Hasta siempre, siglo XX

siglo xx

Ayer amanecíamos en gris, con la noticia del fallecimiento de Fidel Castro en nuestros teléfonos. Unos días antes, se nos había ido Marcos Ana. Y así, poco a poco, nos quedamos sin referentes, sin esos soñadores que intentaron hacer del pasado el verdadero siglo de las luces, el de la justicia social.

Sin duda, con la marcha de Fidel se acaba verdaderamente el siglo XX.

Nos despedimos del muro de Berlín, pero Fidel seguía ahí. Cayó el telón de acero, pero Fidel seguía ahí. Vimos cómo se transformaban nuestras libertades —o quizá, mejor dicho, todo lo contrario— mientras se derrumbaban en prime time las Torres Gemelas, pero Fidel seguía ahí…

Y mientras él siguiera ahí el siglo XX, de alguna manera, también. Como si no hubiera que cerrar un ciclo, como si continuara siendo posible hacer la revolución, luchando como lo que somos —obreros— y no conformándonos por lo que el capitalismo nos hace entender que valemos.

Ahora, con los referentes dormidos. Sin Fidel, sin Gabriel, sin José, si José Luis… Ahora habrá que acostumbrarse a vivir en un siglo XXI sin alma, en el que Twitter será lo más parecido a Sierra Maestra y nuestros enemigos no tendrán que hacer nada, porque jamás conseguiremos que el mundo se tambalee.

Y sus enemigos no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.

Y no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla. (Eduardo Galeano)

Condenadlo, no importa, la historia lo absolverá.

Fotografía: Adam Singer ©

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