De periodistas y otros buitres

De periodistas y otros buitres

Ha vuelto a pasar. 15 meses después de publicar aquel editorial titulado ‘Nadia, Pozoblanco, El Español y el periodismo’, no nos queda más remedio que volver a dedicarles unas palabras a esas ¿personas? empeñadas en hacer de una profesión preciosa un estercolero.

Entonces denunciamos algo vivido en primera persona: Un ¿periodista? De esos que tienen mucha ambición, pero pocos escrúpulos nos desveló, sin quererlo, suponemos, el nombre de la mujer pozoalbense víctima de esos tipejos que se hacen llamar La Manada.

Ahora denunciamos el asco que nos produce la actitud de ciertos ¿compañeros? tras la desaparición y muerte de Gabriel Cruz, a manos de la pareja sentimental de su padre.

No queríamos entrar al trapo ni creemos que somos nadie para hablar de un suceso tan profundamente doloroso, porque nadie debería hablar a la ligera de un tema tan delicado.

No, tampoco la turba que ha hecho acto de presencia, exigiendo que nos entreguen a una supuesta asesina para que nos tomemos la justicia por nuestra mano, porque, a la vista está, la violencia sólo provoca más violencia.

Ni siquiera los políticos, que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se han dedicado a hacer campaña en contra de la derogación en España de la prisión permanente revisable. Algunos en el mismo funeral de un niño de ocho años, porque… ¿Para qué ir más lejos? Lamentable.

Pero lo cierto es que todavía somos periodistas y, suponemos, podemos opinar de la labor de la prensa durante todo el caso (y lo que queda). Sin duda, ha sido repugnante, asquerosa y vomitiva. Y cuando pensábamos que no podía ser peor, descubrimos, con horror, que hasta la madre de un niño al que han asesinado hace unos días ha tenido que llamar a un programa de televisión para decirle a un periodista que deje de mentir diciendo que es amigo de la familia. Esto ya es rizar el rizo.

Ojalá no tarde el día en que exista de verdad una institución que vele por la labor periodística, por el rigor y por luchar contra el mal periodismo, del que vamos sobrados en este país. Soy español, ¿a qué quieres que te gane?

Mientras tanto, y como ya dijimos una vez, seguiremos creyendo no en el periodismo, sino en las personas honestas que dignifican «el oficio más hermoso del mundo», tal y como lo denominó Gabriel García Márquez. Y también en las personas honestas que, sin tener nada que ver con la profesión, no juegan a darle alas al amarillismo, las personas honestas que saben cuándo cambiar de canal, leer otros periódicos, bucear más allá de los titulares o reivindicar el silencio.

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