Otra moda sería posible

Otra moda sería posible

«No tengo nada que ponerme» se escucha más de la cuenta en armarios masificados en los que se amontonan camisetas, jerséis, pantalones vaqueros… Cajones que nos cuesta cerrar, que nos hacen preguntarnos cuántos vestidos necesitamos, por qué acumulamos así, de dónde viene esta locura de ropa que inunda nuestras casas de desigualdad social.

Un atentado, también, contra el medio ambiente. Todos los años compramos 80.000 millones de prendas en el mundo. Según datos del Banco Mundial, la industria textil es culpable del 20 por ciento de los tóxicos que campan a sus anchas en el agua.

Ya casi nadie se acuerda de aquella magia que tenía estrenar una falda, porque se ha convertido en una rutina más. Y, como tal, ya no hay hechizo. Anualmente, tiramos alrededor de siete kilos de ropa. ¡Cada uno! Mucho donamos o reciclamos, pero eso no soluciona un problema que pone en riesgo la vida de muchas personas en “el otro lado” del mundo.

Cuando entramos en Zara o H&M pocos recordamos, o no queremos hacerlo, aquel terrible suceso que, durante unos días, parecía que iba a cambiarnos la mentalidad. El 24 de abril de 2013 se derrumbó el centro textil Rana Plaza en Bangladés. Al menos 1.127 personas murieron y otras 2.437 resultaron heridas. Nadie hizo caso de las grietas que habían aparecido en su estructura el día anterior.

Allí se fabricaban los productos que Primark, Mango o Benetton nos ofrecen a precios únicos, que nos invitan a acumular para luego tirar y jamás parar esa rueda tan bien engrasada que es el capitalismo. «Tenemos trabajos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos», decía un sabio llamado Tyler Durden.

Y, mientras tanto, en el “mejor” de los casos, miles de mujeres se dejan la salud, a veces la vida, cosiendo para empresas que les pagan 180 euros al mes por diez horas al día, seis días a la semana. Ni cotización ni sanidad, claro está.

Quizá haya llegado el momento de pararnos a respirar y ver de qué podemos prescindir (seguramente de casi todo), interesarnos por las empresas que, de verdad, ofrecen una moda sostenible y digna para todos. Aquí y allí.

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