Hay motivos para la esperanza

Hay motivos para la esperanza

Finalizamos una semana que, nuevamente, podría haber continuado por ese sendero del aletargamiento social en el que este país se encuentra desde hace demasiado tiempo. Pasan los días, los meses e incluso los años y España, nuestra querida España, sigue inyectada por no sabemos bien que droga que ha hecho que, pese a todo lo sufrido, aquí nunca pase nada.

Pensamos que tras la crisis brotaría algo de esperanza. No pasó nada. Después creímos que con los recortes habría alguna chispa. No pasó nada. Más tarde llegaron decenas de casos de corrupción protagonizados por los cabecillas del bipartidismo. La vida siguió igual. Incluso llegaron a tener que repetirse unas elecciones por la inacción de los políticos. Pero nadie dijo nada.

Sin embargo, esta semana hemos vivido en nuestro país dos pequeñas señales de que quizás en el fondo haya algo de esperanza. Dos señales lumínicas que dejan claro que, pese a todos los intentos de los grandes partidos, los poderes económicos y los grandes medios de comunicación por anestesiarnos, aborregarnos y adormilarnos, siempre puede prender una mecha.

Sí, estamos hablando del motín en el CIE de Aluche y de la reacción de un grupo de estudiantes a la presencia de Felipe González y Juan Luis Cebrián en un acto en la Universidad Autónoma de Madrid.

Eso del CIE, que probablemente a muchos les suene a chino, es una de las grandes vergüenzas de nuestro sistema. Son lugares donde nuestro gobierno (sí, nuestro gobierno) atrinchera y hacina a seres humanos que llegan a España procedente de otros países hasta saber qué hacer con ellos. Los tratan como ganado. ¿Nunca habían oído hablar de algo así? Tranquilos, la prensa generalista no suele tratar estos temas, pero si se dan un paseo por la Red encontrarán mucha información.

Pues resulta que cerca de 40 personas que se encuentran internas en el CIE de Aluche, un barrio obrero de Madrid, decidieron que ya estaba bien y llevaron a cabo un motín. ¡Un motín! ¿Y qué locura pedía esta gente? Pues atención: pedían libertad y dignidad. Quizás estas personas no saben que, en la España del Partido Popular de Mariano Rajoy y del PSOE de Susana Díaz, pedir libertad y dignidad es pedir demasiado.

«Nos tienen como perros». Ésta es una de las consignas que los amotinados gritaban desde el tejado del edificio. Quizás no haya más que añadir.

También nos ha hecho atisbar algo de esperanza que a Felipe González le hayan montado un pollo tras todo lo que ha dicho y hecho este señor en los últimos tiempos. Quizá estos señores encorbatados (iba acompañado de Cebrián) ya pensaban que estaban por encima del bien y del mar y, con total seguridad, necesitaban un baño de realidad de todo lo que muchas personas pueden sentir hacia sus actuaciones.

Probablemente, hubo un día en el que Felipe González fue símbolo de la misma esperanza que hoy buscamos en este artículo. Pero ya no lo es. Ahora es un miembro más de la derecha más casposa que lleva este país hacia atrás mediante tijeretazos de recortes, censura y reducción de los derechos sociales. ¿A alguien le sorprende que en la Universidad haya grupos de estudiantes que no simpaticen con Felipe González? ¿O con Cebrián?

Lo que pasa, queridos amigos, es que tanto González como Cebrián mandan demasiado en eso que es el sistema. Y, especialmente el último, con eso de que comanda varios medios de comunicación, ha aprovechado la oportunidad para atizar a Podemos, decir que todo eso ha estado orquestado por Pablo Iglesias, quedarse tan ancho y mentir a la sociedad tan descaradamente desde ese púlpito que se llama El País al que un día admiramos y que ahora, simplemente, nos da algo de vergüenza.

Si uno tiene algo de curiosidad y rasca un poco en Internet podrá comprobar que el grupo estudiantil que realizó la acción de protesta contra estos dos señores nada tiene que ver, ni por asomo, con Podemos. Pero, ya se sabe, eso tampoco interesa contarlo.

Así que llega un nuevo domingo que podría ser como los anteriores pero no. Esta vez, y esperando que sea un buen precedente, nos quedamos con algo de esperanza. Gracias a los que pidieron dignidad desde un tejado de Aluche y a los que se levantaron frente a Felipe González para decir «ya basta». Ese quizás sea el camino para despertar del aletargamiento al que nos han acostumbrado en España.

bluebird Comunicación
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