No solo Trump

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Anda mucha gente escandalizada estos días con Donald Trump. Parece ser que la rueda de prensa del otro día les sacó de sus casillas o algo así. ¿De verdad alguien pudo sorprenderse ante la actitud del presidente electo de los Estados Unidos durante su comparecencia ante los periodistas? ¿No se esperaban algo así de un tipo que la ha liado a lo largo de toda la campaña electoral y después de derrotar a Clinton en las urnas?

Se ha criticado, con razón, la actitud del magnate ante la prensa. Ese desprecio, ese tono, esas miradas, ese odio… Nada nuevo teniendo en cuenta que hablamos de Donald Trump. Ese gesto chulesco, perdonando la vida, pasando de periodistas de determinados medios, desafiándolos, despreciándolos… Sí, es una actitud tremendamente deplorable pero, ¿es algo nuevo?

Donald Trump no ha inventado el desprecio a los medios de comunicación. Es algo que ya viene de lejos. ¡Ah! Y, por supuesto, no es una creación estadounidense: se extiende a lo largo y ancho del mundo. Quizás sorprenda lo de Trump por sus formas, su chulería, su altanería y sus gestos de cara a la galería… Pero no tiene que ser más denigrante que otras maneras de tratar a la prensa.

Por ejemplo… ¿Se imaginan que un presidente del gobierno de un país cualquiera, ante ciertos escándalos de corrupción, decide que, en lugar de comparecer ante la prensa en carne y hueso decide hacerlo mediante una pantalla de plasma? ¿Se imaginan que el partido que gobierna en un país indeterminado utiliza la televisión pública para sus propósitos particulares? ¿Eso no sería también escandaloso?

Pongamos más casos.

Piensen en que, instados y presionados por algunos partidos políticos, los medios de comunicación se dediquen a inventar noticias falsas, bulos y rumores sobre un nuevo partido de reciente creación. Y que esas noticias son ofrecidas una y otra vez a la población hasta el punto que muchos se las creen y se las cuentan a sus cuñados en las cenas navideñas y reuniones familiares con grandes aspavientos y creyéndose poseedores de la verdad.

O que, sigamos imaginando, esos grandes partidos políticos consiguen que determinados periodistas se conviertan en sus mamporreros particulares y vayan, televisión a televisión tertulia a tertulia y programa a programa, repitiendo los mensajes del presidente o el ministro de turno, sin caérseles la cara de vergüenza y siendo alguno de ellos director de un medio de comunicación además de tertuliano. ¿Se imaginan que existiera algo así?

Pero ahora resulta que sale Trump en una rueda de prensa y muchos se echan las manos a la cabeza hablando de humillación a la prensa, maltrato a los periodistas, etc. Estamos de acuerdo pero… ¿Y todo lo que hemos contado? ¿Eso no es un claro desprecio y abuso de la clase política hacia la profesión periodística?

Lo de Trump, lo que se veía venir desde hace tanto tiempo, lo que este señor hace frente a todo el mundo y sin respeto alguno por la prensa, no es más que la consecuencia de esa tela de araña de control que la clase política ha ido tejiendo alrededor del periodismo a lo largo de los últimos años. En Estados Unidos, en Europa y en todas partes.

Nada es lo que fue. No podemos pretender que los grandes periódicos abanderen grandes cambios cuando están dirigidos por los mismos grupos empresariales y de presión que eligen a aquellos que nos gobiernan. Y eso pasa aquí y al otro lado del charco. ¿En serio alguien piensa que es una mayor falta de respeto lo de Trump que  lo de Rajoy compareciendo en un plasma ante la prensa?

No, queridos amigos. La prensa está muerta. La mató la política hace tiempo. Cada vez quedan menos referentes y los que quedan están al amparo de las nuevas tecnologías y las redes sociales mientras son perseguidos por leyes sin sentido como esa mordaza que nos impusieron aquí. Eso es lo poco que queda de la profesión periodística. Y, que ahora en estos momento, venga Donald Trump a darle el tiro de gracia, tampoco es demasiado relevante…

bluebird Comunicación
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