Noviembre contra el machismo: La violencia obstétrica también es violencia de género

Te sajaron el vientre.
Te encharcaron el cuerpo.
Te crujieron el útero.
Te aumentaron la dosis de benzocaína.
Te preguntaron sobre apellidos
y tú balbuceaste sobre lindes y matojos.
Para sentir difuso,
(como en los autos de choque)
cerraste los ojos
y esperaste el impacto.

Nacer no es una metáfora,
es un estrépito.

Parto II’ se titula este poema de Isabel Navarro, que más allá de literatura es un desgarro.

La Violencia Obstétrica también es violencia de género

El año pasado comenzamos con nuestro particular #MeToo el acto reivindicativo de dedicar cada editorial del mes de noviembre a luchar —desde la palabra, que es donde comienzan todas las luchas— contra la violencia machista.

Te crujieron el útero.
Te aumentaron la dosis de benzocaína.

En nuestro país las mujeres sufrimos violencia durante el embarazo, parto y posparto. Todas hemos escuchado los casos de una amiga o de la amiga de una amiga a la que provocaron el parto contra su voluntad o realizaron una cesárea de urgencia que resultó no ser tal. Os suena, ¿verdad?

La asociación El Parto Es Nuestro estima en 49.000 las cesáreas innecesarias que se llevan a cabo cada año y en 117.000 las episiotomías (el corte en la vagina para acelerar la salida del bebé) que nunca tendrían que haberse realizado y cuyas secuelas pueden ser eternas y horribles.

Son sólo la punta del iceberg, porque también todas tenemos una amiga o la amiga de una amiga a la que un ginecólogo infantilizó —ridiculizó—; atemorizó hablándole de la maniobra de Kristeller, prohibida en algunos países como el Reino Unido; o, peor aún, le realizaron esta técnica (casi siempre traumática, muchas veces peligrosa) que consiste en presionar la barriga de la madre para acelerar el expulsivo. El 26 por ciento de los bebés tiene secuelas: fracturas o hematomas.

Tal y como recuerda El Parto Es Nuestro, en la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia de la Mujer, se define como violencia de género cualquier acto de violencia basado en el género que posiblemente resulte en daños o sufrimientos físicos, sexuales o psicológicos de la mujer, incluyendo amenazas de cometer dichos actos, coerción o privación arbitraria de la libertad, ya sea en la vida pública o privada. «Llevado al ámbito de la atención obstétrica, identificamos prácticas violentas incorporadas en la praxis normal y los protocolos de atención de hospitales y centros de salud. La violencia obstétrica también es violencia de género, porque se da hacia las mujeres por el hecho de serlo; porque es un problema estructural; porque es colectivo», explican desde la asociación.

Te preguntaron sobre apellidos
y tú balbuceaste sobre lindes y matojos.

Vivimos en un país en el que no hace tanto tiempo se bromeaba a la salida de los paritorios con el marido sobre ese punto de más que cosería la vagina de las mujeres. Se pensaba que así, dejando la apertura vaginal más cerrada, se obtendría mayor placer en la penetración. De película de terror, basada en hechos estrictamente reales.

La Violencia Obstétrica también es violencia de género 2

No es una leyenda urbana. Ni una práctica aislada. Ojalá lo fueran. Y si lo parece es porque nos enseñaron, desde pequeñas, que calladitas estamos más guapas o que sufrir sin rechistar forma parte de nosotras. Pero ya basta. Es hora de que alcemos la voz y contemos estas y otras experiencias.

«Negarnos nuestra propia vivencia y el discurso sobre nuestra realidad no hace otra cosa que confirmar lo que denunciamos», expone muy acertadamente El Parto Es Nuestro.

Te sajaron el vientre.
Te encharcaron el cuerpo.

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