niño de 10 años, con una sensibilidad extrema que se deja entrever en esa frase que nos estremece: «Toco las estrellas y me siento fuera de lugar». Qué belleza.

Va a hacer dos años que Benjamin se hizo famoso —o viral—, pero por aquí no lo hemos olvidado y hoy, que es el Día Internacional del Síndrome de Asperger, lo hemos traído de vuelta. Porque este poeta que nos conmovió entonces, padece este trastorno, que, pese a lo que pueda parecer a simple vista, es muy frecuente.

El Síndrome de Asperger es uno de los Trastornos del Espectro Autista más comunes. Se estima que hay entre uno y cinco casos cada 1.000 nacimientos y que tiene mayor incidencia en niños que en niñas, aunque no hemos conseguido encontrar datos oficiales en este sentido.

Según la Confederación Asperger España, se trata de «un trastorno severo del desarrollo que conlleva una alteración neurobiológicamente determinada en el procesamiento de la información. Las personas afectadas tienen un aspecto e inteligencia normal y, a veces, superior a la media. Presentan un estilo cognitivo particular y, frecuentemente, habilidades especiales en áreas restringidas».

La manera de manifestarse es diferente en cada individuo, pero todos tienen en común «las dificultades para la interacción social, especialmente con personas de su misma edad, alteraciones de los patrones de comunicación no verbal, intereses restringidos, dificultades para la abstracción de conceptos, interpretación literal del lenguaje, y dificultades en las funciones ejecutivas y de planificación, la interpretación de los sentimientos y emociones ajenos y propios».

Así , «el síndrome de Asperger supone una discapacidad para entender el mundo de lo social».

«No soy un loco, ni un freak, ni un raro. Solo que mi manera de recibir y procesar la información es diferente». Federico García Villegas, de ocho años, mandaba este mensaje al mundo el pasado mes de diciembre, a través de un vídeo que en Facebook superó las siete millones de reproducciones.

El pequeño explica que el Asperger no es una enfermedad y confesaba su deseo: Que le ayudemos a encajar.

Hoy puede ser un buen día para comenzar a hacerlo. Porque, como dijo John Sinclair, un hombre con síndrome de Asperger durante la Conferencia Internacional sobre Autismo que tuvo lugar en 1993 en Toronto, «tener autismo no significa no ser humano, sino ser diferente».

Tanto como un niño en el espacio exterior que toca las estrellas y se siente fuera de lugar.

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