Un paso más. Una huella más

Un paso más. Una huella más

Nuestra secretaria de redacción se llama Anika. Es una preciosa bóxer de siete años y si hace este tiempo España hubiera sido como lo es ahora no tendría un muñón, tendría un precioso rabo, uno que se vuelve loco cada vez que le decimos que es preciosa o lo mucho que la queremos.

Desde el pasado jueves, 1 de febrero, en nuestro país está prohibido amputar la cola o las orejas, seccionar las cuerdas vocales y extirpar las uñas y dientes por fines estéticos a nuestras mascotas. ¡Aleluya! Por fin ha entrado en vigor el Convenio Europeo sobre Protección de Animales de Compañía, que se aprobó, ¡ojo!, en 1987. Llegamos 30 años tarde, pero llegamos (en esto nos puede el optimismo). 

Para alcanzar esta meta ha habido que contemplar, cómo no, al Partido Popular en su máximo esplendor. El año pasado, durante el debate de ratificación de dicho convenio, escuchamos decir al diputado popular Francisco Martín Bernabé Pérez: «El efecto látigo existe: perros fuertes y poderosos, perros de caza que no controlan el movimiento de su rabo y que dañan con asiduidad a sus cuidadores». De hacer daño saben, y mucho, en su partido. De robar también. De empatía y amor por los animales andan justitos, la verdad, y no se cansan de mostrarlo a la mínima oportunidad.

Un paso más. Una huella más

Lo cierto es que amputar el rabo y las orejas de los animales trae una serie de inconvenientes innecesarios y peligrosos. Además de todos los riesgos que conlleva una intervención, puede perjudicar su relación con otros perros. No debemos olvidar que la cola y las orejas son esenciales a la hora de comunicarse, con nosotros y con los de su especie. Sin ellas nos estamos perdiendo mucho de lo que tienen que decirnos.  Aunque a Anika le baste la mirada para hacernos saber casi todo. La mayoría de las veces que, por favor, por favor, le demos ese trozo de pan que tenemos en la mano. O un gajo de mandarina. Que le rasquemos detrás de las orejas. O que dejemos de hacer carantoñas a esos dos gatos que también viven con nosotros. 

Qué decir de la extirpación de uñas o de las cuerdas vocales seccionadas. ¿Y si nos lo hubieran hecho a nosotros cuando éramos niños porque hablábamos o gritábamos demasiado? No es exageración, es así de cruel.

¿Quiénes son los animales? Nosotros, pero gracias a ellos —en nuestro caso, a ella— nos hemos ido volviendo más humanos y hemos ido entendiendo muchas cosas. Gracias, Anika.

España es hoy un país un poco más bonito. Hemos dado un paso más y, por supuesto, su huella se ha quedado marcada. Seguimos.

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